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Opinión

Redes Ocultas: Buscando justicia en Twitter

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A pesar de que acusación anónima fue el detonante para provocar un suicidio, #MeTooMéxico sigue siendo un movimiento necesario una sociedad sin justicia
Redes Ocultas: Buscando justicia en Twitter
Escrito por: Iván Montejo
IvanMTrapero

En 2017, Alejandra Castellanos denunció ante las autoridades que su expareja había tratado de asesinarla, un mes después fue encontrada asesinada en su auto. Un año antes Yanelli fue violada la noche del 8 de junio en Huauchinango, Puebla, tras abordar un taxi colectivo. Ella fue “afortunada” y no fue privada de la vida, pero un año después fue violada por segunda vez por denunciar a sus agresores.

 

“Yo también”

Casos como esos son los que llegan a mi mente cuando se critica al movimiento #MeToo por denunciar en las redes sociales en lugar de buscar ayuda con las autoridades. Alejandra y Yanelli lo hicieron, una fue asesinada y la otra violada.

El movimiento #MeToo llegó a México la semana pasada. Nuestro país parecía estar dormido cuando las denuncias inundaron las redes sociales en 2016, en aquel tiempo surgieron  acusaciones y casos aislados, pero nada comparable al movimiento del que somos testigos.

#MeTooEscritores, #MeTooPeriodistasMexicanos, #MeTooAcadémicos y #MeTooCine, entre muchos otros; vimos en Twitter la explosión del secreto que todos conocíamos, acciones que quedaban en rumores o en personas con “falta de tacto”, era preferible voltear a otro lado, era muy difícil admitir que también existe violencia de género en los medios que tanto la critican.

En lo personal, constantemente seguí esos hashtags para buscar nombres conocidos hasta que encontré uno: Cultura Colectiva. Su nombre surgió en la denuncia de Sarai, quien denunció que Cristopher Mariscal, compañero de trabajo, la violó en las instalaciones de la empresa.

Cito el caso no sólo por ser el que más me marcó desde una cuestión personal (laboré en esa empresa por un corto tiempo), sino porque se trata de uno de los más emblemáticos. La historia de Sarai cuenta con la omisión de las autoridades (ella denunció y el ministerio no hizo nada), la falta de un protocolo de las empresas (Cultura Colectiva ocultó el tema) y la forma en que un abusador actúa (se trataba de un compañero de trabajo que se aprovechó de su posición para violentarla).

Todos los casos expuestos presentan un juego de poder: hombres y mujeres (porque también hubo acusaciones en contra de ellas) que se aprovecharon de su posición para acosar, violar, agredir y solicitar favores sexuales. Extrañamente la industria de la música,  donde un juego de poder más marcado, se mantuvo inmune en los primeros días, pero el reciente #MeTooMusicosMexicanos acaba de tener el mayor impacto.

Twitter: ¿la nueva justicia?

Armando Vega Gil, bajista y fundador de Botellita de Jerez, se suicidó tras publicar una carta en Twitter donde escribió que esa era la única vía que le quedaba tras una acusación publicada en la cuenta @metoomusicamx. Caso que expuso los grandes problemas que implica este tipo de denuncias, por lo que de inmediato se comenzó a comparar el #MeToo con una cacería de brujas.

Un suicidio siempre es una tragedia, pero como tal no debe utilizarse para atacar a un movimiento que ha expuesto el estado de descomposición de nuestra sociedad.  Hablar de una “cacería de brujas” implica dos cosas: la presencia de un poder que persigue a una minoría (la Iglesia o el senador Joseph McCarthy) y un miedo generalizado sin sustento en la realidad (la brujería o el terror rojo).

Es difícil hablar del reciente movimiento #MeToo en su conjunto, las cuentas que le han dado réplica a los testimonios no siguen los mismos protocolos, muchas (como Periodistas Unidas Mexicanas) realizan cruce de información y pruebas antes de publicar un caso de abuso; pero no en todas las administraciones de cuentas es así.

Ya se han publicado testimonios falsos y las cuentas responsables han aclarado la situación para no afectar a la parte acusada. Sin embargo, no se puede asegurar que todo se trata de una especie de histeria colectiva, la ola de denuncias ha expuesto terribles casos de violaciones, acosos y abusos de poder comprobables (la misma cuenta de @metoomusicamx publicó el caso de Efrén Barón, guitarrista de División Minúscula, acusado por seis mujeres y que al poco tiempo que aceptó su responsabilidad).

Lo más fácil es acusar a la denunciante y al movimiento; pero en el estado de nuestra sociedad todas las esferas tienen un grado de responsabilidad. Las autoridades que mantienen un sistema con el 98.4 % de impunidad y que revictimizan a las denunciantes, las empresas que prefieren ignorar los testimonios antes de enfrentar el problema, las personas que justifican o ignoran comportamientos violentos, la sociedad que ha normalizado el suicidio de una chica por la filtración de su “pack”; situaciones que hacen que la denuncia anónima en una red social sea la única vía.

No es correcto que en Twitter se suban testimonios de violencia sexual y que los implicados tengan que buscar la verdad. No obstante, #MeTooMéxico es la única ventana que ha expuesto este tipo de casos, un llamado de denuncia en un país donde la justicia no existe y se tiene que valer de denuncias en una red social para evitar que se repitan los casos de violencia. Un movimiento que, mientras las estructuras sociales se mantengan iguales, seguirá siendo necesario, porque ya es claro que los caminos legales pueden terminar en difamación, tortura, violación y muerte.

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