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viernes, 28 de julio de 2017

EL HIJO DEL SANTO: “LOS HOMBRES SÍ LLORAMOS”

El heredero de una de las leyendas de la lucha libre mexicana se quita la máscara para Playboy, cuando menos la emocional.

Mientras habla, llaman la atención sus manos. Son enormes. Podría quitarle la vida a un hombre con ellas, si se lo propusiera. Pero en cambio, el Hijo del Santo utiliza esas manos para ganar máscaras, para realizar ademanes mientras platica y para luchar por causas humanitarias. Sin embargo, es un héroe de carne y hueso. Le tiene miedo a la soledad y no le da pena reconocer que a menudo llora. Una vez se defendió en la calle, sin tapa, y en otra ocasión lo asaltaron. Idolatraba al Hombre Araña cuando era niño y piensa que a Místico se le subieron los humos a la cabeza.

Por Arturo J. Flores | Fotografías Miguel Ángel Manrique

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PLAYBOY: Hace bastante calor hoy, ¿cuántas horas pasas detrás de esa máscara?

EL HIJO DEL SANTO: Depende de la actividad, a veces hay luchas y entrevistas, en esos casos puedo estar hasta 20 horas enmascarado y otras veces el Santo está descansando mientras el ser humano realiza sus actividades.

PLAYBOY: ¿Algunas vez te has mirado al espejo y te sorprende lo que ves?

SANTO: Todos los días me miro para comprobar que me agrado y me caigo bien. Cuando no me reconozco es cuando la ira me invade. Por fortuna son días muy raros, no suelo ser gruñón.

PLAYBOY: ¿El Santo le tiene miedo a algo?

SANTO: A la soledad. A la muerte no, porque sé que tiene que llegar algún día. Le tengo miedo a la soledad, a pesar de que viajo mucho no podría no tener una pareja ni una familia. También le temo a lesionarme de gravedad.

PLABOY: Dices que temes a lesionarte de gravedad, ¿cuándo has estado cerca de que eso sucediera?

SANTO: Todos los días que lucho; siempre que hago un lance peligroso por encima de las cuerdas, estoy en el punto medio entre lesionarme o que me salga bien. Una vez en Filipinas disputé un campeonato del Consejo Mundial de Box. Lo disputé con un japonés al que ni conocía, pero nunca me imaginé que me salieran mal las cosas. Me aventé una plancha hacia afuera del ring, adonde estaba el público. Cuando iba a caer sobre el japonés, él se vio más hábil y se quitó. Me di un golpazo en la cara contra el piso, hasta me saqué sangre. Metí las manos pero no me sirvió de nada. Pero me levanté, por eso comparo al luchador con el torero. Después de que el toro lo sacude, el torero se levanta. Yo también y le puse una paliza al japonés. Después de que le gané, me desvanecí. Me llevaron a la enfermería y me cosieron, porque me había abierto la nariz. Yo me había llevado a mi doctor personal desde México, que me dijo: “señor, no sé de qué está hecho usted o si su papá lo cuida desde el cielo, pero esto era para que se rompiera las muñecas y la cara”.

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PLAYBOY: ¿Y cuándo te has sentido más solo?

SANTO: La soledad es mi herida primaria, eso lo descubrí a través de la terapia. Cuando era niño, tuve una familia muy bella, éramos diez hermanos. Yo vivía en una calle normal donde tenía amiguitos, ya sabes, el niño de enfrente y de al lado. Sin embargo, mi papá optó porque nos fuéramos a vivir un lugar en donde no había más que una casa, rodeada de milpas. No había vecinitos. Yo veía a mis amigos en la escuela, pero nada más. Esa soledad me marcó. Mi papá viajaba, mis hermanos no estaban y mi mamá se ocupaba en sus quehaceres. Yo tenía que inventar mis propios juegos. Teníamos una granja y mi distracción era alimentar a las gallinas o montar, pero siempre lo hacía solo. Cuando yo tenía 20 años, murió mi mamá y tres años después, mi papá. A los 23 años, estaba por completo solo. Después me casé. Yo quería formar una familia, pero no elegí a la persona adecuada. Me divorcié a los 7 años de matrimonio. Por eso me angustia estar solo.

