Placeres mundanos: El señor es mi pastor
toque de colorante rojo, además del básico achiote. Son muy vistosos por el color y con un sabor complejo, muy ricos. En la zona del occidente, el Bajío y tierras purépechas el adobo tiene menos especias y más naranja, además de que te los dan dobladitos y ya salseaditos.
En el sureste el sabor del achiote es más dominante y las salsas de chile habanero dan un punch muy interesante. En la “región más transparente”, el Estado y Ciudad de México y el corredor que se forma con Guerrero, claro rumbo a Acapulco, se preparan con un toque de vinagre y mucho menos naranja, por no decir que nada, pero le añaden chile morita que les da un toque ahumado. Además te los sirven extendidos y si es necesario unos arriba de otros, y las salsas se las pones tú a tu gusto, generalmente te ponen dos, tres o cuatro diferentes para que te mates solo.
Los he comido acompañandolos con diferentes vinos, refrescos de todos los sabores, pulque, cerveza y una gran variedad de aguas frescas. Pero, en mi paladar, el maridaje perfecto es el agua de horchata de arroz, con muy poca canela y sin añadidos raros como la leche evaporada. Oh sí, hay quien se la pone al agua de horchata.
Un platillo que evoluciona y comunica de esa manera tenía que hacerse presente en todo el mundo. Hoy por hoy es el bocado mexicano que más presencia tiene en todo el mundo y que más identidad de paladar nos dá. Tanto así, que Taste Atlas, que es una guía gastronómia on line muy reconocida y picuda, publicó en 2019 una lista con los 100 mejores platillos del mundo en donde también aparecieron las enchiladas y los chiles rellenos, pero el platillo número uno del mundo, con 4.4 estrellas de cinco posibles, es, su majestad: los taquitos al pastor.
Los taquitos al pastor son una religión, son una cultura, son un placer.
Un placer mundano.

