En la Ciudad de México, donde el taco es cotidiano y la novedad dura poco, pocas taquerías logran instalarse en la conversación. Los Caramelos lo ha hecho apostando por algo simple: traer el taco estilo Sonora sin adornos, con buena técnica y una identidad clara.
El proyecto, que muchos asocian con su local en la zona Condesa–Roma, en realidad opera en dos sucursales de la capital —una en la Condesa y otra en en la colonia Cuauhtémoc—, señal de que la propuesta ha encontrado público más allá del circuito hipster.
Aquí el discurso no es la innovación, sino la ejecución.
El eje del menú es el caramelo, preparación típica del norte del país: tortilla dorada al comal, relleno generoso y un armado compacto que permite comerlo sin que se desarme.
La clave está en la tortilla, apenas tostada para aportar textura sin perder elasticidad. A partir de ahí, los rellenos —carne con queso, frijol o combinaciones sencillas— funcionan porque mantienen equilibrio: suficientes para ser sustanciosos, pero sin exceso.
No buscan reinterpretar el taco chilango ni competir con la calle; su apuesta es distinta: un taco norteño práctico, dorado y directo.
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Los locales son informales, con servicio rápido y preparación visible, más cercanos a un punto de antojo que a un restaurante. El aroma de la tortilla caliente y la rotación constante de pedidos marcan el ritmo.
Este tipo de propuestas responde a una tendencia clara en la CDMX: lugares que se concentran en un solo producto bien hecho, capaces de construir clientela a partir de la consistencia.
En ese sentido, Los Caramelos no intenta reinventar nada. Su fortaleza está en repetir la fórmula correctamente.
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Si buscas tacos estilo Sonora en la CDMX o quieres probar una alternativa al taco chilango tradicional, sí.
Los Caramelos funciona para una comida rápida, para resolver el antojo sin complicaciones o para quienes prefieren sabores contundentes y porciones claras. Es una opción cumplidora —y justo por eso, fácil de repetir.