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La obra que aún no aparece en museos

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LOS MEXICANOS RECORDAMOS CON ESPECIAL CARIÑO LA CHILENA QUE HIZO LEYENDA A HUGO SÁNCHEZ EN EL REAL MADRID. PERO CRISTIANO RONALDO PERFECCIONÓ ESA PINCELADA EN LA ELIMINATORIA TURINESA DE LA MÁXIMA COMPETENCIA DE CLUBES EN EL MUNDO: LA CHAMPIONS.

Cristiano Ronaldo ya puede abandonar la Tierra y ponerse a jugar contra los marcianos. Aquí ya lo ha hecho todo”.
Álvaro Arbeloa, ex jugador del Real Madrid.

Desafió a la gravedad. Rompió las leyes de la física y estremeció al mundo entero con esa milagrosa forma de levitar hasta antes de golpear el esférico. El más estético de los goles de los últimos años ha quedado inmortalizado con esa silueta que muchos han enmarcado para que el olvido nunca la oxide.

 

POR CARLOS GUERRERO WARRIOR @carloslguerrero

 

Corría el minuto 64 en Turín cuando el tiempo se detuvo. El hombre de Madeiras fue el autor intelectual para frenarlo todo, con la sapiencia de un viejo relojero que tiene dominado el pulso para tomar la corona con la punta de las yemas. Una pletórica escultura modernista cobró forma en centésimas de segundo con el fino cincel de un portugués que detalló y pulió la obra de tal forma que, al firmar su creación con el balón dirigido a la gloria, diversos museos ya corrían hasta Italia para arrebatársela.

Zinedine Zidane se llevó la mano derecha a la cabeza como un acto reflejo de lo ilógico. De lo inverosímil. Giró hacía el banquillo y sacudió la misma mano consternado como si un meteorito hubiera caído en el minado campo de la Juve. Asombrado y estupefacto, como si en ese instante se hubiera roto un acuerdo de paz mundial, comenzando así una Tercera Guerra Mundial. Sí, el maestro Zidane, atónito, no comprendía cómo emergía otro artista de facultades barrocas, surrealistas, impresionistas, abstractas y expresionistas en pleno 2018.

Apenas el balón seducía a las redes cuando el cuerpo de Cristiano Ronaldo regresaba de su espiritual asunción. Apenas descendía de los cielos con el himno sonoro de gol cuando las portadas del día siguiente estaban confeccionadas. CR7 volvía a demostrar que la UEFA Champions League es un traje a la medida para el Real Madrid y que el formidable torneo es su alfombra perfecta para desfilar retacado de glamour sobre ella.

Lo demás, fue lo de menos. Ni la atajada crucial de Keylor Navas, ni el sonriente gol de Marcelo, ni el misil de Kroos que estremeció el marco de Buffon. Era la noche de Cristiano Ronaldo, el futbolista más atleta y el atleta más futbolista de todos los tiempos. El que puntada a puntada ha perfeccionado su cuerpo hasta convertirlo en una máquina suprema.

Ya nada importaba. Ni el resultado final, ni el legendario escenario. Todo se transformó en un reconocimiento masivo. Palmas en el graderío de quienes pagaron para apoyar a la Juve sin saber de la grandiosa compensación que se llevarían.

A Messi en ese instante no lo seguía ninguna cámara como a Zidane. El argentino, relajando las piernas en algún sofá durante la concentración blaugrana, aplaudió silenciosamente para sí. Ni el más dotado técnicamente de la actualidad, estoy seguro, pudo mantenerse estoico cual iceberg ante la genialidad de su eterno y sano rival. Un Donatello aplaudiendo a un Verocchio. Un da Vinci conmovido por la obra de un Botticelli. Un Beethoven ovacionando a Bach. Un Messi elogiando a Cristiano Ronaldo. El par de portentosos con un balón en forma de pincel, de arcilla o de violín.

¿Pero saben algo? No siempre estarán ahí. Algún día dejarán esos óleos verdes por donde sus piernas trazan líneas llenas de arte. Y entonces sí, los extrañaremos tanto que nos arrepentiremos de haber perdido demasiado tiempo intentando meter a los genios en el mismo frasco con innecesarias comparaciones.

A estos dos disfrutémoslos al máximo, más allá de colores y nacionalidades. No les queda tanto. Duele decirlo, pero llegará el momento en que por más que intente Cristiano Ronaldo otra chilena, sus músculos le dirán: basta ya. Detente o te detengo. Y de la misma forma, aparecerá la funesta noche negra donde Messi se dé cuenta que por más conectados que estén sus cables, por dentro será irreparable el desgaste en cada fibra.

La historia del deporte ha entregado rivalidades tan voraces a cuentagotas. Roger Federer y Rafael Nadal, Muhammad Ali y Joe Frazier, Alain Prost y Ayrton Senna, Diego Armando Maradona y Michel Platini, pero ninguna tan delirante y con tantos ingredientes para fortalecerla como la de Messi y Cristiano Ronaldo.

En los tiempos donde la inmediatez es absoluta, donde la tecnología  hace llegar en el mismo instante el gol de chilena de CR7 en Rusia, China, Sudáfrica, México y Paraguay; donde Facebook y Twitter se convierten en grandes aliados, no queda más que sentarnos en el sillón y dejarnos llevar por sus grandes obras.

 

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