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La pornstar cristiana que da clases de sexo oral

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“Ese día traía el cuello luxado, pero me valió madres. La chamba es la chamba y yo vine a coger”, me cuenta Star Kaat. Le pregunté cómo se convirtió en actriz porno. Me contentó que de eso tiene ya como cuatro años. Caminaba por los pasillos de la Exposexo y se acercó al templete de una de las poquísimas productoras nacionales. Pidió informes. A diferencia de lo complicado que podría resultar incorporarse como cajera de un banco, exámenes psicométricos, de conocimientos generales, entrega de documentos y entrevistas con Recursos Humanos, aquí sólo le pidieron que anotara su teléfono en un papel. Días después la llamaron para citarla en un hotel.

 

Aún no se llamaba Star Kaat, sino Dulce, la mujer que se presentó a su casting con el corazón bombeándole en el pecho igual que el doble bombo de la batería de una banda de heavy metal. No había camarógrafo, sino un hombre que le indicó que se quitara la ropa. Necesitaba comprobar sus aptitudes en la cama. Cómo se movía, qué tan cachondo gemía. Actividades ambas que lo obligan a uno a comprar una película para adultos.

Cruzada de piernas, posición que rara vez adopta a cuadro, me dice que aquella experiencia fue excepcional. Tanto que después de cobrar por una hora de sexo mucho más de lo que un oficinista promedio haría en una semana de trabajo, se preguntó si aquella sería su primera y última vez. Debut y despedida.

Pero no, sí hubo una segunda.

Esta vez con un actor como compañero.

-Él chavo se la súper sabía. Improvisaba, sabía moverse. Tuvimos un gran acoplamiento… profesional, quiero decir. Porque al hombre no volví a verlo en mi vida.

De las niñas bien

Star Kaat es actriz de teatro. Estudió en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque. Porque aunque muchos piensan que cualquiera puede ser actor porno, “si te piden tres textos, por lo menos los tienes que dar bien”. También sabe modelar y ocasionalmente se desempeña como Dominante profesional. Pero lo que definitivamente llama la atención es su labor de actriz de películas XXX, algunas de las cuales escribe, produce, dirige y distribuye a través de su propia página web.

No siempre fue así. Dulce Contreras se refiere a sus primeros años como si se tratara de una existencia diferente, vivida por alguien que no fue ella. Una que fue criada en una familia tradicionalista, católica ferviente y donde el sexo, como puede decir ahora sí, riéndose, “una cosa del diablo”.

Durante su adolescencia cogió una infección vaginal. De esas que una pomada anuncia en la televisión como “de las niñas bien”. Sea lo que sea que signifique.

-De puta no me bajó mi mamá, hasta que el doctor le explicó que eso me podía dar hasta por cambiar de jabón.

 

En su hogar las mujeres salían de la casa luego de cumplir con tres requisitos: vírgenes, casadas y vestidas de blanco. Dulce se saltó la primera y la tercera. Se casó a los 18 sólo para huir de aquella educación de acero. Permaneció 11 años unida a su compañero, con quien había conocido el sexo aunque de una forma mucho más conservadora de lo que hoy practica, hasta que se divorció convencida de que ahí afuera había una vida y muchas cosas por descubrir.

-A mí me enseñaron que el sexo era malo, que nunca debía tocarme ahí. Yo sentía culpa después de tener relaciones porque me daba placer. Pensaba que Dios me estaba viendo y me mandaría al infierno. Además le rompía sus revistas Playboy a mi esposo. Me rehusaba a experimentar. Cuando él me pidió que tuviéramos sexo anal le respondí que estaba loco, que era un puerco. Aquello no me resultaba natural.

Con su esposo experimentó muchas primeras veces. La primera vez que hizo el amor con la luz encendida. Que se permitió ponerse y modelar un juego de lencería. Pero como punto de rompimiento definitivo, la primera vez que vio una película pornográfica. Poco a poco se fue despojando de lo que a la distancia califica como “basura religiosa y familiar”. Atreviéndose a experimentar. Descubriendo su propia sexualidad.

-Y entonces me divorcié.

