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20 PREGUNTAS: IVÁN TERRAZAS

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El capitán de los Diablos Rojos de México, Iván Terrazas, es un símbolo de la Liga Mexicana de Béisbol. Hablamos con él sobre los escarlatas y la cábala más loca que ha presenciado.

 

 

 

Por Adán Medellín

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Empezaste a los cuatro años en la Liga de Tranviarios. ¿Cuál es el principal recuerdo de tus inicios en el diamante?

Sí, y luego me fui a la Liga Maya, donde me gradué a los 17. Mi papá, cuando jugaba en Tranviarios en la División Libre, me llevó. Solito fui y me metí al campo de los niños chiquitos. Fue así como le pedí a mi padre que me llevara a entrenar en forma.

 

¿De niño eras un jugador regañón, relajado, apasionado, querías ganar a toda costa?

Yo era muy serio porque seguía la escuela de mi papá. Veía mucho a jugadores profesionales y trataba de hacer lo mismo que ellos. Ya veía el béisbol de una manera más comprometida.

 

¿En qué momento decidiste convertirte en jugador profesional?

Desde entonces, desde pequeño. Sabía que esto era lo que quería ser de grande.

 

¿Con qué soñabas cuando firmaste un primer contrato con los Bravos de Atlanta a los 17 años?

La mira siempre fue jugar en Grandes Ligas, jugar buen béis­ bol, pero poco a poco las circunstancias se fueron dando y así llegué a la Liga Mexicana en 2006, con Monclova.

 

Tu papá, Martín, fue jugador de los Tigres de México, el gran rival de los Diablos. ¿Cómo fue par él que te volvieras un símbolo de su enemigo deportivo?

(Risas) Sí, pero antes que nada está la familia. En su momento yo lo apoyé cuando estaba con los Tigres. Ahora que yo estoy con los Diablos, él me apoya al 100 %. Yo sé que toda mi familia ha cambiado sus preferencias, está conmigo.

 

Te convertiste en un jugador insignia de los Diablos desde tu llegada en 2008. ¿Cómo te ganas el respeto de una institución histórica como ésta?

Es muy complicado. Cuando yo llegué a Diablos, conocía per­ fectamente la historia y el peso que lleva portar una camisola como ésta. Desde el primer día aquí, yo decidí tratar de hacer algo que marcara mi carrera, como lo ha hecho tanta gente. Tú lo puedes ver en todos los nombres que están aquí alrededor, los números retirados (señala las paredes del Estadio Fray Nano, casa temporal del equipo mientras se termina su nuevo estadio). Mi sueño fue lograr algo, si no igual, parecido.

 

¿Qué valores te ha inculcado la pelota?

El respeto. Siempre trabajar en equipo. Cui­dar de tu compañero y que tu compañero cuide de ti. Nosotros como beisbolistas tenemos una frase: “Res­peta el béisbol, para que el béisbol te respete a ti”.

 

¿Qué te demanda el béisbol, distinto a otros deportes o posibilidades?

Demasiado tiempo y trabajo. A diferencia de otros deportes, un bateador tiene que venir a practicar todos los días. Nosotros descansamos o viajamos los lunes. Con un solo día que no hagas nada, no es lo mismo, no te sientes igual.

 

Un punto de quiebre en tu carrera fue tu fractura de tobillo en 2013. ¿Fue el momento más difícil de tu trayectoria?

Sí, ha sido uno de los momentos más difíciles. Fue una lesión bastante grave, tuve una cirugía muy buena con el doctor Cuauhtémoc Reyes en Toluca. Él me habló de la gravedad y en ese momento sí pensé que podía dejar de jugar. Pero se logró, poco a poco, con la rehabilitación, con mucho esfuerzo y mu­ cho dolor. Y aquí estamos, todavía hay para rato.

 

¿El temor al retiro fue la mayor prueba durante tu recuperación?

