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Playbill: en lujos se rompen géneros

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Dice Joaquín Sabina de la millonaria Cristina Onassis, que era mujer tan pobre “que no tenía más que dinero”. Escribo estas líneas horas antes de abordar un vuelo a Miami. Por razones de trabajo, viajaré en un crucero. Ni en dos vidas podría pagar algo así.

Un crucero de lujo

Definido “lujo” en el diccionario como “la exhibición de la riqueza”. Y esta, a su vez, como “las cosas que se poseen, especialmente el dinero”.
Los periodistas vivimos vidas prestadas. Ser periodista es la forma más divertida de no tener un centavo en la bolsa, escuché decir a un colega en alguna sobremesa.
Consideremos que, de acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas, la población mundial asciende a 7 mil 550 millones de personas y que de ellas, 702 millones viven en condición de extrema pobreza, según un informe elaborado por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

A la luz de estas cifras haría falta repensar nuestro concepto de lujo.
De alguna forma, el mundo ya lo está haciendo.
Hace mucho que el dispendio y el derroche dejaron de apreciarse como expresiones de lo cool.

Celebro que hoy sea mal visto sorber un popote, usar bolsas de plástico y que la gente se lo piense dos veces antes de usar la impresora. El ser humano comienza a preocuparse por dejar una huella menos letal en el planeta.

Y de paso, hemos vuelto a encontrar el verdadero lujo en la sencillez, el contacto con la naturaleza y el desapego de las cosas materiales.

Hay para quienes el verdadero lujo radica en dar un paseo en bicicleta, por encima de conducir un auto deportivo. Para otros, contratar una clase de cocina que comienza con la recolección de los ingredientes en un huerto, y también los que pagan pequeñas fortunas —porque eso cuesta, paradójicamente— por recluirse un fin de semana en alguna montaña donde no llegue la señal de Internet.

Así de contradictoria es la vida moderna.

Playboy México ha representado, desde hace más de 15 años, el placer de vivir. El lujo, si así se quiere ver. Pero también con el tiempo hemos reconfigurado nuestra definición de lujoso, que no es ni será sinónimo de “costoso”. Si bien nos interesa el placer que ofrece la fotografía de una mujer hermosa, así como la buena comida, la buena bebida, los viajes y la tecnología, preponderamos el deleite por la familia, los amigos, las experiencias, el libre pensamiento y la cultura. Un crucero sólo representa una afortunada casualidad.

Lujo es aquello que enriquece el espíritu.
Porque de un auténtico Playboy nunca se dirá que es pobre de lo que realmente importa.

 

Christina Onassis

OTOGRAFÍA DE DUTCH NATIONAL ARCHIVES, THE HAGUE, FOTOCOLLECTIE ALGEMEEN NEDERLANDS PERSBUREAU (ANEFO), 1945-1989

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