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Sangre, celos y violencia: el recuerdo de una noche

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A principios de los sesenta, Guillermo Borja era capitán de meseros de La Fuente, un exclusivo centro nocturno que cerraba a las cuatro de la mañana mientras los demás cerraban a la una, en una ciudad que se acercaba a los 5 millones de habitantes. El capitán Borja había aprendido a comportarse con la distinción de clase que se exigía en los desveladeros donde departía la crema y nata de la socialité: enérgico con los meseros pero solícito con los clientes, que solían concurrir de smoking a divertirse.

En la pista de La Fuente se presentaban muchos artistas de fama internacional. Desde Josephine Baker, Marlene Dietrich, Olga Gillot, hasta José Alfredo Jiménez y Armando Manzanero. Una de las figuras que ahí se dio a conocer fue Ana Bertha Lepe, jalisciense de 25 años que a los 19 había ganado el concurso Señorita México y el cuarto lugar de Miss Universo.

Ana Bertha era la atracción principal en la primavera del 60. Aunque no se distinguía como bailarina, sus caderas hacían ondear las tiritas del pau con la cadencia del viento sobre las palmeras, despertando reminiscencias tropicales en los viejos espectadores que soltaban el puro de la boca cuando la veían salir a la pista. Tal vez por eso Ahmed Sukarno, presidente de Indonesia, la había invitado a Acapulco con el pretexto de organizarle un festival internacional de cine.

El padre y representante artístico de la beldad, Guillermo Lepe Ruiz, ya se frotaba las manos pensando en el negocio, pero faltaba la aprobación del prometido de Ana Bertha, el actor Agustín de Anda. Estos dos hombres tan distintos compartían la costumbre de andar armados. Guillermo Lepe, ex capitán del ejército, disfrutaba de pasearse en su Cadillac convertible rojo, luciendo su infaltable stetson y dándose aires de millonario texano. Agustín era el hijo mayor de la dinastía de Anda, fundada por el productor y director Raúl de Anda, mejor conocido como “El charro negro”. Agustín, a los 25 años, ya había actuado en 12 películas y tenía un futuro asegurado en la industria cinematográfica.

En la tarde del 28 de mayo de 1960, Ana Bertha Lepe y su novio Agustín de Anda habían asistido al velorio del actor Ramón Gay, asesinado la noche anterior por el esposo de Evangelina Elizondo, José Luis Paganoni Castro, en una escena de celos y de sangre. De la funeraria, Ana Bertha y Agustín se fueron a La Fuente, donde los esperaba el papá y representante de Ana Bertha. Mientras ella se preparaba para su show, Guillermo Lepe y su futuro yerno se quedaron platicando en una mesa. Ya había fecha para la boda: el 26 de junio. De Anda había comprado y amueblado el departamento que iba a regalar a su esposa, corrían las amonestaciones de la iglesia y se repartían las invitaciones.

En sus declaraciones a la policía, “Papá” Lepe dijo que el joven De Anda había expresado su molestia por el trabajo de Ana Bertha, que pensaba sacarla del ambiente artístico apenas se casaran, y si era posible antes. Don Guillermo Lepe se opuso y empezó la discusión. El Capi Borja alcanzó a escuchar cómo se iban alzando la voz ambos hombres.

—Si no la saca usted de trabajar entonces olvídese de la boda y de todo —dijo De Anda.

—Mi hija todavía tiene compromisos por cumplir —replicó el señor Lepe—, así que mientras usted no sea su marido, yo tomo esas decisiones.

—¿Cree que no sé que Sukarno se la quiere llevar a Acapulco?

—Pues será misa, pero Ana Bertha todavía tiene un hombre que vele por sus intereses —respondió desafiante el papá.

—Su único hombre aquí soy yo. Porque al fin y al cabo su hija ya fue mi mujer —remató De Anda.

—Esto lo arreglamos como hombres. ¡Vamos afuera! —sentenció el señor Lepe con los ojos inyectados de furia.

El Capi Borja le dijo a uno de los meseros:

—Deténganlos, se van a matar.

Nadie quiso o supo cómo intervenir. De Anda y Lepe bajaron las escaleras y como buenos jaliscienses se dirigieron calmadamente al estacionamiento. Agustín de Anda se volvió de pronto, no se sabe si para sacar una pistola o para golpear al señor Lepe, el caso es que éste lo madrugó de dos disparos. Murió en la Central Quirúrgica a las 3:35 a.m. del domingo 29 de mayo del 60.

Ana Bertha declaró en favor de su papá, quien sólo purgó la mitad de los diez años que obtuvo por condena mientras ella enfrentaba el boicot de los productores de cine que casi acabó con su carrera. La Fuente cerró cinco años después por una huelga pactada entre el sindicato y los propietarios. Ana Bertha sobrevivió más de medio siglo a su novio, superando el alcoholismo, pero marcada por el amargo recuerdo de aquella noche.

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