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Relatos sexuales de las protagonistas de la Era Dorada del Porno

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Hubo un tiempo en que el porno llegó a las salas de cine convencionales, las películas tenían una trama establecida y cientos de personas estaban abiertas a consumir sin prejuicios el erotismo. La Era Dorada del Porno fue parte de la revolución sexual de los setenta y continuó por varios años hasta que diversas leyes hicieron que la industria regresara a la clandestinidad.

El sitio The Rialto Report se ha encargado de compilar artículos, revistas y películas de aquellos años. Uno de los textos que rescató fue la publicación Girls Who Do Sex Films, una publicación de 1972 que compiló una serie de entrevistas a actrices porno de la época.

William Rotsler fue el elegido para realizar las entrevistas, los editores buscaban a alguien con quien las protagonistas se sintieran cómodas para rebelar todos sus secretos y el escritor y fotógrafo de películas para adultos era ideal para el trabajo. El resultado fue un texto divertido lleno de anécdotas que iluminó el mundo secreto del porno.

Experiencias lésbicas en pareja

 

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Laurel, de 22 años en la época, con su esposo tenía una agencia que realizaba películas porno que ellos mismos protagonizaban con otros actores del medio. Aseguró que inició tras ver un anuncio en el periódico Los Angeles Free Press, ella y su esposo necesitaban dinero para pagar la renta y unos tragos de vodka les dieron el valor para emprender la irreal aventura.

Ella jamás imaginó que podría quitarse la ropa frente a alguien más, pero tras la primera sesión se dio cuenta que no estaba tan mal. Después de varios años en la industria aseguró haber hecho todo, y el único acto con el que tuvo un problema fue una escena lésbica, ambas eran heterosexuales y no tenían idea de cómo interactuar, pero el director las guió a la perfección; al final del día su compañera de set se convirtió en su amiga.

Laurel continuó la entrevista asegurando que la experiencia en las películas le había demostrado que la industria estaba plagada de personas normales, que conocían sus límites y respetaban los de los demás. Era una cuestión que pocos entendían, y la actriz reflexionaba que antes de entrar al porno tampoco lo hacía: “Veía Playboy o Knight o una revista para caballeros medio decente y pensaba, Dios, esas chicas deben ser putas, prostitutas o algo; ¡hay que verlas, están ahí en una revista sin su ropa! Un año más tarde aquí me tienes, haciendo lo mismo. Estoy casada, tengo un buen hogar, tengo mascotas, fortuna y un buen carro, pero estoy haciendo desnudos”.

A pesar de haber practicado todos los géneros posibles, sin duda las escenas que más se le complicaban eran las que se desarrollaban solamente entre mujeres. Ella era heterosexual y cuando tenía que grabar una película con una actriz con sus mismos gustos todo fluía correctamente; pero esto cambiaba cuando lo tenía que hacer con una lesbiana real, en alguna ocasión tuvo que rechazar a alguna que quería ir más allá de la grabación y jamás les haría sexo oral.

La reina erótica

 

 

La segunda actriz entrevistada fue Uschi Digard, una hermosa doncella que tenía entre 20 y 25 años, cuya constante presencia en las revistas eclipsaba a las demás. Una mujer del mundo que únicamente le faltaba visitar el oriente y que hablaba ocho idiomas: francés, alemán, suizo, español, italiano, sueco y danés.

Suiza de nacimiento, al llegar a Estados Unidos le ofrecían convertirse en una modelo. Ella no creía que alguien podía estar interesado en su cuerpo, pero  después de tantas ofertas entró al mundo del porno.

Gran parte de lo que le impresionaba del medio eran sus seguidores. Uschi consideraba que sólo era una más de las mujeres hermosas de la industria, su visión cambió cuando comenzó a conocer a sus fanáticos, quienes la conocían a la perfección, cada centímetro de su piel e incluso conocían lunares que ella no sabía que tenía.

Uschi no quería pasar toda su vida en el mundo del erotismo, buscaba trascenderlo por medio de la actuación, formar parte de una película bien escrita y dirigida, una obra que: “[…] que la vea después y piense, ‘he hecho un gran trabajo’, eso es todo”. Terminó la visión sobre su futuro diciendo que buscaba cada día ser una mejor persona y tener hijos. Palabras que pintaron una cierta tristeza sobre su presente, ella se encontraba en un espacio que en un futuro quería superar.

La “novata”

 

 

La serie de testimonios continúa con Cindy, una chica de 19 años que es entrevistada cuando está a punto de realizar su primera escena explícita para una cámara. Su compañero de set se llamaba Ron y juntos cuentan la historia de “Pud”, el perro de Cindy que se acostumbró a hacer orales a los hombres; ella aseguró que todo comenzó con su antiguo novio, cuando el animal era cachorro y aprendió el extraño “truco” de la nada.

La inusual anécdota hace que la entrevista vire hacia sus experiencias sexuales raras y Cindy contó una que definió como “semi violación”.  Ella se encontraba en un club nocturno, tenía 16 años y no estaba en condiciones de regresar sola a casa, por lo que un hombre ofreció llevarla. Durante el camino comenzó hablar de brujería y cuando tomó consciencia se encontraba en una casa extraña en Hollywood Hills.

Las paredes se centraban tapizadas con armas y ahí conoció a una extraña bruja que se hacía llamar Leda. El hombre tomó una extraña herramienta que usó para violarla, una especie de dedo en forma de gancho. Cindy al principio se resistió, pero asegura que al final le terminó gustando y todos terminaron siendo buenos amigos. Aspecto suficiente para que el entrevistador concluyera en esa época que no se trató de una violación.

Al hablar sobre su introducción en el porno, Cindy comentó que todo comenzó cuando escapó de su casa, su padre era un sacerdote y ya no aguantaba su disciplina. El modelaje desnudo se presentó como una oportunidad para hacer dinero y no se arrepentía de haber entrado tras tres años en la industria.

Antes de su debut en los videos explícitos, Cindy ya tenía experiencia en escenas sexuales para películas convencionales, e incluso aseguró que en varias ocasiones el sexo era real, como cuando lo hizo por diez minutos durante  la grabación de la cinta Sexual Feedom en Dinamarca.

La entrevista giró alrededor de sus numerosas experiencias sexuales y Cindy contó su extraña obsesión con los hombres gay. A ella le fascinaba “romperlos”,  seducirlos y hacerlos sus amantes, siempre recuerda haber tenido ese amor e incluso en alguna ocasión se vistió de hombre junto con una amiga para seducir a chicos gais. Le encantaba su delicadeza y sensualidad, los podía dominar como quisiera.

La plática terminó con la negativa de cientos de hombres por llevar a las parejas al orgasmo. Cindy había tenido numerosas experiencias similares y esperaba que la primera en el porno fuera diferente. Su pareja de escena estaba un poco enfermo y por más que ella lo intentó no pudo lograr que él tuviera una erección, terminaron simulando el acto y ella finalizó el día diciendo: “Tiene que haber algo mal conmigo, lo sé. Iré a casa y violaré a alguien”.

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