Kings of Thrash: una noche bajo los efectos de la droga del pasado
Así debió ser un show de Megadeth muchos años atrás. Quizá con sutiles diferencias: sin celulares, por ejemplo, con un audio deficiente, pero con la misma energía desbordante que Kings of Thrash —el grupo integrado por los excomponentes David Ellefson y Jeff Young— derramó sobre el piso del Fuck Off Room, formando charcos que se mezclaban con cerveza.

Foto de Henrix Gaytán
El setlist estuvo compuesto por la crudeza y el enfado característicos de los primeros años de Megadeth. Desde la instrumental “Into the Lungs of Hell”, la dedicada a la mascota del grupo “Rattlehead”, “Skull Beneath the Skin” y, por supuesto, la súper coreada y celebrada a brutales caballazos “In My Darkest Hour”.
Megadeth viene a México a despedirse con tres conciertos
—¡Toquen Ride the Lightning! —sugirió algún cábula, y la mayoría se rió al cachar la broma.
A Ellefson se le vio feliz. Complacido de que su historia musical pesara mucho más que el escándalo que lo llevó a ser expulsado de las entrañas del monstruo que ayudó a crear. Si bien el destino lo llevó de las grandes arenas de regreso a los pequeños clubes, el originario de Jackson, Minnesota, constató que el público no lo olvida. Con cada descarga, nuestras neuronas viajaban con la velocidad de un DeLorean a tiempos pretéritos.
Me pasó por la cabeza la tarde remota del 19 de septiembre de 1998, cuando llegaba a la Facultad caminando desde el metro y me encontré a Casandra, vestida como siempre de negro, apresurada en sentido contrario.
—¿No vas a entrar a clase?
—¡Voy a Megadeth! —dijo, antes de levantar la mano y desaparecer entre el mar de estudiantes.
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Un chorro helado me cayó en la cabeza y me devolvió al presente. Agradecí que estuviera frío; me quité los anteojos y los limpié con la orilla de mi camiseta. Volví a concentrarme en la ejecución del riff de “Tornado of Souls”, con la que los Kings of Thrash clausuraron la primera tanda de 16 canciones. Incluida en Rust in Peace, cuya portada muestra a Vic Rattlehead examinando el cuerpo de un extraterrestre, sin duda es una de las muestras más deslumbrantes de la mancuerna de composición que Ellefson y Dave Mustaine solían mantener antes de su fractura.

Foto de Henrix Gaytán
El grupo volvió para tocar tres más. Una de ellas, un cover a Riot V: “Swords and Tequila”. También “Wake Up Dead” y “Peace Sells”, esta última grabada en 1986, pero que —con la guerra en Ucrania, el genocidio israelí en Palestina y la sangre derramada en Sinaloa y Michoacán— cobra una relevancia indiscutible.
“¿Le has puesto un precio a la paz?”, dijo el cantante y guitarrista Chaz Leon. Al mismo tiempo, el baterista Fred Aching terminó por machacar la vida que aún palpitaba en sus tambores.

Foto de Henrix Gaytán
Así debió ser un concierto de Megadeth en los ochenta. El próximo en México tendrá lugar en una arena, para más de 20,000 personas. Y seguramente será espectacular porque se anuncia como la despedida del grupo. Un funeral al que Ellefson no fue convocado.
Pero mientras tanto, los Reyes del Thrash nos recuerdan que el pasado también es una droga y que, en dosis controladas, ayuda a enfrentar el presente.

