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Esqueletos en el clóset: Diseñando un orgasmo

Escrito por:NANCY CASTAÑEDA

Las festividades decembrinas casi logran acabar conmigo, desde mi encuentro con el cineasta recibí regalos y peticiones, videos y fotos que me mantuvieron ocupada la mayor parte del tiempo. Cancelé algunas citas sólo con el fin de permanecer en casa probando mis obsequios, cada uno de ellos fue un orgasmo muy valioso que en su mayoría quedó grabado, pero no visto por nadie más que yo, y es que le estaba tomando cariño a observarme, mirar mi rostro siendo otra al estar poseída por el placer. 

Con el nuevo año, decidí enfocarme en la construcción de mis espacios, hacía tiempo que debía remodelar partes de mi hogar y pasaba de largo; le escribí a un amigo para que me contactara con un buen arquitecto y el contacto no se hizo esperar. Esa misma semana agendé la cita y ya tenía al hombre lanzándome propuestas para agrandar mi taller, y al parecer no era lo único que quería agrandar, podía sentir la tensión sexual y los coqueteos se fueron haciendo cada vez más obvios. 

Pensé en mi lista sexual, y nuevamente en las coincidencias, o mejor dicho, facilidades que la vida me daba para completarla.  Me faltaba tachar la escultura, la arquitectura y la literatura, agregaba el cine como un ser obsesivo pero paciente, siempre encontrando el mejor ángulo, provocativo, ampliando el deseo con la espera de la presentación final, sorpresivo pero manipulador del momento perfecto. Ya tenía a la danza con un perfecto espécimen, dedicado, romántico, orgásmico; al músico como bestia que transforma los acordes en orgasmos, directo al punto, sin desafinar. Al pintor que sin duda fue quien me despertó, siendo altamente pasional, con sabor a tormenta, solventes y sexo animal.

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Aquello debía ser una fantasía completa, agendé una cita en oficina para el día siguiente. Llegué puntual, el lugar se encontraba en el piso 10 de un gran edificio, con amplios ventanales que dejaban ver toda la ciudad, pero él sólo me miraba a mí.  Dijo que pensaba llamarme para vernos en mi casa, debía volver a revisar algunas cosas, pero ya que estaba ahí me mostraría el adelanto de los planos que estaba diseñando. Los extendió sobre su escritorio, un poco ansioso. 

Yo no estaba prestando atención a nada de lo que decía, sólo dejaba pasar el tiempo mientras imaginaba que me tomaba sobre su lugar de trabajo, y es que había hecho bien mi tarea, busqué un vestido ajustado y corto que no tuviera que quitarse, ligueros y zapatillas altas de charol, no llevaba ropa interior.  Él seguía explicando, aunque iba perdiendo la concentración, apoyé mi trasero sobre el escritorio y le dije que estaba interesada en otro tipo de trabajo en ese momento, enseguida se fue sobre mí diciendo que había tardado mucho en pedirlo. 

Mi fantasía improvisada se estaba volviendo real, podía sentir debajo de mí como se arrugaban los planos. Sus manos comenzaron a hurgar bajo mi vestido que apenas y era un pequeño pedazo de tela, al darse cuenta que no llevaba nada que se interpusiera se desató aún más, comenzó a juguetear besándome el cuello, apretando mis pechos, le reventé los botones de la camisa y también comencé a besarlo. Sentí bruscamente su primera embestida, era más grande de lo que pensaba. No me contuve con los sonidos, aun cuando la recepción no quedaba muy lejos y junto a ella dos oficinas más, aquel día todo estaba lleno. Sabía que teníamos escucha activa y eso me motivaba un poco más. Tomó mis piernas abiertas y las levantó mientras yo me recostaba en ese gran escritorio, estaba gozando bastante, sin embargo, quería más. 

Bajé del escritorio, le di un beso, sólo uno, muy largo y travieso para luego darle la espalda. De inmediato volvió a penetrarme, me sujetó fuerte por las caderas, como si deseara meterse completamente en mí, no sabía qué hacía más ruido, sí mi boca o mi trasero golpeando contra él, pero definitivamente era bastante, su teléfono comenzó a sonar y al poco tiempo también un puño sobre la puerta. Él me tapó la boca con una mano y con la otra respondió la llamada, sólo tres palabras “estoy por terminar”. 

Es probable que la recepcionista escuchara enseguida los gemidos de ambos, efectivamente, terminando nuestra reunión. Bajé mi vestido y ordené mi cabello. Le dije que me gustaba el plano, que justamente quisiera ampliar más la iluminación donde había quedado mi orgasmo plasmado. Le di un beso en la mejilla y salí de la oficina, las personas me miraron desfilar sin alguna vergüenza, resplandecí orgullosa, sólo me faltaban dos artes por revisar.