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MEADE, LA HORA DE LAS LOCURAS

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AL ABANDERADO DEL PRI SE LE ACABA EL TIEMPO. UNA BUENA PARTE DE LA SOCIEDAD NO HA CONECTADO CON SU DISCURSO TAN MESURADO, QUIZÁ LE LLEGÓ EL MOMENTO DE LLAMAR LA ATENCIÓN.

Aunque las encuestas de preferencia electoral son tan sólo eso (y hasta hace un año nadie creía seriamente en ellas), intuitivamente el equipo de campaña de José Antonio Meade obtiene de esas encuestas una lectura clara del promedio de tales mediciones: el ahora candidato, al inicio formal de las campañas electorales, no figura a la cabeza y tampoco logró hacerlo en los dos meses previos de precampaña. Efectivamente, su nombre fue más reconocido ante la población (como secretario de estado sólo era conocido en los círculos profesionales y políticos en los que se desempeñó), como era uno de los objetivos que se trazó para ese periodo, pero no está claro si ello será suficiente para en los próximos meses cerrar la competencia a dos candidatos o incluso a tres… y ganar.

 

POR: Mauricio Flores @Mfloresarellano

 

En los meses de precampaña, Meade realizó un cambio de narrativa: buscó colocarse como el candidato de las propuestas, el conciliador, el que trae las mejores ideas y el que no quiere dividir al país. De esa manera, irremisiblemente, el candidato del PRI-Verde-Panal se consolidó como la figura de la estabilidad, de la continuidad, del movimiento progresivo y sin precipitaciones hacia la certidumbre: una figura con una narrativa ajustada que tiene sus seguidores firmes y convencidos (quizás entre 22 % y 24 % del electorado según Consulta Mitofsky), pero que no ha calado en un todavía amplio espectro de indecisos (28 % conforme a la medición de El Heraldo) y menos atraer la atención positiva de los seguidores del PAN o Morena.

En diversos corrillos políticos, en charlas de café o en debates públicos es común escuchar que “Meade no emociona”. De hecho, el también exsecretario de desarrollo social no es precisamente un orador de frases flamígeras ni tampoco es un “fajador” en la confrontación verbal —el servicio público lo ha hecho paciente—, aunque su sentido del humor y su esgrima verbal son tan elegantes que resulta atractivo para un público ilustrado, pero distante para sectores más amplios en los que impera el descontento, la ira y la aspiración mileniarista (de los que esperan el final de los tiempos para reiniciar el camino hacia “algo nuevo y mejor”) del común del electorado que se mantiene esperanzado a que con un nuevo gobierno se arreglen problemas como la insuficiencia de ingresos familiares, la inseguridad y la formación de un patrimonio.

Si nos atenemos a la media de las encuestas, se puede decir que el discurso de Meade no ha “prendido” en ese otro público y que salvo algunos ingeniosos ganchos que ha propinado en redes sociales como el #YoMero, la batalla no le ha sido propicia… y que es el momento de plantear “locuras”, de romper con la lectura estadística de que la economía de México y de los mexicanos marcha sobre ruedas y hacer planteamientos ácidos y directos sobre las deficiencias sociales que lastiman y preocupan, a pesar de las exitosas reformas estructurales.

Ciertamente que proponer “locuras” que rompan con sus convicciones y conocimientos serán vistas con desconfianza y recelo tanto de sus aliados como del público en general, pero puede partir desde su mismo discurso hacia planteamientos más directos y duros que muestren su capacidad de ejercer liderazgo para enfrentar los problemas. Vaya, existen muchos ejemplos para atraer la atención de millones de personas que se siente vulneradas y maltratadas: que si ante el necio muro de Donald Trump, que México establecerá sistema de visas a ciudadanos estadounidenses para evitar visitantes indeseables; que ante los altos niveles de inseguridad, los criminales peligrosos serán confinados a “aislamiento cero” para el resto de sus vidas; proponer elevar las penas a pederastia al nivel de las aplicadas por homicidio; duplicar y sin derecho a libertad bajo fianza la violación; que la extinción de dominio para las propiedades de criminales también será extensivo para funcionarios corruptos. Abordar sin tapujos los asuntos relacionados con el consumo de drogas como problemas de salud en el lado de la demanda y en el lado de la oferta como uno financiero y de economía subterránea.

¿Mas “locuras”? En materia económica, tomar la bandera del Ingreso Básico Universal e Incondicional (que por ahora sólo maneja la izquierda moderada) puede convertirse tan importante como la bandera de la universalidad de los sistemas de salud y aumentar la calidad de la educación técnica y superior aparejada con mejores ingresos.

¿Se atreverá? Las “locuras” que Meade decida hacer serían sobre la base misma de su discurso (no rompiendo con su narrativa), pero radicalizando sus ofertas para alcanzar niveles superiores su competitividad electoral. Llegó el momento de dejar de ser políticamente correcto… o perder.

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