LIBROS AL DESNUDO: ESA MANÍA AL LEER…

El estigma del lector se ha derrumbado con la modernidad. Lejos quedó la anticuada imagen del ratón de biblioteca que leía en soledad alumbrado por una ligera luz que caía sobre sus hombros con un silencio monacal; o la más actual y snob, la del lector que en su sillón reposet requiere de vista privilegiada a algún hermoso paisaje, chimenea, una taza de café o copa de vino tinto y un disco de jazz escuchándose para poder abrir un libro. Aquellas imágenes se forjaron debido, cierto, a hábitos geográficos, históricos y sociales, pero también al mito de relación libro-intelecto que permitía leer a sólo unos cuantos y después, cuando el libro se volvió de más fácil acceso, que leer era sólo para unos cuantos. Afortunadamente esas relaciones quedaron atrás y, como lo dije en un principio, lo vertiginoso de nuestros tiempos arrasó con la posibilidad leer en espacios y modos ideales. Ahora se lee cuando se quiere y se puede; montado en bicicleta (haciendo alusión al título de la obra de Gabriel Zaid), mientras te bañas (como lo hacía Mario Santiago Papasquiaro) o cuando estás en un sepelio o en el hospital (así lo hice hace poco mientras operaban a mi padre y velábamos a mi abuela). Los lugares y los momentos son infinitos, así como las circunstancias de cada quien diferentes, por ello analizarlas es curioso, ver la manera en cómo se lee y descubrir esas manías que no hacen daño a nadie y las cuales forman parte del ritual para disfrutar una obra. Me di a la tarea de conversar con algunas personas y preguntarles sobre sus manías lectoras. Las respuestas fueron divertidas y sorprendentes, como las historias de los buenos libros.

 

 

 

@luisferegrino dice que requiere de un lápiz para comenzar a leer apelando al sabio hábito de subrayar fragmentos que deben quedar al resguardo del carboncillo, no obstante, como el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, le parece un sacrilegio hacerlo con pluma. “La tinta no me gusta, es muy definitiva”, dice Feregrino.

@chedepaul es breve pero categórica: “No puedo dejar un libro pendiente en una página con número impar.” No sé ustedes pero a mí me sería muy interesante saber el origen de esta manía.

A @georginnasev le ocurre algo que comparte con Balzac, ella dice “Leer y que se me vaya la onda (perder la atención) pensando en tontadas, regresar al texto y decir –déjame mejor me regreso- y vuelvo a leer lo que según <ya había leído>”. El escritor francés tenía la manía de volver a leer el libro que terminaba porque decía perderse de situaciones claves de la historia por cosas como levantarse a preparar otra taza de café, ir al baño o interrupciones de personas que le buscaban, al principio solía retroceder unas cuantas páginas pero se dio cuenta que terminaba por no avanzar tras hacerlo una y otra vez a la misma parte, por ello optó por leer de corrido dos veces el libro y así convencerse de que lo había hecho debidamente.

@soniagamero1 honra a los libros con su pensamiento durante unos días, casi como un luto: “Antes de iniciar un libro lo acaricio, admiro el diseño de la portada, leo la contraportada, todo un ritual de iniciación. Al concluirlo no comienzo otro hasta transcurridos un par de días en los cuales rememoro lo leído e invento finales alternativos.”

@veronicalderon es honesta y comparte algo que muchos padecemos pero pocos admitimos: “Soy celosa de mis escritores favoritos. No me gusta que a otros les gusten los mismos poemas o novelas. Es totalmente egoísta y absurdo. Y sólo me pasa con muy pocos.”

@uvejota comparte la suya: “Necesito leer antes de dormir. Siempre leo más de un libro a la vez y los organizo así: lectura por chamba, lectura para cuando viajo en el metro o en bus, lectura para la hora de la comida, lectura para un rato libre y lectura para la noche…” Esta manía, que pudiera ser de las más extrañas en realidad es muy común (yo la comparto) entre los lectores que tienen inserto el hábito de leer o que forma parte de su cotidianidad, de hecho podrían existir más categorías: lectura para el baño, lectura para viajes cortos, para viajes largos, lectura para lugares ruidosos…

Una que me sorprendió y no comprendí del todo fue esta manía de @ElPrincipitoTW quien declaró “Leer el final. Sí, sé que es horrible pero perdí la paciencia un día aciago y desde entonces veo el final y ya luego leo ordenadamente. Otra pésima es releer para atrás.”

El catálogo es enorme: hay quienes antes de cambiar de página revisan el número en la que van, los que se persignan antes de comenzar un libro, los que deben terminar cuasi ley un capítulo o un párrafo antes de dormir (@Caelli77), los que transcriben todo lo que leen, los que leen mientras se beben un café (@libreros), no leer textos con violencia muy descriptiva (@giselagep), comprar siempre dos ejemplares del mismo libro sin una razón aparente… entre muchas más.

Conocer estas formas de leer confirma que el libro es un objeto que posee al lector, que lo moldea y se fusiona con él. Si para muchos las manías suelen ser patologías que interfieren con los estilos de vida, para el lector es una forma de ir más allá, de naturalizar el consumo de palabras. Quizá muchos no éramos conscientes de estas acciones y seguiremos sin serlo después de verbalizarlas, porque nos volcaremos a lo verdaderamente importante: al gozo que nos causan los libros.