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AG Suarez presenta el video de “Cada Diez a la Luna”

Escrito por:Playboy México

El rapero mexicano Ángel Suárez presenta una nueva lectura conceptual del proyecto: el Lado B, una reinterpretación artística como AG Suarez que profundiza en el significado emocional detrás del videoclip protagonizado junto a la modelo Yoselyn Rodríguez.

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Lejos de limitarse a la estética aspiracional y sensual que caracterizó su estreno esta segunda mirada invita al público a observar el video desde una perspectiva más introspectiva, donde el lujo, la piel y el silencio funcionan como metáforas de una relación intermitente y no resuelta.

Cada Diez a la Luna no plantea una historia de conquista, sino de repetición emocional: encuentros que regresan cuando la noche es suficiente, pero que nunca se quedan. En este contexto, la figura femenina deja de ser musa para convertirse en símbolo de idealización y ausencia.

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“El Lado B no busca generar impacto inmediato, sino permanencia”, señala Ag Suarez. “Es el espacio donde el éxito no soluciona la intimidad, solo la expone”.

Este relanzamiento no responde a una estrategia de novedad, sino a una resignificación narrativa, consolidando a Ángel Suárez como un artista que apuesta por la honestidad emocional dentro del hip hop contemporáneo mexicano.

El video oficial de Cada Diez a la Luna se encuentra disponible en plataformas digitales, acompañado ahora por un manifiesto artístico y contenido editorial que amplían su universo conceptual.

Cada Diez a la Luna: cuando el deseo es el inicio, no la respuesta

El Lado A de Cada Diez a la Luna es evidente desde el primer cuadro: piel, miradas largas, cuerpos que no piden permiso y una estética que entiende perfectamente el lenguaje del deseo. Ángel Suárez no entra tímido a escena; entra consciente de su imagen, del impacto y del juego visual que propone junto a Yoselyn Rodríguez. Es un video que seduce antes de explicarse.

Pero como todo lo verdaderamente interesante, lo importante no está en lo que se muestra, sino en lo que insiste en volver.

Ahí aparece el Lado B.

Si el Lado A es el cuerpo, el Lado B es la mente después del cuerpo. Si el Lado A es la fantasía, el Lado B es el momento exacto en que la fantasía se va y deja la habitación intacta, pero emocionalmente vacía.

En esta segunda lectura, Cada Diez a la Luna deja de ser un ejercicio de sensualidad aspiracional para convertirse en un retrato de la repetición emocional. El título ya no suena romántico, sino honesto: hay personas que no se quedan, solo regresan cuando la noche lo permite. No por amor, sino por costumbre, deseo o ausencia.

 

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La figura femenina —lejos del cliché de la musa— funciona como símbolo. Yoselyn Rodríguez no es un trofeo ni una conquista narrativa; es la representación de aquello que se desea intensamente, pero nunca se posee del todo. Está presente, pero no permanece. Acompaña, pero no habita. Exactamente como muchos vínculos contemporáneos.

Ángel Suárez, por su parte, no adopta el rol del rapero que presume dominio. En el Lado B, su personaje observa más de lo que actúa. El éxito lo rodea, el entorno es impecable, la estética cumple con todos los códigos del lujo… y aun así, algo falta. El brillo no alcanza para llenar el silencio.

Ese es el verdadero acierto del proyecto: usar la sensualidad —tan característica del Lado A— como lenguaje, no como destino. El deseo no es la conclusión, es el detonante. Después viene la pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando lo tienes todo, pero no a quien esperabas?

El relanzamiento conceptual de Cada Diez a la Luna no busca repetir impacto, sino profundizarlo. Invita a mirar de nuevo, con menos prisa y más intención. A aceptar que el erotismo también puede ser melancólico, y que la noche no siempre termina en conquista: a veces termina en reflexión.

Porque hay historias que no se viven para siempre, pero regresan… cada diez a la luna.