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Sexo y Erotismo Historia del ojo, la novela prohibida que convierte el sexo en terror
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Sexo y Erotismo

Historia del ojo, la novela prohibida que convierte el sexo en terror

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El libro Historia del ojo fue prohibido antes de que saliera a la venta, un texto controversial que se adentró de una manera brutal al mundo del sexo
Historia del ojo, la novela prohibida que convierte el sexo en terror
Escrito por: Redacción Playboy

“Crecí muy solo y desde que tengo memoria sentí angustia frente a todo lo sexual”.

Estas son las primeras palabras de Historia del Ojo, un controversial texto publicado en 1928 por un tal Lord Auch, nombre que hacía referencia a la palabra francesa chiottes, o retretes. Por años se intentó que el público no lo pudiera leer: la primera edición fue incautada al poco tiempo de ser editada, mientras que en la segunda la mitad de los ejemplares fueron destruidos en la imprenta.

Claramente el nombre del autor era un pseudónimo y se mantuvo oculto hasta 1967, cinco años después de la muerte de su creador. Se reveló que el texto fue escrito por Georges Bataille, un escritor y antropólogo francés que utilizó la obra para liberarse de una presión mental. Dar rienda suelta a lo más oscuro de la sexualidad.

Sueños sexuales de terror

El narrador introduce al lector a Simone, una joven necesitada de conocer todo lo oscuro y que está ligado a la sexualidad, ya sea sangre, crimen o terror súbito. Su primer encuentro deja una marca permanente en el despistado protagonista: “Vestía un delantal negro con cuello blanco almidonado. Comencé a advertir que compartía conmigo la ansiedad que me producía verla, ansiedad mucho mayor ese día porque intuía que se encontraba completamente desnuda bajo su delantal”.

De inmediato el escritor nos demuestra que no se tratará de una historia erótica cualquiera:

“Recuerdo un día cuando viajábamos a toda velocidad en auto y atropellamos a una ciclista que debió haber sido muy joven y muy bella: su cuello había quedado casi decapitado entre las ruedas […] La impresión de horror y de desesperación que nos provocaba ese montón de carne ensangrentada, alternativamente bella o nauseabunda, equivale en parte a la impresión que resentíamos al mirarnos. […] en lo sexual se muestra tan bruscamente ávida de todo lo que violenta el orden que basta el más imperceptible llamado de los sentidos para que de un golpe su rostro adquiera un carácter que sugiere directamente todo aquello que está ligado a la sexualidad profunda, por ejemplo: la sangre, el terror súbito, el crimen, el ahogo, todo lo que destruye indefinidamente la beatitud y la honestidad humana”.

Se trata de un  “paseo a través de lo imposible”, camino en el que se encuentran con objetos sagrados profanados con orina y semen, testículos de toros en vaginas e incluso una escena de masturbación donde el objeto sexual es el ojo de un cura.

El ojo se encuentra en el centro de la historia y se convierte en un nuevo órgano sexual. No sólo se trata de la herramienta con la que los protagonistas (y el lector) consume los extraños y brutales actos sexuales, su forma y textura se convierte en una alegoría surrealista que juzga y al mismo tiempo es partícipe del intenso y repulsivo mundo sexual.

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