2018: LA VELADORA ESTÁ ENCENDIDA

Toc Toc, se abre la puerta del apartamento 2018. Entro y me encuentro con un sitio vacío que mes a mes se empezará a llenar de triques, trastos o trebejos (hermosas palabras que decía mi padre), objetos y sinsabores que iremos acumulando en los 365 amaneceres del año; pero como la vida reparte también de las bolsas de la fortuna, de seguro obtendremos trofeos, preseas o reconocimientos individuales y grupales, porque no olvidemos que somos un equipo, un colectivo al que llamamos familia, empresa o país.

 

POR: Sergio Sepúlveda @sergesepulveda

 

Camino por el interior del apartamento 2018, su piso luce limpio y cada rincón huele a nuevo, no como los autos que cuando salen de una agencia, en realidad su aroma es la mezcla de todos lo solventes que integran las uniones de la carrocería, no, el apartamento 2018 huele a esperanza. Esperanza de que este año suceda el milagro mexicano, o al menos se empiece a construir.

 

¿Y cuál sería ese milagro? Cada quien reza por el suyo, pero a nivel nacional, un auténtico milagro, digno de fe en todos los santos y de todas las doctrinas, es “que México sea una potencia”, como dijo el candidato José Antonio Meade Kuribreña.

 

¿Y qué representaría ser una potencia? Según Meade, “un país en donde las familias tengan siempre comida en la mesa, seguridad en las calles, techo, salud y educación de calidad”. Suena bien, pero incompleto. Una potencia, desde la óptica miope de un servidor, actualmente con tres dioptrías en cada ojo, es una nación donde todo funciona; desde la luz de la calle que permite caminar sin peligro hasta los principios éticos de sus gobernantes para no gastarse el dinero que no les pertenece. Si dimensionamos lo que es ser una potencia, la esperanza que Meade nos ha puesto enfrente es tan atractiva como el anzuelo brillante que se luce entre las corrientes de agua. Ojalá y el candidato no sea sólo un pescador de ilusiones.

 

Aclaro que no soy ingenuo, con 45 años y algunas decepciones institucionales imposible serlo, pero debo decir que el curriculum de Meade es notable e ilustra una gran preparación para tener el primer puesto del país; además, las buenas cosas sobre su persona que comentan de él aquellos que lo llaman Pepe, me anima a escuchar las propuestas que tenga, aunque la promesa de ser una potencia suena más a milagro, y nuestros políticos están lejos de ser dioses.

 

Sigo caminando en el apartamento 2018, me adentro en la cocina, donde todo se prepara; en la alacena hay muchos frascos, unos medio llenos, otros medio vacíos y dos de ellos hasta el tope, sus etiquetas dicen INSEGURIDAD y CORRUPCIÓN. Pienso que el aspirante a ganarse un lugar honorable en la historia de México debe deshacerse de esos frascos, debe limpiar la casa empezando por ahí. Si lo hiciera, automáticamente sería el mejor presidente de México.

 

Sigo caminando. A la mitad de un pasillo observo una veladora prendida, me acerco y noto que a un lado está la foto del director técnico de la selección nacional: Juan Carlos Osorío, El Predicador. Nadie como él, desde LaVolpe, en cuanto a los resultados para calificar a un mundial. Al igual que Meade, Osorio tiene marcado el calendario con tinta tricolor en los meses de junio y julio, igual que Meade intentará conseguir ganar la aprobación de los mexicanos que no creen en ninguno de los dos.

 

La diferencia es que los aficionados mexicanos tiramos mejores vibras y estamos más pendientes de nuestro país cuando se trata de futbol que cuando nos jugamos el destino de generaciones. Somos más analíticos a la hora de plantear un partido desde el sillón de la sala que a la hora de salir a votar, si es que lo hacemos.

 

Los expertos en política, sociología, psicología y periodismo han planteado el escenario de la coincidencia. ¿Cómo van a votar los mexicanos si la selección nacional supera la fase de grupos? ¿Cómo le irá al PRI si el TRI decepciona? Por lo pronto, Meade y su equipo están seguros que jugarán el 1 de julio, mientras que los de Osorio aspiran, como si fueran partido político chico que suspira por mantener su registro, a superar la fase de grupos y jugar el 2 de julio, un día después de la elección del sustituto de Enrique Peña Nieto, contra Brasil.

 

Mi deseo es que le vaya bien a México, pero necesitamos que todos los jugadores hagamos bien lo que nos corresponde, ser responsables ante cada cita que la historia nos agenda. Debemos apoyar a nuestro equipo con el corazón y debemos salir a votar con la cabeza. Debemos olvidar que el trabajo lo hará solo Osorio o Meade o López Obrador o el que sea, la talacha es de todos.

 

Si brillar en un mundial y ser potencia en el mundo requiere que seamos un milagro, la veladora está encendida. Difícil de Creer.