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Extasionamiento: ¿por qué me gustan los hoteles de paso?

Hoteles-de-paso
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1) No existen en ninguna otra parte del mundo. Más allá de la frontera les llaman moteles. Pero aquí son “de paso”; como las tortugas que regresan al mar, quienes se refugian en un hotel de paso saben que la felicidad no es eterna. Dura sólo un instante. Cuatro horas para ser precisos.

2)En las películas de Hollywood, los moteles son siempre habitáculos de dealers y asesinos en serie. Pero en México, los hoteles de paso son cómplices de fechorías mucho más felices: las de los amantes que se tienen que arañar a escondidas.

3)Siempre hay alguien en la Recepción que pregunta “¿para quedarse?”, aunque de antemano sabemos que nadie se quedará. Aunque cuando ella te abraza entre sus piernas, cuando no te alcanza el oxígeno para pronunciar su nombre y sientes que inexorablemente te vas a venir, quisieras estacionarte en el hotel de paso por toda la eternidad.

4)Cuando te topas con otra pareja en el pasillo o el ascensor, los cuatro voltean al piso para esconder los ojos. Como si con mirarse, los demás adivinaran la historia del otro. La secretaria y el gerente que mezclan el placer con el trabajo. El Sugar Daddy en busca de su último turno al bat en la vida, junto a una núbil protegida. El adulterio en todas sus presentaciones. Como si eso le importara a alguien.

5)Las paredes oyen. A través de los muros se cuelan gemidos ajenos, salvajes golpes de cabecera, gargantas rotas que pronuncian el nombre de Dios en vano, orgasmos voraces que no se pueden atrapar con las manos. Diminutos jabones rosados importados de Venus.

6)No importa qué tanto platiquen en el auto, apenas se queden solos en la habitación de un hotel de paso, guardarán silencio. Guardarán luto por los pecados que están a punto de cometer. Ella entrará al baño. Él encenderá la televisión. Luego ella saldrá y cerrará las cortinas, por más que los vidrios de esos lugares siempre sean opacos. Pero una vez que se besen no volverán a platicar hasta que se hayan explorado de pies a cabeza con la lengua.

7)Conviene llevar una botella de vino, un six de cervezas y dos paquetes de condones a los hoteles de paso. También silenciar el celular y la conciencia. Ya habrá tiempo de inventar una coartada cuando los dos hayan salido de ahí. Si de verdad Dios está en todas partes, es el único que tiene prohibida la entrada a los hoteles de paso.

8)Falso es que haya una cámara detrás del espejo. Pero es bueno fantasear con que sí. Mirarte en el espejo de la pared y en el del techo como lo haría un voyerista. Protagonizar tu propia película porno amateur. Sumir el estómago, endurecer los bíceps y sonreír a los fantasmas que te aplauden.

9)Un nombre siempre regresa a su hotel de paso favorito. Quisiera morir en su cama, desnudo, cubierto de sudor y el regusto de una mujer, de la subrepticia aventura en los labios.

10)Un 69 para abrir boca. De Misionero, para mirarla gozar. De Perrito, porque todos los caminos tarde o temprano conducen al culo. La Vaquerita (Andromaco, le dicen los cultos), para renovar energías y sea ella quien escriba la partitura del placer. Tantas emociones como en una Montaña Rusa. Viéndolo bien, los hoteles de paso son a los Calientes lo que Disneyland a los niños.

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