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Libros al desnudo: cuando los libros dicen, hasta luego

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Hace cuatro años un buen amigo llamado Luis entró a la cantina en la que nos veíamos cada fin de año para de manera implícita hacer cierre de cuentas del ciclo por terminar. Él viviendo entonces en el aún Distrito Federal y yo en una pequeña ciudad llamada Zamora, en Michoacán; nos permitía máximo un par de encuentros al año, por lo que aquellas cervezas en “El Pecas” eran algo casi sagrado.

Acoto que entró por las puertas azules tipo del viejo oeste, porque lo hizo con algo que cambiaría el rumbo de mi trabajo como escritor: una revista Playboy México en cuya portada estaba la hermosa Kate Moss.

Me levanté, le di un abrazo y se sentó desenrollando la revista y poniéndola boca abajo. Nunca hablamos de ese detalle pero esa actitud me recordó cuando de adolescente paseaba de un lado a otro frente al puesto de revistas cerca de mi casa hasta que agarraba valor y con todo el pudor del mundo preguntaba por el precio de la Playboy, entonces la pagaba (con un montón de monedas derivadas de aguantarme varios días el hambre en los recesos), la tomaba y enrollaba, caminando deprisa con ella atrapada en mi axila como si la hubiese robado; para luego verla con emoción en la intimidad de mi cuarto. Creo que de manera inconsciente la traía así porque él, como yo y miles de zamoranos, crecimos en una sociedad híper religiosa y con estigmas conservadores que afortunadamente se nos han quitado poco a poco. ¿Quién sabe? Habré de preguntárselo algún día.

Esa tarde comenzamos hablando sobre todo de literatura, incluso un padre que iba con su hijo se nos acercó para decirnos que le llamó la atención nuestra plática porque según él usualmente en la cantina se charla de otros temas. El halago y las copas nos pusieron en un mood: “así es, somos escritores” e hicieron que al poco rato mi amigo volteara la revista y me dijera que él conocía al editor, un tal Arturo Flores, también escritor y muy buena onda; apenas los meseros vieron a Moss se alborotaron y pidieron amablemente la publicación para pasearla de un lado a otro de la cantina presumiendo a las chicas desnudas entre risas y chiflidos. Un poco ebrios Luis y yo, quién sabe por qué carajos, comenzamos a decir que éramos escritores y escribíamos en Playboy; por supuesto que estábamos mintiendo pero esa tarde nos trataron como héroes, una especie de falsos Hugh Hefners de tercera división.

Cuando el mitote terminó y antes de despedirnos, mi amigo me dijo que Arturo además de ser muy agradable estaba abierto a propuestas de colaboración, por ello y siendo un impetuoso de tocar puertas para publicar donde se pueda, le solicité su correo electrónico el cual me pasó después de algunos días.

Le escribí a Flores con la ingenuidad que le he escrito a decenas de medios, vendiéndome como la última coca en el desierto y probablemente generando carcajadas de quienes pensaron qué se creía ese desconocido escritor michoacano. No obstante Arturo fue, como lo auguró Luis, muy profesional y amable, me respondió que en la revista impresa no se podría pero que tal vez en la versión web existiría un espacio, para ello me contactó con Erick Tapia, el editor web de aquel entonces. Con Erick, tras muchos meses de presentar propuestas y de una gran exigencia en la calidad de las probables textos, fue que me estrené como colaborador de Playboy México.

Así inició un camino muy valioso para mí, uno donde cada semana durante cuatro años pude compartir con los lectores experiencias, entrevistas, reseñas, crónicas y un sinfín de palabras relacionadas con mi gran pasión: los libros. No descubrí el hilo negro, Playboy siempre ha sido una revista que además de tener a hermosas mujeres también ha publicado a plumas de la talla de Ray Bradbury, Stephen King, Kurt Vonnegut, Joyce Carol Oates, Roberto Bolaño, entre muchos otros, así como también ha dedicado miles de páginas a reseñas de libros y artículos sobre temas políticos y sociales; pero el hecho de que durante tanto tiempo me permitieran escribir libremente sobre literatura en tiempos donde parece que no se lee, es digno de reconocerse.

Hablo en tiempo pasado porque hoy cierro el capítulo de colaborar con esta gran revista. Por un lado me siento triste porque extrañaré mi columna #LibrosAlDesnudo y a los lectores que estuvieron al pendiente de cuanto publicaba, pero también me siento muy satisfecho y contento por los aprendizajes y experiencias que me dejó, los cuales, créanlo, no son pocos.

Mi infinita gratitud a Arturo, a todos los editores web con los que trabajé, especialmente a Erick que me exigía endemoniadamente y me rechazaba y hacía observaciones de textos una y otra vez, con ello afiné mi pluma y criterio; también a Jafet, actual editor web con quien trabajé de una manera muy libre y profesional. Gracias a colegas como Iván Farías y Ely Santana por su apoyo y guía; gracias sobre todo a los lectores por estar presentes allí entre líneas y libros, si alguna de mis columnas tuvo eco en ustedes creo cumplí mi misión.

Mi absoluto respeto y admiración para Playboy México, ejemplo de empresa que sabe combinar la belleza con la inteligencia y la razón; así deberían ser todas las revistas que se publican en el país: atrevidas, sensuales, pero también críticas y profesionales.

Estoy seguro nos leeremos pronto desde otras trincheras, sobre todo, el deseo más profundo que tengo es que los libros nunca se cierren y sigan inspirándonos y transformando nuestras vidas. Que así sea.

 

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