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Playbill: he visto mil mujeres desnudas

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En realidad son más. Algo así como 1,440, si tomamos en cuenta una docena de Playmates por año, durante una década de trabajo.

No es presunción, sino gajes del oficio.

No olvido la primera. Entonces era Jefe de Redacción y el Editor me envió a la sesión de fotos para entrevistar a la modelo. Una deslumbrante canadiense dueña de, como dice el poeta Oliverio Girondo, unos senos que me llevaría para calentarme los pies cuando me acueste.
Se sentó sin ropa a mi lado. Como si nada. Igual que si ella fuera una Eva inmune a los efectos de morder la manzana. Estábamos en un bar abierto de forma prematura, para que hiciéramos un portafolio de Playboy. Intenté mirarla a los ojos. Pero por más esfuerzos que hacía, inevitablemente me despeñaba hacia esos frondosos misterios que se desbordaban delante de mí. Pero a ella no parecía incomodarle.

Es el embrujo de seguridad que cae sobre quienes posan para Playboy.

Aquel Editor de nacionalidad argentina esgrimía un argumento contra las críticas de sexismo: “No existe mejor acto de empoderamiento que el de una mujer que por su voluntad se desnuda delante de una cámara”. En este mes, Playboy México cumple 16 años de existencia. Diez de los cuales he laborado aquí. Viendo mujeres desnudas. En vivo y a todo color. Antes de que estas páginas lleguen a encender tu imaginación.
He sido testigo de un millar de historias.
Como la vez que una modelo me pidió que le pasara un hielo por los pezones, para que aparecieran erectos en las imágenes. Confieso que me temblaba la mano mientras ella reía.
Cuando el equipo se aventuró al barrio bravo de Tepito para retratar a una beldad que insistió en tener una vecindad como escenario.
La DJ que necesitó de varios tequilas para sacarse de encima el pudor y transformarse en pantera delante del lente.
Mis amigos me han preguntado cien veces si los puedo invitar a un shooting. No creo que al doctor le pidan butacas de primera fila para una operación de nariz, ni al abogado se ofrezcan a cargarle el lápiz, como a los que trabajamos en Playboy ayudarnos “a cargar la cámara”.

Decirles que nuestros fotógrafos se alimentan lo suficiente como para llevarla solos a cuestas, les rompe el corazón.

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En unos días será mi cumpleaños. Cuatro decenas de diminutos incendios me retarán a que los sofoque.

Mientras lo hago, pensaré sin lugar a dudas en la experiencia maravillosa que ha sido encauzar los saltos de este Conejito.

Escribo el editorial y observo la imagen de portada de esta edición de 16 aniversario.
La estampa de dos mujeres que nos hacen cosquillas justo donde nace la más socorrida fantasía masculina. Vaya gloriosa manera de celebrar estos dulces 16. Con nuestras primeras hermanas. Las colombianas Laura y Mally Restrepo.

He visto a casi 1,500 mujeres sin ropa.
Pero no cabe duda que aún no lo he visto todo.

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