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Grand Guignol; el teatro que horrorizó a toda Europa

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El teatro Grand Guignol llevó por años al escenario historias de tortura, sexo y miseria. Una aventura a los peores horrores del ser humano
Grand Guignol; el teatro que horrorizó a toda Europa
Escrito por: Iván Montejo
IvanMTrapero

 

Stefan Zweig en sus memorias recuerda que en  su juventud vivía en un mundo idílico bajo la monarquía austriaca donde todo parecía perfecto y los conflictos habían finalizado: “Nadie creía en las guerras, las revoluciones ni las subversiones. Todo lo radical  violento parecía imposible en aquella era de la razón.”

Buena parte de Europa vivía dominada por este sentimiento, el progreso por fin había triunfado y la era de la destrucción había quedado atrás o en algunos rincones “salvajes” del mundo. Aquella realidad fue testigo de la obra de un antiguo secretario de la policía que en 1897 les recordó a los “ilustrados” los horrores que negaban ver:

“Ahí ante tus ojos, el vapor se eleva hacia el techo mientras la cara de una anciana es presionada en una estufa caliente; una niña grita y sangra al mismo tiempo que sus ojos son arrancados con alfileres de sombreros; la bala dirigida a la cabeza de un joven libera “sangre” líquida que lentamente se coagula en el suelo […]”

Esa fue la descripción que la revista SEE hizo años después al espectáculo del horror que por décadas aterrorizó a la Ciudad Luz: Le Théâtre du Grand-Guignol.

 

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Grand-Guignol-teatro-edificio

 

El primer crimen

Para ser testigos de los baños de sangre los asistentes se tenían que sumergir en el distrito del sexo del barrio parisino de Pigalle. La basura, los vagabundos, las prostitutas y la oscuridad formaban parte del comité de bienvenida a todo el valiente que buscara ser testigo de los peores horrores del ser humano.

El edificio había sido adquirido por Oscar Méténier, el padre de las pesadillas y fundador del teatro, mismo que se encargó de convertir la antigua iglesia en una cámara de torturas. Los ángeles y confesionarios que alguna vez prometieron la salvación a sus visitantes, pasaron a ser tétricas figuras de madera que brindaban una atmósfera gótica casi infernal.

 

Grand-Guignol-teatro-interior

 

Se trataba del teatro más pequeño de la ciudad, perfecto para crear una especie de claustrofobia, sentimiento que era explotado con escenarios que evocaban celdas, cuartos de burdeles, tiendas y rincones de manicomios. Característica que fue explotada con una de las primeras obras, Mademoiselle Fifi, una combinación entre el erotismo y la violencia, cuyo contenido hizo que fuera censurada temporalmente por las autoridades. Se podían tolerar prostitutas en las calles, pero no en el escenario.

Todos los actos seguían una fórmula bautizada douche écossaise, una ducha que llevaba al espectador del calor al frío. Primero los espectadores incrédulos experimentaban las llamas del infierno con una sesión de tortura visual, para pasar a una especie de entremés protagonizado por una comedia oscura.

 

Grand-Guignol-teatro-actor

 

El comienzo de la carnicería

En 1898 Méténier dejó el puesto del director para ser sustituido por Max Maurey, persona que convirtió del show en una pesadilla de terror hasta 1914. El fundador buscaba llevar al escenario el mundo que rodeaba al teatro con la presentación de vagos, prostitutas, criminales y pobres, que se expresaran en su lenguaje propio; su sucesor continuó con esta tendencia, pero centró su enfoque en la brutalidad del ser humano.

 

Grand-Guignol-teatro-escena-1937

 

Los espectáculos normales miden su éxito con aplausos, pero Max Maurey lo hacía con el número de personas que se desmayaban durante la presentación, su deseo por llevar al público al extremo lo llevó a afirmar que buscaba hacer una obra que ninguna persona fuera capaz de ver en su totalidad.

Se dice que las mujeres horrorizadas se tapaban los ojos, que los hombres que se atrevían a ver los actos terminaban por vomitar y que incluso se tuvo que contratar a un doctor para atender los numerosos desmayos que había en cada función. Buena parte de este efecto tenía su origen en la mente de Andre de Lorde, “el Príncipe del Terror”, un experto en el horror que, con la ayuda de su amigo psicólogo Alfred Binet, se adentró en los rincones más oscuros de la mente humana.

 

Grand-Guignol-teatro-poster-Deux-Filles-De-Brest

La destrucción total

Los valientes espectadores que se atrevían a pagar la entrada eran testigos de visitantes a burdeles que se enfrentaban a la sífilis, sirvientes que se hacían de sus patrones sus víctimas y litros de sangre derramados. Esta capilla de asesinatos vio una nueva era con Camille Choisy, que entre 1914 y 1930 aumentó el realismo al mejorar los efectos especiales de luz y sonido.

Con la nueva batuta llegó Paula Maxa, la actriz que con el tiempo se convirtió en la “mujer más asesinada del mundo”, tras “sufrir” varios desmembramientos, violaciones, envenenamientos, estrangulamientos, e incluso en una ocasión fue “devorada” por un puma.

 

Grand-Guignol-teatro-Paula-Maxa

 

El realismo de los actos se basaba en la maestría con que se manejaban los efectos especiales. No todo era sangre ficticia, como lo mencionó la misma Paula Maxa en una entrevista citada por Richard J. Hand y Michael Wilson: “La imaginación es siempre superior a la realidad, y es la imaginación, sumada con el estremecimiento del alma, la que construye la poesía del terror”.

Stefan Zweig fue parte de aquella generación que temblaba detrás de las butacas. Parece que la paz hizo que varias personas buscaran esos horrores que se habían “extinguido”, pero la realidad les demostró que ese progreso sólo era parte de una simple retórica: “Hoy, cuando ya hace tiempo que la gran tempestad lo aniquiló, sabemos a ciencia cierta que aquel mundo de seguridad fue un castillo de naipes”.

Esa tempestad a la que se refiere el escritor austriaco son las dos guerras mundiales, que le demostraron al mundo los peores crímenes de la humanidad. El Grand Guignol por años pudo superar la censura de las autoridades, pero no soportó la sangrienta realidad, ¿quién podía ir a un teatro sádico cuando los horrores de las armas eran mucho mayores?

 

Grand-Guignol-teatro-poster-Gott-Mit-Uns

 

En 1962, el último director del teatro en una entrevista afirmó: “no podemos competir con Buchenwald [campo de concentración nazi]. Antes de la guerra todos creían que lo que pasaba en el escenario era pura imaginación, ahora sabemos que esas cosas –y peores—son posibles”. Unos meses después el controversial teatro cerró para siempre sus puertas, la realidad una vez más había superado a la ficción.

 

*Para saber más: el sitio grandguignol.com tiene una gran cantidad de artículos, carteles y obras presentadas en el teatro parisino.

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