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RADIOHEAD Y MIS TÍOS

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Esta mañana, vagando en Twitter, encontré esa foto de Radiohead. O debo decir, de un disco floppy (aquel antiguo formato de almacenamiento de 3.5 pulgadas que una parte de los millennials ya no conocieron) con las instrucciones para escuchar la música del Ok Computer en una PC (¿también debo explicar lo que era una PC?).

 

La foto de 1997 parece arqueología viva. Además del montón de palabras que cayeron en desuso en el párrafo anterior, habla de una época de sistemas de entretenimiento que pasaron de lo colectivo a lo personal. Habla de familias compartiendo lentísimas computadoras de escritorio y siguiendo complicados pasos para escuchar su música o disfrutar de un contenido. Habla de hijos que se deslindaban del monopolio radiofónico de sus padres.

Son veinte años de revoluciones condensados con la etiqueta de uno de los álbumes de rock más importantes de la música contemporánea. Y aunque soy fan de la banda de Oxford, también debo confesar que al mirar esa imagen pensé: nuestros días se están tragando a Radiohead, como le pasó al floppy, como le pasó a la PC.

No hablo de su rumbo musical (la banda ya tiene un legado y una estela de discos maravillosos), sino en el modo como las nuevas generaciones los ven. Si los ahora treintones nos escandalizamos de que tocaran o no “Creep” como si la ética de la historia musical dependiera de ello, a bastantes amigos, tanto jóvenes como viejos, lo que más les carcomió del grupo fue la reciente demanda que le hicieron a Lana del Rey por plagiar esa misma canción para su rola “Get free”.

 

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Fue como si los tíos estudiados y progresistas que nos enseñaron a tocar, de repente se enojaran porque una prima youtuber compusiera con los mismos acordes, los acordes que ellos también habían tomado “prestados” (¿alguien ubica a The Hollies, quienes le ganaron una demanda a Radiohead por la misma razón?).

La conclusión en ciertos análisis entre ambas piezas es que Del Rey pudo inspirarse en su camino escuchando la música de la banda británica, aunque no forzosamente. Mientras tanto, digamos que los cds geniales de la música alternativa británica acusaban mediáticamente al streaming del pop estadounidense que habrían producido sin darse cuenta.

Toda esta digresión brotó de esa foto vintage que recuerda en un parpadeo 20 años de transformaciones musicales, tecnológicas y de entretenimiento. Y para quien quiera aprovechar este fin de semana de tamales, puentes, mejoría de clima y de Super Bowl, no estaría de más escuchar el OK Computer. Porque los tíos ingleses, aunque envejecidos y algo gruñones, compusieron un álbum increíble.

 

 

Por Adán Medellín

 

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