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Californifuck: Los Chili Peppers en México

Escrito por:Jafet Gallardo

¡Californifuck! 30 años. Debe haberla cantado cientos de veces y sin embargo, se equivocó. Entró unos segundos antes y si no se tratara del segundo sencillo del legendario álbum Blood Sugar Sex Magik de 1991, el que alcanzara el sitio 2 del Billboard Hot 100, tal vez nadie se hubiera percatado.

Pero cuando Kiedis se anticipó a pronunciar la estrofa “No quiero volver a sentir lo que sentí aquel día”, llevándose entre los pies el verso “conduzco en sus calles, porque ella es mi compañía”, el atestado Palacio de los Deportes cantó la canción tal y como la recordaba en el disco. Cada quien en su inglés, desde el aprendido en las escuelas particulares hasta el pergeñado al cobijo del “guasha-guasha”.

Por fortuna, el bajista Flea, el baterista Chad Smith y el guitarrista Josh Klinghoffer, que reemplazó a John Frusciante, supieron resanar el yerro sobre la marcha, dejando en claro no únicamente que a 30 años de existencia Red Hot Chili Peppers es un conjunto de músicos experimentados, sino una fábrica de hits mucho más fuertes que sus creadores.

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La primero de las dos actuaciones en México del grupo formado en Los Ángeles dejó poco sitio a la sorpresa y se instaló en la comodidad del karaoke.

¡Pero qué otra cosa esperaba uno sino emocionarse como adolescente cuando los Pimientos condimentaran una noche de martes con canciones como Monarchy of roses, Dani California u Otherside (esta última culpable de la afonía con la que varios oficinistas treintañeros se presentaron esta mañana a trabajar) o Californication, en la que detrás del cuarteto se proyectaron en las varias pantallas gigantes psicodélicas representaciones de ese Hollywood con el que RHCP mantiene una relación creativa de amor y odio!

Fueron 18 canciones, mayoritariamente de Californication (el disco de 1999) para adelante. Pero de repente los disparos nostálgicos a mansalva alcanzaron el corazón de los enchilados nacionales con el cover a Steve Wonder, Higher Ground (extraído del disco Mother’s Milk, de 1989) o la ya emblemática Give it away, incluida en el Blood Sugar Sex Magik, grabado en una casa encantada y en cuyo video aparecían los Peppers platinados.

Dos horas en las que vimos a Flea, de 50 años cumplidos en octubre pasado, saltar ágilmente, tocarse los dedos de los pies con la frente y hasta caminar de manos. Aunque su piel se cuelga por efecto de la gravedad, no exhibe un gramo de grasa. Lo mismo pasa con Kiedis, que en los acercamientos a la pantalla nos recuerda que hace ya tiempo que conocimos a aquel grupo que caminó por Abbey Road emulando a The Beatles, pero con calcetines cubriendo sus penes. Pero ya quisieran muchos hombres con medio siglo de edad a cuestas verse bien sin camiseta.

De hecho, de vez en cuando uno agradece ver sobre el escenario a una banda de rock con pinta de mugrosos (aunque en el fondo sean millonarios) en medio de tantísimas estrellas de la música que se visten como si fueran a desfilar en la Semana de la moda en París.

De romántica, nada

“¡Esto es una fiesta de canciones!”, dijo Flea en un español cumplidor que como era de esperarse, fue vitoreado por la mexicanez, tan habituada a aplaudir a cualquier extranjero que balbucee como bebé algunas palabrejas en el idioma de Tin Tan.

Mención aparte merece Klinghoffer, que no obstante de moverse, vestirse y hasta comportarse muy similar a Frusciante, supo realizar las variaciones adecuadas a los solos de guitarra como para que quede en claro que no pretende ser un clon de una banda que suele tener muy mala suerte con las 6 cuerdas, sino escribir su propia historia (aunque la agarró con 30 años de comienzo).

Las dos horas se fueron como la quincena. A las 11 estaban encendidas las luces, despedidos del escenario los integrantes de RHCP, a excepción de Chad que todavía lanzaba baquetas al apretado público. Por las pantallas nos enteramos que los más jóvenes de ahora son quienes suelen apretarse en el Mare Magnum del Mosh Pit, mientras los Forever Young preferimos la comodidad de mirar los toros desde la barrera para cantar Under the bridge tomados de la mano de la novia, aunque de romántica no tenga nada.

Californifuck you all!

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