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viernes, 22 de septiembre de 2017

CHICAGO: WALK THIS WAY

LA CIUDAD MÁS REPRESENTATIVA DE ILLINOIS SE TIENE QUE DISFRUTAR PASO A PASO POR SU ASOMBROSA ARQUITECTURA, PERO TAMBIÉN PORQUE LA VARIEDAD GASTRONÓMICA QUE OFRECE EXIGE HACER EJERCICIO PARA PODER PELEAR UN SEGUNDO ROUND.

POR ARTURO J. FLORES @ARTUROELEDITOR

EL TIP DEFINITIVAMENTE ES UNA BUENA IDEA ADQUIRIR EL CITYPASS (WWW.CITYPASS. COM), QUE POR 98 DÓLARES INCLUYE LAS PRINCIPALES ATRACCIONES DE LA CIUDAD. DIGAMOS QUE TE AHORRAS UN 50% DEL PRECIO SI LAS COMPRARAS INDIVIDUALMENTE.

Delante de mí está la Torre Trump. No puedo contener los deseos de hacer una travesura. Así que garabateo apresuradamente en mi libreta y me pongo delante de la imponente construcción cristalina de casi 500 metros de altura, para que mi acompañante mi tome una fotografía. En la imagen sostengo una página en la que escribí la única rima yucateca que conozco: “Antenoche fui a tu casa/ y me ladraron los perros/quise agarrar una piedra/pero me embarré los dedos/¡bomba!”.

Porque no me iba a quedar con las ganas de colocar una “bomba” muy mexicana en la casa del hombre que dijo que levantaría un muro entre él y mis compatriotas.

Han sido días de mucha acción. Después de una semana me siento molido. He caminado tanto que siento que hubiera corrido la gran Maratón de Chicago, una de las competiciones en su tipo más reconocidas en el mundo. Porque si algo tiene la ciudad más representativa del estado de Illinois es que, a diferencia de otros destinos, se deja recorrer a pie. De hecho, la majestuosidad de su arquitectura representa un atractivo que debe disfrutarse -literalmente– paso a paso.

Cerca del cielo

Así nos quedó claro cuando hicimos el recorrido en barco por el Río Chicago, que finalmente desembocó en el Lago Michigan. Aquel primer día de viaje el clima fue un poco caprichoso, debido a que amaneció nublado y se rehusó a abrir. Sin embargo, pudimos apreciar en todo su esplendor ese ejército congelado en el tiempo que representan los rascacielos de la ciudad. El John Hankock Center, su característico par de antenas y sus 344 metros de altura. Aloja una piscina en su piso 44 y el único skywalk al aire libre en la ciudad. Igualmente está la Torre del Chicago Tribune, algo así como una catedral para quienes ejercemos el periodismo; El Aqua, una construcción autoría de la arquitecta Jeanne Gang que por medio de su fachada ondulada, se asemeja a una caída de agua. Y definitivamente el más popular de todos, la Torre Willis. Cuando se inauguró se trataba del edificio más alto del mundo. Continúa siendo uno de los check in points más socorridos por los visitantes a la ciudad, debido a que en su mirador, el Skydeck, puede uno hacerse la selfie en una de sus terrazas de plástico transparente. Recostarse en el piso representa un auténtico adrenalinazo para un acrofóbico como yo, pero en mi Instagram habita el testimonio de que vencí a mis demonios.

Finalmente el recorrido por agua concluye con la llegada al Lago Michigan. Hay que decir que el guía que nos tocó resultó ser un apasionado habitante de Chicago, por mucho que no hubiera nacido en la ciudad. La última parte del viaje comenzó a bombardearnos con datos históricos y curiosidades acerca de la llamada “Ciudad de los vientos”; por ejemplo, por qué se le conoce así. Existen muchas versiones. Una de ellas, que nuestro guía considera la correcta, se debe a que los políticos calentaban el ambiente, desde épocas muy remotas, con sus campañas. Otra, la más difundida, tiene que ver con la brisa fresca que el lago hace soplar sobre la ciudad. Porque realmente no es ésta la ciudad con más viento en Estados Unidos, sino a Dodge City, Kansas. Eso también nos lo contaron antes de desembarcar.

Aunque lo realmente curioso sucedió mientras bordeábamos la costa y pasamos por enfrente del 680 de North Lake Shore Drive, donde se ubicaron hasta 2012 las oficinas de Playboy Enterprises, antes de mudarse a Los Ángeles.

