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Sargento Hardcore: after orgásmico

Sargento-Hardcore
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Caminaba por las calles de la colonia Nápoles, iba rumbo a una fiesta con compañeros de trabajo, aún recuerdo ese día, desde que salí del transporte público hasta que llegué a la calle de chicago, fue ahí cuando de reojo vi a una hermosa mujer que estaba en una tienda, estaba vestida con un vestido entallado color blanco, dejando ver su escultural figura. Ella volteó y nos miramos durante los segundos que tardé en pasar junto a ella, sentí su mirada lujuriosa varios pasos y continué por mi camino.

Llegué al festejo con mis compañeros, pero en mi mente no dejaba de imaginar a aquella señorita portándose mal conmigo, veía todo tipo de películas en mi cabeza y estuve sentado prácticamente toda la fiesta.

Al salir pasé por una cafetería, cuál fue mi sorpresa que la misma chica que había encontrado por la tarde estaba por pedir su café y nuevamente cruzamos las miradas, pero esta vez con mayor fuerza, sus ojos me recorrieron sin ningún pudor mientras sonreía. Esperé a que pidiera su bebida y cuando salió comencé a seguirla.

La seguí con cautela, no quería asustarla, de pronto se detuvo, volteó hacia mí y gritó con tono agresivo: “¿Por qué me estás siguiendo?”. Yo me quedé frío y de inmediato le pedí disculpas. Ella sólo se rió a carcajadas burlándose de mi reacción. Ambos comenzamos a reír y fue la mejor manera de romper el hielo.

La acompañé hacia su casa mientras platicábamos sobre nuestras vidas, era española y estaba trabajando en varios proyectos, ¡toda una mujer independiente!

Cuando llegamos a la puerta de su edificio, dio un sorbo a su café y me invitó a pasar, ¡claro que no podía decir que no! Subimos a su apartamento, podía escuchar el latir de nuestros corazones emocionados. Entré a su cuarto y comenzó la magia.

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Dimos inicio con un suave beso, yo mordía sus labios mientras ella dejaba salir algunos sonidos de placer, he de confesarles que eso me excitaba mucho. Mis manos comenzaron a tocar sus muslos suavemente mientras subía su vestido y dejaba ver sus piernas. Cuál fue mi sorpresa que la pequeña ninfa española no llevaba ropa interior y aquella fruta me llamaba cada vez más fuerte. Saqué uno de sus deliciosos senos y comencé a chuparlo, era todo un manjar que ella deseaba que tomara. Comencé a bajar lentamente mientras besaba su abdomen, llegando a su centro, aquella divinidad que muchos deseaban, pero que en esta ocasión el afortunado en probarla era yo.

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Mientras mordisqueaba sus labios jugaba con mi lengua al mismo tiempo y sus gemidos cobraron mayor intensidad, ella lo estaba disfrutando de una manera brutal. De pronto, entre tanto movimiento dejó caer el café caliente sobre su cuerpo, por alguna razón no lo había soltado, fue un momento extraño pero excitante, probarla con sabor a café. ¡Nada desagradable!

Mi lengua no dejaba de moverse en ella y yo cada vez más excitado me quité los pantalones para que pudiera deleitarse con tan suculento manjar. Poco después de llegar a su primer orgasmo me llevó a su cama, donde me recostó con cierta fuerza, me besó el pecho y comenzó a besar mi miembro de una manera salvaje, como si fuera la última vez que lo haría. El cielo estaba ante mí con tan increíble sensación, su boca era simplemente perfecta y sus movimientos eran de toda una experta.

El momento de penetrarla se acercaba, lo podía sentir, pero decidí esperar a que fuera ella quien lo pidiera. Después de llevarla al placer extremo varias veces, por fin escuché lo que tanto anhelaba y fue entonces cuando lo pidió: “métemelo, por favor”.

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Me puse el condón y suavemente me introduje en ella, veía cómo se mordía los labios con los ojos cerrados, era una experiencia deliciosa. El calor comenzó a invadirme y aumenté la velocidad para llevarla a otro orgasmo, nuestros corazones se escuchaban sincronizados y ella no dejaba de pedir más. Sus pezones estaban tan duros que incluso los mordía por momentos y ella apretaba su bien entrenada vagina.

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Podía sentir que se apoderaba de mi miembro y el se dejaba manipular al antojo de la bella española que no dejaba de gemir del placer. Mientras yo aumentaba la velocidad ella se contraía cada vez más, mientras me deleitaba tocando todo su cuerpo bañado en sudor, tanto que nuestras manos resbalaban, fue de las mejores sensaciones que he tenido. Su calor inundaba mi cuerpo y nuestra respiración fue aumentando a un punto en el que no pude resistir más y me dejé llevar por la pasión, terminé de una manera sensorial que solo aquella chica pudo hacerme sentir hasta la fecha. Agotados y empapados, continuamos besándonos y tocándonos hasta descansar nuestros cuerpos y así continuar con nuestro sexo desenfrenado hasta el amanecer.

Ninguno de los dos dormimos, decidimos entregarnos por completo a la pasión del momento. La luz del día iluminaba la ventana de su cuarto y una vez saciados decidí vestirme, ninguno dijo nada, solo la complicidad de nuestras miradas reflejaban nuestra satisfacción. De su boca salió con voz agotada: “la puerta está abierta, gracias por la noche.”

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