 

Caminito lujurioso de la escuela

La publicidad en Facebook decía que la actividad iniciaría a las 10 de la mañana. Llegué al Monumento a la Revolución a las 9:40. No es que en mis días de estudiante soliera atender con demora a mis clases, pero definitivamente una clase práctica de sexo oral ameritaba una intachable puntualidad. Clase práctica de sexo oral. Así se anunciaba. No como la grabación de una película porno, ni mucho un espectáculo de sexo en vivo, que sabemos siempre se presentan en la Ciudad de México cobijados por la clandestinidad. Se trataba de un taller práctico con modelos de carne y hueso en que una sexóloga profesional y una actriz porno, Star Kaat, despejarían dudas, impartirían técnicas y aclararían mitos y verdades acerca de las peculiaridades que encierra poner en contacto la boca con los genitales.

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De hecho, el taller sabatino formaba parte de un proyecto de largo aliento impulsado por las especialistas para dirigir conferencias similares acerca de toda una variedad de prácticas sexuales que iban desde el sexo oral, el anal, el spanking (nalgadas), swinger o intercambios de parejas, fisting (penetración con el puño) y hasta el squirt o eyaculación femenina, una de las especialidades de Kaat.

Sin embargo, no encontré la sede donde tomaría forma la Academia del Sexo, como se bautizó el proyecto del que bien pudo ser artífice el Marqués de Sade.

Di vueltas y vueltas por la colonia Tabacalera. Google Maps me indicaba que mi destino era en un edificio que a todas luces parecía de oficinas y en sábado por la mañaa estaba cerrado. Hasta que me cansé y le llamé por teléfono a Star Kaat. Me respondió que el taller tendría lugar en una cafetería por la que había yo pasado enfrente varias veces, pero como no vi ningún tipo de anuncio me seguí de largo.

-Tienes que entrar por la puerta principal, subir al tercer piso y caminar hasta un salón privado que está al fondo.

 

Así, sintiéndome como Tom Cruise en “Ojos bien cerrados” cuando intenta colarse a una fiesta exclusiva que terminará en orgía, por di con el aula en la que 5 emocionados estudiantes, tres hombres solos contándome a mí y una pareja a quienes les calculé rondar los 40 años, recibiríamos instrucción para hacer un ben sexo oral.

En el aula había sillas, un escritorio grande y un pizarrón en el que más adelante las exponentes, Star Kaat y una sexóloga profesional, dibujarían diagramas del aparato reproductor femenino y masculino.

La primera parte de la sesión fue enteramente teórica. Nos explicaron con detalles cuáles eran los nombres de los genitales tanto femeninos, como masculinos. Cuando se había consumido una hora, uno de los hombres se puso de pie y fue presentado. Se llamaba Leonardo y era compañero de rodaje de Star Kaat. Sería él quien protagonizaría aquella inusual sesión de “Show and tell”. Se bajó los pantalones, permitiendo que le pene le colgara enfrente. Se había rasurado para ofrecer más claridad en su exposición. Star Kaat se puso de rodillas y sin perder el tono académico, nos dijo que realizar un buen sexo oral al hombre no es complicado, pero tiene sus bemoles. Hay quienes no les gusta que se les haga demasiado rápido, otros que sí lo disfrutan. “Depende de cada quien, lo que me puedo atrever a decir que todos disfrutan, es que les llenan la verga de saliva”, dijo. Estando su modelo a punto, se metió su miembro en la boca y comenzó a chuparlo con energía, mientras la sexóloga complementaba la sesión. Luego vino el turno de Star Kaat, que abierta de piernas sobre el escritorio, se dejó hacer un cunnilingus por Leo.

-La primera vez que me pusieron un video de educación sexual en la escuela fue en la primaria. Era de un osito que tenía que usar condón porque la osita estaba enferma. Y terminaba diciendo que lo mejor era que el osito se casara y no volviera a tener sexo con nadie más. El segundo video era de un parto en vivo, impresionante. Por eso creo que en vez de educarnos sexualmente a partir del miedo, estos talleres son mucho más atractivos porque apelan a tu morbo, pero terminan dejándote algo. Nosotras también hablamos de medidas para no contagiarnos de enfermedades de transmisión sexual.

Platico con Star Kaat al final de la clase. Cuando Leo, el modelo, se ha vuelto a subir los pantalones y me dice antes de retirarse: “Mucho gusto, ustedes ya me conocieron hasta las anginas”.

Star Kaat me cuenta que para muchos de los chicos que la acompañan, participar en un taller es una prueba muy dura. No es lo mismo hacer una escena delante de una cámara que penetrarla a ella por el ano delante de un grupo de personas que además hacen preguntas sobre anatomía.

