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La amante fotógrafa con daddy issues de John Lennon

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Si el desquiciado Mark David Chapman no hubiera jalado el gatillo el 8 de diciembre de 1980, este martes John Lennon hubiera cumplido 78 años.

May Pang, la que fuera su joven amante durante más de un año y medio, cumplirá 68 el próximo 24 de octubre.

No es que el músico le fuera del todo infiel a Yoko. En realidad fue ella –que a su vez le llevaba 7 años a John– quien la metió en su cama. Sucedió en el verano de 1973, cuando el británico atravesaba una profunda depresión y lo que es aún más fatal para un artista, un bloqueo creativo.

Yoko, que como cuenta el periodista Robert Rosen en su libro Nowhere man: los últimos días de John Lennon, no tomaba ninguna decisión sin antes consultar con su equipo de psíquicos (incluso la célebre entrevista que el matrimonio otorgó a Playboy en el año de su muerte, fue decidida por el Consejo de videntes que sesionaba en el edificio Dakota), resolvió que la cura para su esposo, y el único remedio ante el inminente divorcio que se avecinaba, residía en la juventud, frescura y lozanía de la joven secretaria de ascendencia china.

Cuenta May que aunque en un principio la diferencia de edades con John, además de la idea de irse a la cama con un hombre casado la hizo dudar, finalmente accedió ante el trato caballeroso, paternal, pero a la vez seductor del exBeatle.

Si bien era un amante experimentado que aprendió a estimular cada célula de su cuerpo cuando se iban a la cama, como la vez que fornicaron como salvajes en la misma cama en la que John F. Kennedy y Marilyn Monroe sostuvieron sus prohibidos escarceos sexuales, al final lo que la conquistó fue el refinado intelecto del inglés, sumado al aura protectora que desplegaba sobre su joven compañera.

May Pang tenía daddy issues. Y Lennon, que le robó su primer beso en un ascensor y desde ese momento se enganchó como un junkie de la incendiaria inocencia de la veinteañera, aplicó en su relación las tres reglas que conquistan a una muchacha con esas características: la sentir a salvo, la invitó a divertirse a su lado de formas únicas, que no necesariamente tenían que ver con la fortuna del compositor (como cuando viajaron por carretera en Estados Unidos sólo por el placer de sentir que el aire les golpeaba la cara) y sobre todo, despertó en ella una profunda admiración que inevitablemente se transformaba en explosiones eróticas apenas cerraban por dentro la puerta del dormitorio.

Una vez, después de hacer el amor, se cuenta que vieron un ovni sobrevolando en el departamento que compartían en la calle 52.

Lennon a su manera admiraba el apetito que May Pang tenía por aprender. Le regaló una cámara Polaroid y la animó que inmortalizara su desliz de ensueño en fotografías. Aunque durante muchos años esas imágenes se mantuvieron ocultas, vieron la luz hace diez años, en 2008, a través de un libro titulado Instamatic Karma.

En el se recogen esos momentos de ensueño capturados por la joven amante con daddy issues de Lennon, al interior de la burbuja que había construido junto a John y que aunque se rompió formalmente en 1974, ambos continuaron siendo buenos amigos y acostándose hasta 1977.

Pese a su inexperiencia, fue May la que aconsejó a Lennon que retomara la relación con su hijo Julian, hijo de su primer matrimonio con Cynthia Powell. Además, en palabras del exBeatle, lo inspiró a escribir hermosas canciones, a colaborar con David Bowie y Mick Jagger; e incluso, agradeció a May en los créditos del disco Wall and bridges por coordinar las agendas de los invitados a la grabación.

La muchacha se transformó en musa. Le brindó un respiro creativo y un remando sexual a un John Lennon que se acercaba a su crisis de los 40.

Aunque por lo mismo, también representó una de sus etapas etílicas más destructivas, quizá en un afán por recuperar esa juventud que se le esfumaba pero se desbordaba como miel en el cuerpo firme de May Pang. Fue por esos excesos que Lennon se refirió a ese tiempo como “El fin de semana perdido”.

Ella, por su lado, encontró en su amante otoñal una figura de admiración que la convenció de entrar en el mundo del arte. Actualmente es dueña de una línea de joyería Feng Shui.

Aunque fugaz, el secreto de la tórrida relación entre ambos fue como en la canción de José José, “tu juventud y mi experiencia”.

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