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Extasionamiento: una vulva llamada Medusa

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Me dijo que los hombres siempre le poníamos nombre a nuestro pene. Yo nunca le había puesto alguno. Así que ella procedió a bautizarlo. A falta de una pila de agua en donde sumergir la cabeza para santificar el rito, se lo metió en la boca.

Después de venirme, le sugerí que en un acto de igualdad, ahora yo quería ponerle un nombre a su vulva. Me preguntó que cuál. Le respondí que Medusa, como una de las Gorgonas de la mitología griega.

–¿Por qué? –inquirió, como en el verso de Bukowski, cruzándose de piernas.

–Porque cuando la miro hace se me ponga de piedra.

Entonces las abrió igual que un telón para que su vulva me saludara. Medusa era una fuente inagotable de agua salada en la podía nadar durante horas. Una trampa para osos de ciudad.

A partir de entonces, la dueña de Medusa y yo tejimos una curiosa forma de comunicación en la que nuestros genitales se humanizaron. Al mío, ella le había asestado convenientemente el nombre del caballero que traiciona a Arturo en la leyenda de Camelot por una mujer. Porque no hay en quien más confíe un hombre que en su pene, aunque sea el primero en convencerlo de contravenir sus principios.

–Dile a Lancelot que Medusa le manda un besito –me decía por teléfono.

–Responde mi amigo que tiene ganas de hacer llorar a tu amiga –le respondía en una clave que nada tenía de críptica.

De aquellos días conservo el manuscrito de algo que le dediqué, cuando no le estaba dedicando una chaqueta. Algo como una carta dirigida a los hombres con los que estuviera después de mí. Una sincera advertencia de quien, como el poeta Ovidio, sabe que Medusa no es un monstruo sino la más bella calamidad de los hombres.

Instrucciones para besar a Medusa.

1) Ándate siempre solo. Eres su carnada.

2) Medusa tiene el poder de detener el tiempo. Imagínate cuánto podría durar un orgasmo a su lado.

3) A veces, la dueña de Medusa te servirá una copa en su ombligo para invitarte a beber. Es una trampa, te aviso; y caer en ella, tu obligación.

5) Permite que Medusa te bese. Te arrancará la boca a mordiscos. Pero sinceramente, después de probar sus labios, los tuyos ya no servirán para nada.

6) Las bocas que besan a Medusa y después la pierden, se cierran para siempre. Prefieren suicidarse antes que resignarse al adiós.

7) Nabokov se aproximó a contarnos cómo era, cuando escribió: “La punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes”, pero le faltó describir que esa misma travesía se emprende de subida, desde el glande hasta el corazón, en tres ágiles zancadas: Me.Du.Sa.

8) Arrodíllate ante ella. Lámela como lo harías con una flor que creciera en el cielo. Bebe de sus lágrimas. Es el llanto que deja el relámpago del placer. Cógetela como si quieras meterte completo entre sus grietas. Si la pones en cuatro, asegúrate de sujetar muy bien de sus nalgas, porque podrías despeñarte igual que un astronauta y quedarte para siempre flotando junto a sus entrañas.

9) Medusa sabe a pan. Huele a brisa de mar. Quema igual que el café recién hecho. Moja porque es una tempestad de color rosado. Susurra sin hacer ruido. Aparece en sueños igual que un espectro. Esconde en su forma de almeja la inmarcesible perla del amor. Por eso, su dueña transforma al mundo cuando le abre los labios para que puedas ehumar del cementerio su clítoris.

10) Medusa: Bendita, entre todas las musas. Llena eres de sexo. Y bendita es la fruta al final de tu vientre, donde se dividen tus piernas. No soy digno de entrar en ti, pero una palabra tuya bastará para excitarme. Amén.

 

 

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