-La Academia Sexual está planeada para ofrecer estos talleres por espacio de un año. Imagínate, si logramos que los padres estén mejor educados sexualmente, haremos que puedan hablar con sus hijos con mucho más éxito.

Pero entonces recuerdo que tuve que entrar por una cafetería, subir tres pisos por las escaleras hasta un tapanco. Dara vuelta y tocar la puerta en una oficina. La actriz porno me cuenta que el obstáculo más complicado que tuvo que sortear para levantar su proyecto fue encontrar una locación. Todo lo que tiene que ver con sexo espanta. Y aunque en esta cafetería “le dieron chance”, debía hacerlo en el rincón más alejado de donde los clientes disfrutaran de su capuchino.

-Si dices pena y vagina, el gobierno viene y te clausura, porque estás haciendo porno. Pero a ver, ¿cómo le voy a hablar de sexo, en este caso, a un señor cómo le explico la manera en que debería hacerle sexo oral a su mujer para complacerla, si no se lo explico con peritas y manzanas?

El Sagrado Corazón Pornográfico

Star Kaat es delgada, alta y morena. No posee la voluptuosidad o formas desbordadas características de las chicas de calendario que tanto le gustan al mexicano promedio. Tiene la mitad inferior del cráneo, la que está cerca de los oídos, rapada. En medio del pecho lleva tatuado el Sagrado Corazón de Jesús, porque es una devota cristiana que asiste a orar al templo. Porque sabe que su fe no se contrapone a su trabajo.

No es tan apegada a su familia, pero por lo menos su madre y su hermana saben a lo que se dedica. Aunque no estén al 100 por ciento de acuerdo, la apoyan.

Pero el negocio ha cambiado con la llegada de Internet. Star Kaat, que produce, dirige y protagoniza sus propias películas, cada vez vende menos DVD’s y poco a poco ha resultado más rentable hacer videos “por pedido”. Esto es, que muchos de sus clientes le pagan porque les envíe clips en los que los saluda, gime sus nombres, se masturba o utiliza juguetes sexuales específicos. Hasta se ha grabado defecando, porque como el mercado lo dicta, “al cliente lo que pida”.

-El problema de hacer porno en México es que no hay industria y como no existe, entonces el porno no es legal, pero tampoco ilegal. Se encuentra en el limbo. Cuando me di de alta en el SAT, no sabían en qué régimen ponerme, por lo que acabaron colocándome como si vendiera ropa, porque tengo mi propia línea de juguetes, lencería, dildos. Y todo lo tengo que facturar.

Pero además existe el prejuicio de que todos los actores de cine para adultos son voraces sexuales.

 

-Cuando voy al banco a abrir una cuenta, soy el bicho raro. Si acudo a mi clínica a hacerme mis estudios de rutina, no falta la trabajadora social que quiere “rescatarme”, porque dice que me pongo en riesgo. En el Templo, por ejemplo, pocos saben a lo que me dedico, y los que saben se callan. Algunos me dicen que me voy a ir al infierno, pero yo no creo en el infierno. Ése está aquí en la tierra.

Al final, recuenta, es un empleo como cualquier otro. Incluso con sus episodios de comedia. Una vez en medio de un acoplamiento con otra actriz y un actor, se dio la vuelta sin avisar y casi le rompe la nariz al chico con la rodilla. En más de una ocasión le ha tocado escuchar que a alguien se le escapa un pedo, “porque al final, el cuerpo es el cuerpo”.

No fuma, no bebe y no consume drogas. Le fascina leer. Aunque es creyente, tampoco le interesa evangelizar. Si acaso, lo único que quisiera que la gente adoptara como parte de su conducta es la prevención respecto al contagio de enfermedades sexuales. Por eso imparte clases todos los sábados en un tapanco por un costo que no rebasa los 250 pesos.

-Si Cristo no quisiera que yo me dedicara a esto, ya me habría dado Sida y me habría muerto. Punto.

 

STAR KAAT dirigirá un cine debate este sábado 19 de mayo a las 19:00 HRS sobre Cleopatra, la película porno protagonizada por Julia Taylor, el largometraje pornográfico realizada con el presupuesto más alto, casi 1 millón de dólares. La cita es en Cajita del Placer (División del Norte 917, Col. Del Valle).

 

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