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Amo su inocencia… perversa

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Me encontraba en segundo año de preparatoria, cuando un día saliendo de la escuela vino a mi mente una fantasía para el futuro. Tenía 16 años y no me consideraba la más bonita ni atractiva, podría decir que mi personalidad era tímida, pero en mi intimidad extrovertida… Por ende los chicos de mi escuela no se fijaban en mí, yo no pertenecía a las populares ni a las “buenotas” de la generación.

De pronto un día escuché a uno de mis compañeros expresarse enamorado y atraído por una mujer que pasó a nuestro lado, diez años más grande que él. Era como si su edad le diera un poder de diosa con los adolescentes, era intimidar y no sentirse cohibida.

 

En ese momento llegó a mi mente la idea de andar o cogerme a un adolescente cuando estuviera en mis veintes. Me imaginé en mi coche manejando frente a su colegio para recibirlo con un beso y llevármelo a mí departamento a que me cogiera con su uniforme. Me imaginaba completamente deseada y confiada, dotando de experiencia a ese joven para sus relaciones futuras.

¿Bastante “enfermo”?

Por supuesto que no, muchos chicos a esa edad ya tienen relaciones sexuales, muchos andan buscando nuevas experiencias y aprendizajes.  No se asusten, me refiero a alguien cercano a los 18; no a un niño ni un puberto.

Obviamente esa idea sólo se quedó en mi cabeza, llegué a los veintes, pasé los veinticinco y no la había llevado a cabo, hasta qué… Un par de años después se dio la oportunidad… Y no sólo eso, sino que él cumplió mi más grande fantasía… Un “Gan Bang”. Pero comencemos desde el inicio.

PARTE I

-Hola, ¿Cómo estás?- apareció entre los miles de mensajes diarios de mi Instagram, pero esta vez a diferencia de otros, la fotografía de perfil atrajo mi atención inmediatamente. Predominaba el color azul en ella, tono que hacía resaltar el color de su piel y el cielo que tenía en sus ojos… Era como si su mirada fuera el reflejo de la ropa que llevaba puesta.

Me metí a “stalkear” y mi interés aumentó, no sólo eran sus ojos; era su sonrisa, su vibra, su talento, su cuerpo… Sin pensarlo dos veces acepté el mensaje y le respondí. Nos presentamos, intercambiamos números y me lancé directo como cazadora.

Apenas hablamos un par de días cuando ya habíamos acordado día, el plan era “ver Netlifx”, es decir; coger. Me preguntó mi edad, el me calculaba veinticuatro años, le dije que era más grande, veintisiete. Aparentemente él se veía de veintidós, me dijo que tenía diecinueve… Y terminé descubriendo que en realidad eran diecisiete… ¡Rayos! Era ilegal, olía a “MP” (Ministerio Público).

Mi corazón se aceleró, un escalofrío recorrió mi cuerpo y la adrenalina explotó por todo mi ser, llevaba tiempo sin coger, llevaba varias semanas en las que se me habían ido las ganas y viendo el sexo con flojera… Al descubrirlo a él, mis ojos brillaron y mi cuerpo se excitó de tan sólo pensarlo. Por fin algo diferente, fuera de la rutina y rompiendo reglas. Pasaban cientos de pensamientos en mi mente. Imaginaba distintos escenarios; acusación, demanda, placer, goce, rompimiento de la ley y la emoción en ello.

Así que sin darle más vueltas al asunto, pensé “Chingue su madre, la vida es un riesgo” y acepté vernos.

No podíamos ni queríamos hacerlo en nuestros departamentos, debido a mi “roomie” y a su hermana que vive con él, por el escándalo que sabíamos que haríamos. Así que, al dar las 10:00 pm, hora en la que quedamos, mandó por mí… Los nervios me invadían, no sabía a dónde iría, simplemente me dejé llevar, no sin antes enviarle a mis mejores amigas mi ubicación en tiempo real. Me tranquilizaba un poco que fuera un atleta conocido. Subimos al segundo piso y las luces nocturnas de la ciudad adornaron mi recorrido, bajé la ventanilla del carro para sentir el viento sobre mi rostro, mi cabello ondeándose y la brisa acariciando cada centímetro de mi piel y enchinándola… Pregunté si estaba permitido fumar, saqué un cigarrillo y llené de humo mis pulmones. El camino fue largo…

Finalmente el auto disminuyó su velocidad, llegué, me encontraba estacionada a un lado de Perisur, cuando recibí un mensaje de su parte “Estoy esperándote en una camioneta gris, a ver si me ves”. Lo vi del otro lado y le pedí al conductor que se diera la vuelta en “U”. Me bajé, me acerqué a la camioneta y ahí estaba… En pants, tenis y sudadera, tan casual… Tan natural detrás del volante. Me subí del lado del co-piloto, nos saludamos con un beso en la mejilla, arrancó la camioneta y tras varios minutos de recorrido mi instinto se despertó, estábamos tan cerca… Ansiaba sentirlo, saborearlo, excitarlo… Me dirigí entre sus piernas, le bajé el pants y saqué su miembro erecto, quedaban 2 minutos de camino en el “Waze”, dos minutos que me alcanzaban perfecto para lograr mi objetivo, introduje su pene en mi boca y comencé a succionarlo lentamente, percibía su textura, su temperatura y su palpitación… El placer le provocaba pisar el acelerador e ir más rápido, la adrenalina ahora no sólo era sexual, sino de velocidad… De pronto sentí que empezó a frenar, habíamos llegado. Acomodé todo como si no hubiera pasado nada.