PLAYBOY: Y después de tantas máscaras y cabelleras ganadas, ¿le has ganado la batalla a la soledad?

SANTO: Creo que sí, desde que entendí que nunca se está solo cuando tú mismo te amas.

PLAYBOY: ¿Has llorado?

SANTO: Soy muy chillón, pero me cuesta un poco llorar. Mi papá tenía una mala costumbre. Fue excelente papá, pero me inculcó que los hombres no lloran. Eso es una gran mentira, los hombres sí lloramos. Yo lo vi llorar, hincado en la cama, cuando murió mi mamá. Yo lloré por mis hijos, porque cuando me divorcié no me dejaban verlos. He llorado cuando he ganado una máscara. También lloré en mi reaparición en la Arena México. Me hinqué y besé el piso de la emoción. A veces en la terapia, lloro.

PLAYBOY: Cuando eras niño, ¿adorabas a algún súper héroe?

SANTO: A muchos. Uno de ellos fue el Hombre Araña. Yo llegaba del colegio a las dos de la tarde, comía y me subía corriendo a ver sus caricaturas. Después fue Batman, la serie de Adam West, que me divertía mucho. Ahora me da risa porque era muy mala. El tercero fue El Santo, pero era distinto porque era un súper héroe de carne y hueso, que además era de papá. Cualquier niño hubiera querido tener al Santo en su casa, como yo.

PLAYBOY: En YouTube circulan fragmentos de una película turca bizarra (3 Dev Adam) en la que un Santo y un Capitán América raros pelean contra el Hombre Araña.¿La has visto?

SANTO. Sí, ojalá lo hicieran, pero bien. Para mí sería grandioso luchar al lado del Hombre Araña.

PLAYBOY: De verdad te veo y me da calor la máscara. ¿Es complicado mantener una identidad secreta, como los súper héroes?

SANTO: Es un gran sacrificio, porque primero que nada tienes que vencer el ego. Cuando no tengo la máscara, debo ser consciente de que nadie me va a saludar. Seré uno más entre tanta gente. Si el ego me ganara, traería la máscara en el auto para ponérmela si me parara un patrullero. Eso sucede con la mayoría de los luchadores, siempre quieren que todo mundo sepa quiénes son. Pero yo vi el ejemplo de mi papá, que sí venció al ego. Si lo paraba un motociclista en la calle, jamás le dijo: “Soy el Santo”, para que le pidiera un autógrafo y lo dejara ir. Tampoco se valía de la máscara para no formarse cuando tenía que hacer un trámite. Y al revés, cuando traía máscara yo no podía hablarle por su nombre de pila, porque era muy celoso de su identidad. Por eso soy así y es divertido. Cuando me subo como fulanito de tal a un avión, a veces me pongo a platicar con periodistas que ya me han entrevistado y ellos ni sospechan que soy yo. Otras veces le pido autógrafos a los artistas y cuando los vuelvo a ver ya con máscara, en algún evento, les digo: “yo te pedí un autógrafo”. A veces es padre, porque yo puedo ir a comer con mi familia sin que nadie me moleste. Una vez estaba en al Aeropuerto con el Perro Aguayo y al pobre no lo dejaban en paz, de tanta fila de gente que tenía, pidiéndole autógrafos. Yo pensaba: “si supieran quién soy, le quito la fila”. Y me daba risa. Soy como el Hombre Araña, porque mi identidad es secreta. Con las mujeres hay algo de magia: el Hijo del Santo atrae la mirada de mujeres al que no mirarían si no trajera máscara, porque soy muy tímido en la vida real.

PLAYBOY: Siendo el hijo del Santo, dime, ¿en la escuela hubo alguien que te trajera de bajada?

SANTO: Sí, muchas veces. Se burlaban porque no creían que mi padre fuera el Santo. Ahí sí me ganaba el ego, porque les decía: “mi papá es el Santo”. También me causaba pleitos porque decían: “¿eres el hijo del Santo? Entonces te vas a echar un tiro con fulano”. Había un tal Barajas que me traía asoleado.

PLAYBOY: ¿Te gustaría volver a ver Barajas para ponerlo en su lugar?

SANTO: (Risas.) Más bien Barajas no ha de querer encontrarme ni de broma hoy en día.

PLAYBOY: ¿Te has peleado sin traer la máscara?

