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Ábranse que aquí les va la ver…dadera historia de nuestro amigo

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A todos los hombres nos preocupa el pene, por momentos más y por etapas menos, pero a todos nosotros nos obsesiona el miembro viril propio y también los ajenos; y no hablo de una preferencia homosexual, me refiero a que desde pequeños, hablando de la edad no del tamaño, comparamos nuestro juguete con el de los amigos, lo vemos al espejo, posamos desnudos ante el reflejo para analizarlo, lo medimos con la mano, le tomamos medidas con una regla o hasta con un lápiz; checamos si está chueco, si su color tiende al rosa o al negro, si es lo suficientemente largo para satisfacer nuestro ego, si es tan largo para poder hacer una autofelación, si es tan ancho como una mantecada, si está bonito (yo no creo que haya un pene bonito), si se ve mejor sin pelos, si se nota más voluptuoso al colocarlo en determinada posición, si es verdad que puede crecer si lo colocamos boca arriba o boca abajo, cómo lo podemos ocultar para que no se note con el traje de baño, qué nombre le podemos poner, cuál es el mejor preservativo para él, y evidentemente nos preocupa su capacidad para satisfacer a una mujer por su dureza, longitud y duración de erección.

Estas y otras anécdotas que protagoniza el pene no son sólo de tiempos modernos, desde la antigüedad ha sido protagonista de estudios serios, chistes, costumbres y leyendas. ¿Y por qué le hemos dado tanto peso al pene? Simple, la sociedad machista siempre le ha adjudicado al hombre la oportunidad de sentirse más importante, y en este sentido, el pene ha sido elevado a símbolo de poder. Podrás parecer un perdedor, pero si tu pene dice buenas cosas de ti, tienes una oportunidad; podrás ser el más guapo, pero si el desempeñó de tu pene no habla bien de ti, eres presa fácil, al menos de un comentario rico en ironía. Siempre he pensado que si le quitáramos fantasía al pene y lo tratáramos como un simple apéndice de cuerpo cavernoso, cubierto de piel retráctil, víctima de las frías temperaturas, cuya principal función es servir de conducto, vulgo manguera, para regar orina y espermatozoides, habría menos preocupaciones ociosas y hasta menos machismo; pero esto no va a suceder porque por siglos nos hemos encargado de hacer al pene Don Verga.

Cada primavera, por ejemplo, en Japón celebran el festival del pene de metal. La leyenda cuenta que en la antigüedad una joven sería desvirgada en su noche de bodas pero cuando el marido la penetró, un demonio que habitaba la vagina de la mujer lo castró. Tiempo después, la misma joven tendría otra pareja que en el intento de consumar el acto carnal sería mutilado por el mismo demonio. Entonces un herrero construyó un pene de metal para que penetrara la vagina de la chica y le rompiera los dientes al demonio. Seguro imaginan la festividad de la ciudad de Kawasaki en la que año con año mujeres y hombres juguetean, rezan y rinden honores a penes de distintos colores, materiales, texturas, sabores y tamaños. En Islandia se construyó el museo falológico para exhibir casi 200 penes de 93 especies de animales. En Tailandia, las mujeres que desean embarazarse acuden al santuario Chao Mae para pedir que se les haga el milagrito, si lo consiguen regresan al templo para dejar un pene de madera como agradecimiento. En Dorset, Inglaterra, hay un geoglifo, es decir, un dibujo que sólo se puede apreciar completo desde una vista aérea, similar a los crop circles del fenómeno OVNI, tal geoglifo es llamado el gigante de Cerne Abbas, es una figura del siglo XVII de un hombre con un pene tremendamente erecto. Así, la tradición dice que si tienes problemas de infertilidad debes tener relaciones sexuales en el predio, en la zona del pene para lograr concebir.

Insisto, por los siglos de los siglos le hemos dado importancia de más a un trozo de carne, una masa dúctil que en promedio, a nivel mundial, crece en excitación poco más de 13 centímetros. La preocupación del hombre por su pene y lucir con él un todopoderoso, ha provocado que se gasten millones de dólares en estudios científicos, todo para que el macho no se sienta menos ante su hembra. Las conclusiones son contundentes, la profundidad vaginal de una mujer es de menos de 12 centímetros, entonces ¿Para qué queremos más?; 55 por ciento de los hombres están preocupados por el tamaño de su pene, pero solo 15 por ciento de las mujeres desean un pene mucho más grande; y solo el 0.14 por ciento de la población masculina en el planeta Tierra tiene un micro pene.

Dejemos de boicotear nuestro miembro, de hacernos chiquitos y mejor prestemos atención al glorioso clítoris. Difícil de creer.

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