Sí, cuando el doctor habló conmigo pasó por mi mente que no iba poder regresar. Pero él me dio la esperanza, me dijo que dependía de mí. Fue muy difícil y doloroso, pero se logró, y de una rehabilitación que el médico calculaba entre ocho y nueve meses, regresamos a jugar en cuatro.

 

Fotografía: Román Gómez @PLAYADURA

 

 

 

Has jugado en ligas del Pacífico, en el norte, en el centro, en sur del país; en Estados Unidos. ¿En qué se distinguen las aficiones de cada sitio?

Hay aficiones muy exigentes, otras muy pasivas, pero en todo el país hay gente muy conocedora de béisbol, que va a los par­ ques y sabe apreciar un buen partido, como en Tabasco, en Ve­racruz, en Hermosillo, en la Costa del Pacífico, en Monterrey.

 

¿Qué representa ser uno de los jugadores más conocidos de la Liga Mexicana?

Una responsabilidad grande. Hemos tratado de ser un buen ejemplo para los muchachos en ligas infantiles, y que en vez de estar en la calle puedan acercarse a un deporte que te da una formación y valores.

 

Has jugado pelota tanto en verano como en invierno. ¿Cómo cambia el sabor del béisbol en ambas temporadas?

Cambia mucho. La temporada de verano es larga, es una pelo­ta que debes jugar de manera muy inteligente porque tienes que administrar mejor tu cuerpo y tus energías. Y la temporada del Pacífico es cortita, son dos meses y medio, más los play­ offs, y todo es a tope. Ahí no puedes fallar.

 

¿Quiénes son tus ídolos históricos en este deporte?

Vinicio Castilla. Lo conocí en los Bravos de Atlanta y me trató muy bien. En Monclova, me encontré con Ricardo Sáenz, aprendí mucho de él. Y mi padre.

 

El béisbol es considerado un juego racional, de estrategia, incluso lento. ¿Cómo lo ves desde tus ojos de conocedor?

Últimamente ha cambiado mucho. Se ha tratado de llevar al béisbol a ser un espectáculo para gente que no sabe del depor­te, pero la persona que sabe de estrategia y de juego es la que jamás se va a aburrir. Hay una frase: “El béisbol es como ir a misa, muchos asisten, pero pocos entienden”.

 

El picheo mexicano ha ganado respeto en Grandes Ligas. ¿Cómo ves el desarrollo de los jugadores en otras posiciones?

El picheo mexicano es muy astuto, muy “veterano”. Los mu­chachos aprenden a pichar como gente grande a corta edad, eso los lleva a niveles más altos, pero el bateo también ha dado buenos frutos. En Ligas Menores en Estados Unidos tenemos muchachos que pueden dar el salto en cualquier momento.

 

¿Qué aporta el estilo del jugador mexica- no a las Grandes Ligas?
Esa veteranía, ese colmillo. Mucha gente de otras ligas menosprecia a la Liga Mexicana, pero muchos ex­tranjeros y gente que ha jugado buen béisbol en Estados Uni­dos vienen aquí y se dan con pared. El picheo es bueno, el co­nocimiento y estudio de los rivales es admirable.

 

Cumpliste 34 años en noviembre. ¿Cuál es tu motivación para seguir jugando a tope este deporte?

Quisiera seguir ganando campeonatos, seguir aportando bue­ nos números para que el equipo siga ganando y que Diablos se mantenga como el equipo más ganador de toda la historia.

 

¿Cuáles son tus cábalas?

Mi botón más alto de la camisola desabrocha­do. No uso una gorra para atrás. No uso guan­ teletas. Hay mil cosas. Si hoy ganamos y me desayuné huevos con jamón, pues entonces mañana huevos con jamón otra vez.

 

¿Cuál es la cábala más extraña que te ha tocado ver en un vestidor?
(Risas) El señor Ray Torres estuvo conmigo en la Liga Invernal. Nosotros usamos una lycra abajo del pan­ talón. ¡Pues él jugaba con un bóxer todo roto y no se lo quería quitar, porque todos los días daba dos o tres hits!

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