SANTO: Trato de no pelear en la calle. Ignoro las provocaciones de los neuróticos que hay en la ciudad, pero un día sí me venció. Iba manejando y por distraído, le pegué al carro de adelante. Le di un golpecito, pero el tipo se bajó y pateó mi carro. Me prendí, me bajé y le di dos cachetadas. Estaba altísimo y como me vio chiquito, seguro pensó que no me defendería. Pero con dos cachetadas tuvo, ni siquiera cerré el puño. Se hizo para atrás muy asustado.

PLAYBOY: Tengo entendido que las manos de los luchadores y los boxeadores son consideradas armas blancas por la ley.

SANTO: Sí, pero tengo la ventaja de la máscara. Si me hubieran llevado a la delegación, nadie sabe que soy el Santo. Aparte no soy bravucón, cuando quieren que pelee me tienen que pagar. Ese día me dio coraje porque mi carro, un Mustang, lo compré con mi dinero, con mucho esfuerzo. Todavía estaba en la Universidad. En ese tiempo eran 800 mil pesos y era muy buena lana. ¿Por qué lo patea?

SANTO: ¿Crees que ese hombre se sentiría honrado de que el Santo le dio dos cachetadas? No cualquiera.

PLAYBOY: Y muy bien plantadas.

PLAYBOY: La mayoría de los hijos de alguien famoso pelean por diferenciarse de su padre, pero no es tu caso, ¿por qué?

SANTO: Porque fue algo que él deseaba: no quería que su personaje muriera. Yo pensé que era un gran paquete que él dejara su máscara en mis manos. Al principio la gente no me aceptaba y la prensa me criticaba, pero mi padre me aconsejó: no les hagas caso. Si los pelas, te van a acabar. Si te dicen que eres bueno, vas a perder el piso; si te dicen que eres malo, te vas a desmoralizar. Una vez alguien me dijo que yo no era el Santo, que era el hijo del Santo, pero de una manera despectiva. Entonces yo le respondí: a mucha honra, porque el Hijo del Santo ya pesa por sí solo.

PLAYBOY: Si el Santo y el Hijo del Santo pudieran enfrentarse, ¿quién ganaría?

SANTO: ¡No me atrevería a luchar contra él, obviamente me ganaría! Sólo de verlo me sentiría derrotado, aunque hubiera sido padre luchar a su lado.

PLAYBOY: Dicen que santo que no es visto, no es adorado. El mantenerte al margen de la AAA y el Consejo Mundial de Lucha Libre, ¿no te resta oportunidades para luchar?

SANTO: Siendo sinceros, sí. Cuando la Arena México me cerró sus puertas, moralmente me vine para abajo. Hoy, en cambio, hasta se los podría agradecer porque descubrí la capacidad que tengo para abrir otras puertas. Creo mucho en Dios y cuando aquí te cierran una puerta, Él te abre unas ventanotas. Así logré hacer camino en Europa. Voy a Bélgica el año que entra, a París y a muchos países a luchar. Le agradezco a la Arena México que me obligaran a moverme, porque cuando tú estás cómodo, tiendes a volverte mediocre. Mucha gente cree que el Hijo del Santo se retiró porque no me ven en la tele. Eso es triste, porque es público que se crió con la televisión y la televisión ha matado a muchas arenas. No hay donde luchar. Ahora, gran parte de mi éxito se lo debo a mi manager, que es una mujer audaz y visionaria.

PLAYBOY: ¿A tu manager y a la Virgen de Guadalupe, como decía el Ratón Macías?

SANTO: Hay gente que no te abandona ni te deja solo, pero también se lo debo a mi esfuerzo.

PLAYBOY: ¿El Santo es guadalapano?

SANTO: Sí, pero también le tengo fe a otros santos como San Judas o San Martín de Porres. Sobre todo creo en Dios. Soy guadalupano, pero no al grado de ir a la Villa de rodillas, sinceramente. Mi padre, en todas sus casas, siempre tuvo una capilla y eso se hereda. En mi casa tengo una capilla y todos los días hay una veladora prendida para la Virgen de Guadalupe.

 

PLAYBOY: ¿Te da coraje que cada día más niños prefieran a los gladiadores de la WWE?

