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#LIBROSALDESNUDO: LECTORES MALVADOS (PRIMERA PARTE)

Por Jaime Garba @jaimegarba

La mayoría de las historias sobre lectura y lectores están cubiertas de adjetivos benévolos, haciéndonos creer que en la geografía literaria no existe el mal. Sin embargo, a través de los años, he escuchado historias, tanto de viva voz, como a través de la colectividad y el chismorreo, que me ha hecho armar la teoría de que no sólo no es garantía que la lectura te haga un ser celestial, sino que existen quienes son capaces de todo por poseer ese objeto, hasta grados patológicos. Usualmente se cuentan historias de famosos lectores malvados, desde Hitler y su afinidad por el arte y la literatura, ésta última en la paradoja odio-amor, pues es bien sabido que fue un maldito perseguidor de autores y obras a quienes no dudó en destruir, afortunadamente muchas(os) se salvaron; hasta Augusto Pinochet, dictador chileno famoso por poseer una de las bibliotecas más impresionantes de Latinoamérica, la cual constaba de más de 55 mil títulos, adquiridos usando fondos públicos y decomisando libros que prohibía. Pero maldad en algunos lectores hay mucha, a continuación comparto dos historias que entremezclo con ficción para conservar la clandestinidad de estos personajes pero manteniendo su esencia para que el morbo lector se sacuda un poco.

 

El novio manipulador

Gustavo dice que comenzó a leer de joven, cuándo su mamá se negaba a cambiarle al canal de televisión y en su lugar le lanzó una revista publicitaría de una tienda departamental. Tendría once años y anteriormente no recuerda siquiera haber tenido una concepción de lo que era un libro. Leyó aquellos descuentos y promociones jugando con su cabeza, armando historias y yendo más allá. Se contaba a sí mismo que aquel refrigerador a mitad de precio era comprado por una familia que lo depositaba en su camioneta, gastando los ahorros de toda una vida y que, extasiados por la compra anhelada, veían destruir su sueño cuando apenas arrancaba el vehículo, la puerta trasera se abría y el aparato caía siendo impactado por un camión. Gustavo dice que su madre lo veía como quien mira a un loco, él cree que allí descubrió la literatura. Posteriormente sus maestros le mostraron lo que era una biblioteca y lo que allí podría encontrar, se volvió un obsesivo de la lectura, pero sobre todo de los libros, pero odiaba no poder tener dinero para comprar y tener los propios, odiaba tener al final de la jornada, que devolverlos. Fue hasta que conoció una chica que con el tiempo se convirtió en su novia, que al primer mes le regaló un libro, uno que se convirtió en dos, tres, cinco, hasta que la chica se dio cuenta de que Gustavo encontraba la manera de persuadirla para que gastara considerables cantidades de dinero en su obsesión. No sabe si fue ese el motivo pero terminaron, lo curioso fue que a raíz de ese hecho que él tenía ya consciente: usar a su novia para que le regalara libros; buscó parejas con cierto perfil: solventes, intelectuales, proclives a dar…., y así fue que después de 20 novias en dos años, logró armar una biblioteca de más de ochocientos títulos. La historia podría tener otros lapsos, pero no se las haré más larga, en cierto momento conoció a la que sería su esposa, quien al descubrir, leyendo los diarios de Gustavo, que había sido la víctima cúspide de su malévolo plan, quemó todos sus libros en el patio, cuándo él se dio cuenta, su rabia era tal que la golpeó hasta casi matarla. Gustavo cumple una condena de cinco años por lesiones, nadie sabe si espera salir de la cárcel para iniciar de cero su colección o para buscar la completa venganza.

 

El cartel de los libros

Isaías había estudiado filología en la UNAM, nada amaba más que leer, no concebía su vida y sus días sin un buen cuento, una buena novela o poema. Su cotidianidad se reducía a charlar sobre literatura, leer en cafés, ir a charlas o presentaciones de libros y conocer a gente que compartiera como él su amor. A nadie le hacía mal, inclusive sus padres veían con buenos ojos que su hijo estuviera enclaustrado en aquellas historias que en “malos pasos”, pero no sospechaban que del bien lector al mal humano hay sólo un paso. Nadie sabe a ciencia cierta cómo ocurrió, algunos dicen que leyó a Rimbaud y supo de su oscuro pasado como traficante, la verdad es que sólo es una teoría, nadie vio venir la evolución de Isaías hasta que fue demasiado tarde, pero muchos la recrean de la siguiente manera: no es un secreto que en la universidad hay gente que consume y vende droga, a menor y mayor escala, dentro y a sus alrededores, alguna semilla de esa maldad tocó a Isaías, alguien le ofreció la información de cómo funcionaba aquel mundo o él había preguntado por curiosidad, el chiste es que supo que de eso podría hacerse de algo de dinero, imaginó cómo sería su vida si terminaba la carrera y tuviera que dedicarse a trabajos mediocres que apenas si le darían tiempo para leer y le obligarían a someter su tiempo a cosas que no disfrutaría. Así fue que comenzó primero vendiendo un poco de marihuana, después movía un kilo, dos, coordinaba sus traslados a otras universidades y colonias, a grupos de dealers que esperaban ansiosos tratar con un tipo listo y sin mayor ambición que ganar lo justo para vivir bien y poder hacerse de sus libros. El negocio creció y de pronto estaba convertido en uno de los mayores capos de la ciudad, sólo que en lugar de gastarse su fortuna en autos lujosos, animales exóticos y mujeres, Isaías compró una gran casa en Coyoacán, lugar donde vivieron algunos de sus héroes literarios, y se hizo de una majestuosa biblioteca. Con el poder adquisitivo que poseía, comenzó a comprar libros antiguos y primeras ediciones, dicen que invirtió millones, inclusive que compró una de las biblias de Gütenberg. Ascendió a segundo en el cartel, pero su jefe, el capo principal, se dio cuenta de que estaba descuidando el negocio por traficar con libros, además de que la mayoría de los que trabajaban con él preferían estar con Isaías pues decían se sentían más seguros, alejados de las peleas entre cárteles, asesinatos a la luz del día, y disfrutaban mucho de las tertulias que organizaba entre escritores e intelectuales, fue así que Isaías fue eliminado un domingo por la mañana mientras desayunaba con un connotado escritor a quien dicen le pagaría sus memorias. Después del suceso la Policía Federal entró a su casa en medio de un gran operativo pensando encontraría droga o armas, pero en su lugar encontraron una de las más grandes bibliotecas, con joyas literarias únicas. Algunos dicen que esos libros están en bibliotecas personales, otros que forman parte de alguna institución pública. También dicen que las autoridades culturales intelectuales trataron de borrar de la memoria a Isaías, puesto que cayeron en cuenta que su mecenazgo provenía de un lugar ilícito.

 

En la próxima columna compartiré otro par de historias donde el lector se aleja del concepto del bien, y antepone su necesidad de leer a cualquier otra cosa, sin importar qué tan bajo pueda llegar a caer o quién se interponga en su camino.