–¿Ustedes saben quién fue la primera modelo en la portada de una Playboy? –preguntó el guía a una tripulación compuesta por estadounidenses de otras ciudades y a una pareja de ingleses en bermudas a quienes la lluvia no les hacía ni cosquillas.

Más tarde, cuando descendimos del barco, le sorprendió aún más que le contara que soy Editor de Playboy México y por eso supe que Marilyn Monroe es la chica a la que él se refería.

La ciudad de la gula

Caminamos sin parar durante una semana. Por los puentes, como en el que se colocó un busto del haitiano Jean Baptiste Du Sable, fundador de Chicago, cuya biografía bien podría dar para rodar una película de aventuras. Caminamos para conocer restaurantes. Por ejemplo, para explorar el barrio de Avondale donde se ubica la hamburguesería Kuma’s Corner. Ahí te atienden unas soberbias meseras como salidas del portal soft porn Suicide Girls. Todas rigurosamente tatuadas, con el cabello pintado de colores psicodélicos y uno que otro piercing brillando en la nariz, en la ceja o en la orilla de los labios. Son ellas quienes te ponen sobre la mesa alguna variedad de las cervezas y sidras artesanales que sirven, como hombre salidos de un volumen de El Señor de los Anillos, como la Pale Ale Hammerheart o la IPA Green Bush Anger. Igualmente, es inevitable morder con la rudeza de un vikingo una especialidad suculenta de carne, servida por bellísimas modelos salidas de un video de MTV en los 90, que además lleva por nombre “Leviathan” (Hamburguesa con camarones), “Alice Cooper” (una exquisita grosería que además de 300 gramos de res, incluye una flauta de puerco como guarnición) o la “Churchburn”, alusiva a la quema de iglesias que la Black Metal Mafia realizó en Noruega, que el chef tiene el detalle coqueto de adornar con un pentagrama de cátsup en el pan.

Caminamos también para conocer una de las dos sucursales de Gino’s East de Chicago. La original está ubicada en una de las calles que salen a la legendaria Magnificient Mile, la avenida atestada de lujosas boutique, además de la Old Water Tower, uno de los pocos edificios que sobrevivió al incendio que por tres días consumió la ciudad en 1871.

Gino’s East es por lo mismo una experiencia. No sólo por sus muros graffiteados o la historia que pesa sobre la pizzería de River North respecto a que fue fundada por unos falsos taxistas que en realidad eran mafiosos, tampoco porque en la locación de North LaSalle existe un club de comedia al que suelen subir jóvenes promesas del stand up, sino porque en cualquiera de sus matrices se puede probar la pizza original estilo Chicago, son su orilla gorda como deben ser los pecados.

Spots

Caminamos también al final de la semana para tener una última cena en territorio estadounidense. Nada menos que en Leña Brava, propiedad del chef star Rick Bayless, ganador de Top Chef Masters 2009, que interpreta lo más destacado de la cocina de Baja California. En el restaurante los protagonistas son el fuego y el hielo. El primero en su gran variedad de platillos calientes, tan originales como las albóndigas de camarón o las carnitas de pulpo (con tortillas hechas a mano con maíz traído de Oaxaca) y el segundo en especialidades tan representativas como la charola de ostras. Por si fuera a poco, el amor a México se demuestra con una extensa carta de mezcales y vinos. Estos provenientes del Valle de Guadalupe. Toma esto, Donald Trump.

Y caminamos también para recorrer aquello que se tiene que ver. Vimos pingüinos en el Shedd Aquarium. Nos hicimos otra selfie en el llamado “Frijolito”, la escultura Cloud Gate, de Anish Kapoor. Conocimos a Sue, el esqueleto de tiranosaurio rex que resguarda el lobby del Field Museum. También via- jamos –a pie– al espacio sideral en el Adler Planetarium y contemplamos pinturas de Picasso, Goya, Andy War- hol y el celebérrimo American Gothic (que fue parte de una muestra) de Grant Wood en el Art Institute.

Al final de la semana apenas podíamos ponernos en pie, ¡pero qué rayos! No viaja uno para quedarse sentado. Ya lo dijo Antonio Machado: “se hace camino al andar”. A pie llegué para colocar mi bomba en la Trump Tower.