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La intensa historia de la amante de Bolívar, Hidalgo e Iturbide

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Ella era más que una cabellera dorada… cantaba y bailaba con facilidad y destreza admirables; hacía milagros con su voz y con la guitarra; por si fuera poco, era ingeniosa y sutil de palabra. No es extraño que los más poderosos hombres se enamoraran de todas estas virtudes y ella jamás se negó ante una mente brillante.

Su nombre fue María Ignacia Rodríguez de Velasco, nació el 20 de noviembre de 1778, hija de padres de antiguas y nobles familias. Debido al color de sus cabellos fue apodada como “La Güera”, su belleza era incomparable, lo que la llevó a casarse a la temprana edad de 16 años con José Jerónimo López de Villar Villamil. La relación fue tormentosa, los celos de su esposo eran incontrolables y en una ocasión la golpeó e intentó matar. José Jerónimo la acusaba de tener varios amantes, pero murió en 1805, antes de poder anular el matrimonio.

 

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Su marido la acusó de tener una relación con don José Mariano Beristáin de Souza, canónigo de la Catedral de México, con quién siempre mantuvo activa la amistad, a pesar del escándalo. La acusación resultaba más escandalosa cuando se toma en cuenta que el supuesto amante era el compadre de José Jerónimo, ya que había bautizado a algunos de sus hijos.

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Una cultura liberal

Los tiempos eran diferentes, el cortejo era una práctica común entre las mujeres de clases altas, si bien era mal visto por los moralistas, para el resto de la sociedad era algo normal y, en ocasiones, digno de humor. Por esta razón, la denuncia del esposo de “La Güera” cayó en oídos sordos y fue tomada como una acusación ridícula.

La Nueva España pasaba por una etapa de fascinación por Europa, donde la moral se estaba relajando para mostrar las contradicciones cristianas. La infidelidad pasó a ser algo habitual, a eso se le sumó el estigma alrededor del cuerpo, razón por la cual se comenzaron a realizar retratos de mujeres desnudas.

“La Güera” Rodríguez siguió esta moda y se hizo retratar sin ropa, si bien la intensión era seguir a la cultura europea, todavía había algunos que se escandalizaban por este tipo de expresiones: la Inquisición recibió una denuncia de Santa María de Guadalupe del Peñasco, quien acusó a la dama de haberse hecho retratar con los pechos de fuera y añadió que no era la primera vez que el artista realizaba este tipo de obras. Eran tiempos de cambio, la institución religiosa recibía muchos casos similares, en ningún caso persiguió a los artistas y a lo más que llegó fue a la destrucción del cuadro, por lo que la acusación no tuvo consecuencias.

 

Un ejemplo de la época: La maja desnuda de Francisco de Goya

 

Los aires de cambio también llegaron a las relaciones amorosas, las mujeres se casaban nuevamente y la noble de la Ciudad de México no fue la excepción, contrajo matrimonio en dos ocasiones más, y gracias a la muerte de su segundo esposo logró obtener una fortuna, con la que establecería relaciones y apoyaría a los insurgentes que participarían en la Independencia.

 

Amor por la libertad

Su amor por los libertadores comenzó a temprana edad, cuando tenía 16 años conoció a Simón Bolívar, con quien se vinculó amorosamente. El originario de Caracas tenía la intención de viajar a España, su estancia se alargó gracias a su nueva amante, pero finalizó cuando fue expulsado del Virreinato por sus ideas independentistas.

Su relación con el movimiento armado de 1810 inició inmediatamente, el 22 de marzo de 1811 la Inquisición la acusó de apoyar a los rebeldes y de mantener una relación amorosa con el cura Hidalgo. Al poco tiempo fue absuelta por falta de pruebas, aunque fue exiliada en Querétaro.

La famosa dama se sentía atraída por los ilustrados de la época. Alexander von Humboldt llegó al Nuevo Mundo para estudiar la cultura y la geografía de América; según estudiosos modernos, lo más probable es que fuera homosexual, pero esto no fue impedimento para que se enamorara de la joven de 25 años. Ella y el geógrafo europeo se volvieron inseparables, una atraída por los conocimientos del erudito y el otro apasionado por la belleza y juventud de la dama.

 

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Sin duda, la relación que causó más impacto fue la que tuvo con Iturbide, el amor fue duradero y apasionado, el aprecio era tal que el caudillo en la Ciudad de México desvió el desfile del Ejército Trigarante para que pasara por el balcón de su amada y le pudiera entregar una pluma de su sombrero.

María Ignacia murió en 1850 a los 71 años, sus últimos días contrastan con el modo en que vivió su vida: los pasó recluida en el convento de Santa Teresa en la Ciudad de México junto a una de sus hijas.

La vida de “La Güera” Rodríguez es muestra del cambio de la época, en la que los ilustrados cuestionaron la moral cristiana y, por un momento, lograron que la pasión, los amoríos y la libertad reinaran en una sociedad que anteriormente era conservadora.

 

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Por Iván Montejo

 

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