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Redes ocultas: Maduro tiene la presidencia y Guaidó la detenta

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Pedro Lascuráin fue el presidente de México por unos largos 45 minutos, una administración ejemplar al ser la única de la historia en cumplir todos sus compromisos; aunque en realidad era uno: nombrar a Victoriano Huerta como secretario de Relaciones Exteriores para renunciar y que el militar se convirtiera en presidente.

Esta extraña maroma política me vino a la cabeza al leer los argumentos legales en torno a la crisis venezolana. Huerta actuó de una manera correcta jurídicamente hablando, no importó que hubiera estado tras la ejecución del antiguo presidente y vicepresidente, él actuó conforme a la Constitución y su mandato era legítimo.

 

La ley y el poder

En La política como vocación, Max Weber vio en el monopolio de la violencia la clave del Estado: una sola entidad puede castigar, perseguir y juzgar a los individuos. Quien tiene el poder militar o policial es el capaz de vigilar que se ejecute su orden.

Vivimos en una época en la que, afortunadamente, rige la moral. En tiempos de paz, y en una sociedad idílica, nadie puede estar por encima de la ley y quien la rompe debe asumir las consecuencias.

El pasado 23 de enero Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, se proclamó “presidente encargado” de la república bolivariana durante una jornada de protestas en contra del régimen de Maduro,  anunció que tuvo sustento legal al basarse en el artículo 233 constitucional.

Buena parte de la conversación y análisis se ha dirigido hacia el conflicto legal, tras esa proclamación Maduro se convertiría en un usurpador y tendría que abandonar el país lo antes posible, interpretación que de inmediato fue adoptada por la administración de Trump y más de una decena de países.

El problema radica en que Maduro no aceptará fácilmente, puede ser que Guaidó lo haya jaqueado en el campo legal, pero el actual presidente venezolano simplemente aventó el tablero. La ley en estos momentos no importa.

 

Detentar y ejercer

Una de las definiciones que le da la RAE a la palabra ejercer es: “Practicar los actos propios de un oficio, facultad o profesión”, mientras que detentar es: “retener lo que manifiestamente no le pertenece”.

 Maduro es el actual presidente de Venezuela, no me incomoda escribir esa frase y no creo que implique una simpatía con su persona. Su administración ha sido una de las más desastrosas en los últimos años, tanto por la violencia con la que ha mantenido el poder como por la administración económica; sin embargo, los hechos son claros: Maduro es el único que puede ejercer el poder porque tiene el apoyo del ejército, por otro lado Guaidó (por el momento) lo detenta al no tener injerencia en las fuerzas armadas.

En ese escenario, los reconocimientos internacionales no son muestra del fin del régimen. Como prueba está la Coalición Nacional Siria, que a finales de 2012 y principios de 2013  fue reconocida como el único representante del pueblo Sirio. De poco importó que potencias como Estados Unidos, Reino Unido y Alemania reconocieran al grupo, el poder político y apoyo militar internacional del régimen oficial sirio fue determinante para mantener a Bashar al-Assad en el poder.

Al Assad se mantuvo en el poder y tras el terrible conflicto armado parece que será la fuerza triunfante. Los reconocimientos internacionales ejercen una gran presión para los regímenes en cuestión y pueden agravar la crítica situación de un pueblo que está muriendo de hambre con nuevos bloqueos económicos. No obstante, Maduro es quien tiene el poder y bajo su tutela definirá el destino de una crisis que ya ha tomado tintes internacionales.

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