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Tips de viajero: Valle de Guadalupe, el Mediterráneo en México

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Buen clima y excelente vino fueron los motivos que lograron atraerme al Valle de Guadalupe, en Ensenada, Baja California, al norte de México.

Ensenada es el municipio más grande de México y en su territorio se encuentra la región vinícola más importante del país: el Valle de Guadalupe. Está a pocos kilómetros de distancia de la cabecera municipal y es una ruta obligada para los amantes del buen comer y beber.

Fotografías: Monte Xanic

El Valle de Guadalupe goza de un clima Mediterráneo que le aporta las  condiciones perfectas al cultivo de la uva y el olivo principalmente. Por ende, se produce vino y aceite de oliva de una gran calidad. Además, como destino turístico tiene un gran encanto: espectaculares paisajes, atardeceres de ensueño, excelente gastronomía, viñedos y casas con los mejores vinos, como en el mismísimo Mediterráneo.

Lo primero en este viaje fue llegar hasta Ensenada, que está a tan sólo 100 kilómetros de distancia de Tijuana. En la actualidad, hay frecuencias con prácticamente todas las aerolíneas mexicanas desde las principales ciudades del país al Aeropuerto Internacional de Tijuana.

Fotografías: Monte Xanic

Desde Aeropuerto de Tijuana se puede rentar auto o tomar autobús hasta Ensenada. En mi caso, fui en auto particular con una amiga que fue la guía perfecta para este recorrido.

Nos hospedamos en el Hotel Cortez, que está en el centro de Ensenada, a una distancia razonable del área más fiesterera de la ciudad, como para poder ir caminado hasta allá, pero lo suficientemente alejado para no escuchar el ruido.

En el hotel cuentan con toda la información para visitar la ciudad y el Valle de Guadalupe. Incluso ellos mismos ayudan al huésped en la contratación de servicios de traslado y recorridos. Puedes optar por tomar un recorrido organizado que contempla la visita a varias vinícolas o un tour personalizado con la experiencia de tu preferencia.

Imagen cortesía

Nosotras tomamos el auto e hicimos un paseo en el que incluimos la visita y cata en Monte Xanic, un breve paso por Encuentro Guadalupe, recorrido en el Museo del Vino, comida en Aximia  y visita de su bodega.

Monte Xanic es moderno y jovial. Pese a su corta edad (fundada en 1987), ya cuenta con varios reconocimientos internacionales. La visita inicia muy puntual y después de la bienvenida, con copa de vino blanco en mano comenzamos la caminata que nos llevó a conocer sus instalaciones, incluyendo la bodega y algunos de sus  salones. Luego, llegamos hasta una pequeña sala donde nos esperaba una tabla con ricos productos de la región y las copas dispuestas en cada lugar. Comenzamos con blancos, siguieron los tintos y concluimos con una impresionante vista de sus viñedos y una copa de Gran Ricardo, uno de sus mejores vinos.

La siguiente parada fue en el sitio, algo escondido, donde están las coloridas letras “Valle de Guadalupe”, nos tomamos la foto del recuerdo y seguimos el camino hasta Encuentro Guadalupe, que es un lugar impresionante y con vistas inigualables. Pero siendo sincera, sus vinos y servicio no me convencieron en absoluto. También visitamos el Museo del Vino, que es pequeño pero considero que es un buen aporte que enriquece bastante el paseo.

Por último, definitivamente hicimos la mejor elección para comer y concluir la jornada: Alximia. Platillos que guardan una deliciosa simpleza, sin complicaciones ni rebuscando combinaciones. Respetando cada ingrediente y dándole su lugar en el plato, para que luzca cada uno y logre ser el protagonista en su espacio. Vegetales, carnes, pescados… todo cocinado al momento para sorprender al comensal en cada bocado.

Antes que la noche llegara pudimos conocer algunos de los rincones del edificio de Alximia, que llama la atención por su diseño. Una vez conversando con los propietarios pude entender el porqué de cada detalle. El techo de la bodega se construyó de una forma ovalada para ser captador de agua de lluvia, que lógicamente se aprovecha en los procesos de vinificación y las ventanas están colocadas estratégicamente para captar mejor la luz natural. Además, en su tienda se pueden adquirir sus vinos y artículos novedosos elaborados con las barricas en desuso.

Así concluyó un gran día entre vinos, viñedos y clima mediterráneo. Ahora sé que el Valle de Guadalupe bien merece un viaje de varios días, pero en esta ocasión mi paso fue de sólo un día, así que tengo claro que debo regresar muy pronto.

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