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Las aventuras sexuales de Casanova, ¿el primer playboy?

Casanova-película
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A Casanova podríamos llamarlo el primer playboy: un hombre cuyo único objetivo fue disfrutar los placeres de la vida. Gracias a un político veneciano (que se convirtió en su tutor) conoció la vida de lujos y placer de Venecia: vino, apuestas y los mejores lugares de la ciudad. Se trataba de una vida envidiable, pero no estaba satisfecho con el lujo, algo más movía su pasión.

El inicio de una obsesión

Giacomo Girolamo Casanova fue hijo de un actor y una bailarina, educado por su abuela en Venecia (su padre murió joven y su madre vivía en giras por Europa), la capital europea del placer, donde los vicios inundaban los canales a través de carnavales, apuestas, bebidas y cortesanas.

Su abuela no tenía el tiempo y las fuerzas para controlarlo, por lo que Abbé Gozzi, su instructor de primaria, se convirtió en su tutor. Fue en su nuevo hogar donde conoció a Bettina, la dama que le hizo darse cuenta que las mujeres serían su obsesión. En su ser nació un sentimiento que nunca había experimentado, deseaba estar con todas las damas que le rodeaban, sensación que a la larga lo convirtió en el adjetivo que la Real Academia de la lengua describe como “Hombre famoso por sus aventuras amorosas”.

 

Casanova-grabado

 

Apetito insaciable

No pudo cumplir sus deseos carnales con Bettina; Casanova aseguró que su primera vez fue un trío con Nanetta y Marta Savorgan, relación que dio inicio a una vida de intensa pasión.

A pesar de su fama actual, Casanova fue más allá de tener aventuras amorosas, era un genio de su tiempo, entró a la universidad a los 12 años y a lo largo de su vida estudió filosofía moral, música, química, matemáticas y medicina. Los estudios no eran su único talento y a lo largo de su vida se desempeñó como espía, violinista, militar, librero, experto en religión e incluso monje. Sin embargo, en cada una de estas experiencias laborares fracasó por seguir a un amor, hizo de las mujeres su profesión y no le importaba nada con tal de estar con una.

No era de su incumbencia el origen, como le sucedió en 1761 con una hermosa joven llamada Leonilda. El sexo fue intenso y agradable hasta que se enteró que Lucrezia Castelli era su madre; con aquella afirmación se dio cuenta que acababa de tener relaciones con su propia hija.

No le importaba el lugar, como en el caso de Marina Morosini, una monja que hizo suya en el cuarto de un convento mientras el otro amante de la religiosa los miraba desde un cuarto secreto.

No le importaban las circunstancias: en una ocasión, Guistiniana Wynne, hermosa joven parisina, le confesó que estaba teniendo una aventura con Andrea Memmo y estaba embarazada de él. El niño tenía el potencial de arruinar su reputación, por lo que Casanova se ofreció para ayudarla: la convenció que aplicaría un ungüento especial en su pene y el sexo haría que abortara. Sobra decir que el “remedio” no la ayudó y Wynne tuvo al bebé.

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Casanova-plale-verrou

 

En pocas palabras, vivió al extremo y seguramente alguna ocasión afirmó que “En tiempos de guerra cualquier hoyo es trinchera”.

Un legado sexual

Los últimos años de su vida los pasó trabajando como un librero, una vida triste que casi hace que se suicide. Afortunadamente encontró en la escritura una pasión y redactó Histoire de ma vie, un recuento de todas sus aventuras.

No tenía la intensión que el texto fuera publicado, por lo que no dejó ningún detalle fuera de sus descripciones, sin importar lo vergonzosas que fueran, como la eyaculación precoz o perder una erección. En total aseguró que tuvo más 130 parejas sexuales, con las cuales únicamente deseaba satisfacer sus impulsos sexuales y no se casó con ninguna.

 

Casanova-retrato

 

Este sentimiento lo llevó a incorporar el condón a sus actos, era una práctica liberadora porque dejaba fuera de la relación a la procreación, para que únicamente quedara el placer sexual.

Muchos aseguran que sus aventuras fueron un mito surgido de su autobiografía, pero sus memorias son prueba que su deseo sexual marcó a toda una generación.

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