Estábamos en un conocido Motel alto y luminoso. Entramos, se acercó un joven, pedimos la suite y nos dirigimos a nuestro garage. Finalmente bajamos del coche; la habitación era amplia, con un gran espejo frente a la cama, un jacuzzi, televisón y sillones del amor. Él encendió el televisor y puso “Netflix”, se acostó en la cama y con su mano me llamó.

-Ven, acuéstate. Vamos a ver Netflix-, dijo con una voz perversa.

 Me quité los zapatos, me acosté a su lado y la cercanía nos hizo explotar, se lanzó sobre mí y comenzó a besarme, besos salvajemente dados… Olía tan rico, se sentía tan bien, esa energía que sólo un adolescente tiene, esas ganas infinitas e incontrolables de coger.

Bajó su mano a mi entrepierna y la metió debajo de mi pantalón, me encontraba completamente empapada e hirviendo al mismo tiempo por dentro, mis pezones se endurecieron… Se colocó encima de mí y pegó su miembro completamente parado contra mí… Deseaba sentirlo dentro, mi vagina me pedía a gritos que entrara. Me despojó de todas mis prendas sin darse chance de apreciar la lencería que horas antes había elegido para él. Nuestras ganas eran tremendas.

Lo desvestí, se colocó el condón y sin esperar más me penetró… Centímetro a centímetro sentía cómo mis paredes vaginales lo tocaban, se contraían al sentirlo… Comenzó a moverse lentamente, entraba y salía de mí suavemente, la humedad de mi cavidad le ayudaba a deslizarse dentro deliciosamente. Aumentó la velocidad y de pronto ya estaba lanzándole mi “squirt” por todo el abdomen. Salpicó hasta su pecho, algunas gotas se deslizaron hacia abajo, para formar finalmente una laguna en su ombligo. Sentí un disparo tibio en mi interior, se vino sin control.

Me besó, posteriormente siguió por mi cuello, mis pechos, mi abdomen, mi monte de venus… deslizó su lengua alrededor de mis labios mayores, subió a mi clitorís y su lengua se convirtió en una mágica dadora de placer… Me daba pequeños golpes, círculos, arriba y abajo… Lado a lado, introdujo un dedo en mi vagina, luego otro… Los presionó hacia arriba y mi punto G comenzó a estallar… Con un orgasmo me desprendió el alma, convulsionó mi cuerpo y paralizó mis extremidades… “Le petit mort”. Alcancé el universo en un espasmo…

Por un minuto morí y cuando reviví, ya estaba cambiándose el condón para continuar… Lo aventé sobre la cama y me monté sobre él, mi clítoris extremadamente sensible sentía con cada movimiento orgasmo tras orgasmo… Me encontraba con las piernas temblando y mis uñas enterrándose en su pecho. Me dio una fuerte nalgada, estrujo mis nalgas, mis pechos, mi cara… Estábamos una vez más en nuestro máximo punto. Me quitó y me colocó en cuatro… Voltee a mi derecha y vi nuestro reflejo en el espejo que cubría toda la pared frente a la ventana. Podía verlo entrar y salir, se notaba la tensión de sus piernas de deportista con cada movimiento que hacía.

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Me tenía sujetada de la cintura, alejándome y acercándome a él… De repente me movía para que me diera más duro, me lo cogía de perrito y le exigía cada vez más…

-¿En dónde quieres que me venga- me susurró al oído.

-Donde quieras- dije apenas en un suspiro.

Se quitó el condón y me echó su semen desde mi columna hasta mis nalgas, el cálido líquido escurrió por toda mi espalda, mientras mi lluvia cristalina del placer mojaban completamente la cama… Ya no podía más, no parecía de diecisiete años…

Con el corazón palpitando velozmente nos acostamos, abrazados de frente nos besamos suavemente y nos miramos fijamente a los ojos. Había encontrado emoción nuevamente en el sexo. Este chico había roto por completo mis expectativas, una sonrisa se dibujó en mi rostro.

¿Y la culpa? No había culpa, finalmente la edad no importa.

Comenzamos a platicar de nuestras experiencias sexuales, ex’s, fetiches y fantasías no cumplidas.

-¿Cuál es tu fantasía no cumplida- preguntó con curiosidad.

-Un gang bang, o un trío con dos hombres, no he podido cumplirlos. Es complicado que alguien quiera- le dije abiertamente.

-Yo te la cumplo, te enseño a mis amigos- me contestó con picardía.

De pronto, sacó su celular y una amplia gama de hombres aparecieron frente a mí, comenzó a enseñarme fotos de más futbolistas.

Elegí a dos que inmediatamente hicieron volar mi imaginación junto a él.

Esta historia apenas comienza…

CONTINUARÁ…

Compra la revista Playboy de Abril y acompaña este texto con mis fotografías, imagíname.

Por Are Rojas @soyarerojas

 

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