SANTO: Al contrario, me da gusto. La Arena México y AAA han tenido la oportunidad de dignificar a la Lucha Libre y convertirlo en un deporte importante, pero al contrario, lo han denigrado. Hacer relevos de luchadores convencionales y enanos es un circo barato. En el Consejo, resulta denigrante ver al Negro Casas con el rostro pintado y los pelos parados. ¿Dónde están los auténticos luchadores? Por eso llega la WWE con su show muy bien armado y les come el mandado. Yo no vivo de la televisión, la verdad.

PLAYBOY: ¿Cómo te cae el Místico?

SANTO: Me caía bien, por eso lo apadriné. Era un muchacho sumamente sencillo. Ahora ya no, ese cuate perdió la cabeza. Es un tipo malagradecido. Si la Arena México me utilizó para hacer a Místico y cuando ya pegó, me desechó, lo menos que él tenía que hacer era no perder contacto conmigo. Por eso no soporto a la gente ingrata. Al contrario de Místico, el Perrito Aguayo siempre me hablaba para saber cómo estaba, desde que me salí del Consejo. Una vez Místico me pidió permiso para utilizar el color plateado, porque sus colores originales eran el verde obispo y el dorado, pero después se subió al barquito y ya era El Príncipe de Plata y Oro. Pero ya, ¿para qué pelear?

PLAYBOY: Con Blue Demon Jr. sí que te llevas bien.

SANTO: Nunca me lo imaginé y hoy llevamos una gran amistad. Dicen que te das cuenta quiénes son tus amigos en la cárcel y en el hospital. Nunca he estado en ninguna de los dos, pero sí me pasó que la Arena México me cerró las puertas y les dijo a los demás: si luchan con el Santo, no vuelven a entrar aquí. Los amenazaron a todos, al Solitario, a Demon, incluso a La Parca, que tuvo miedito y me dejó tirado una función. Con esa gente no cuentas. Sin embargo, otros, como Mil Máscaras, Tinieblas, el Súper Muñeco, Máscara Sagrada… todos, a pesar de recibir amenazas, dijeron: “estamos con el Santo”. Al Rey Misterio lo respeto. Ése sí es famoso y en todo el mundo, no como el Místico. En Filipinas los niños me veían con máscara y sinceramente no sabían ni quién era, me confundían con él. “¿Rey Misterio?”, me decían. Y yo: “No, pero es mi amigo”. Por eso lo respeto, siempre ha sido un buen muchacho. Es un fenómeno de la lucha mundial, porque vence a esos mastodontes de la WWE.

PLAYBOY: Si tu papá nos defendía de hombres lobo y mujeres vampiros, ¿nos podrías defender tú de la corrupción y los malos gobernantes?

SANTO: Lo puedo hacer en el cine, pero tengo mucho tiempo de no hacer cine. A veces quisiera ser el Santo que puede acabar con los narcotraficantes y los secuestradores. Un día me encontré con el señor Alejandro Martí, lo saludé y le di un abrazo. Le dije al oído: “Señor, no sabe la impotencia que me da no ser el Santo de las películas para haberlo apoyado”. Él me dijo: “Sí puedes, utiliza tu imagen para hacer cosas positivas por la juventud”. Por eso reafirmé que mi imagen servía para algo y por eso apoyo a los mares, las ballenas, a la UNICEF, las campañas contra el cáncer de mama. Todas esas causas son una manera de que el Santo sea un héroe.

PLAYBOY: ¿También al Santo lo han asaltado?

SANTO: Una vez. Con mucho trabajo me compré un reloj Santos de Cartier que me gustaba muchísimo, pero casi no lo utilizaba, por la inseguridad. Un día tuve una cita en la delegación Cuauhtémoc y venía manejando por División del Norte. Venía hablando por teléfono, mal hecho, por lo que se me bajó la manga y me vieron el reloj. En un semáforo, llegaron dos tipos con pistola, uno de cada lado. No traía máscara, a lo mejor si la hubiera traído me piden un autógrafo, pero me pidieron el reloj. Me dio coraje, pero se lo entregué. Pero bueno, no me hicieron nada y por eso fue una bendición. No me he vuelto a comprar otro reloj así.

PLAYBOY: ¿Santo para presidente?

SANTO: Si Juanito anda de argüendero, ¿por qué no el Santo?