La Barbería de Barrio me respalda

Por Arturo J. Flores

@ArturoElEditor

Me invitaron a conocer una barbería de barrio. Reconozco que a veces desconfío de ese epíteto. Resulta que ahora todo es de barrio. Y no, porque como escribió hace poco en su Facebook Álex Mondragón, auténtico novelista de barrio: “Ser de barrio es estar consciente que tú eres del barrio, no que el barrio es «tuyo».”

En ese sentido, la Barbería de Barrio (Milán 44, Juárez) convive armónicamente con la colonia en donde fue inaugurada hace poco menos de un mes. No parece una intervención puesta a la fuerza en un lienzo. Luce tan natural como un diente de oro en la boca de un rapero. Porque hace mucho que la Juárez ya no es el “barrio” que solía ser y desde hace tiempo se perfila como una nuevo foco de boyante pujanza económica.

Pero así son los barrios en tiempos de la gentrificación. Y esta zona en la que cada vez hay más perros de flamante raza, foros teatrales independientes (whatever that means) con funciones de stand up comedy y el vello facial de los habitantes crece como la espuma… ¡ya hubiera una barbería de barrio!

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Hágase la luz natural

De entrada, Barbería de Barrio se ubica en el segundo piso de un edificio en el que también hay establecimientos de abarrotes hipster, desde pan artesanal hasta café de grano. Llegué un miércoles muy temprano, incluso antes de que abrieran. Tuve tiempo de echar un vistazo a la decoración del local, nada recargada. Algunas imágenes publicitarias vintage y una banca de iglesia en la que se puede aguardar por su turno mientras te ofrecen una cerveza, un whisky o un café. Había una repisa donde se veían bien acomodados los productos de grooming masculino y unas ventanas que dotaban a la Barbería de una maravillosa iluminación natural.

Sólo unos minutos después llegaron los barberos. Uno de ellos me invitó a acomodarme en una de las sillas restauradas, originales de los años 50, y comenzar con la experiencia. Soy un tipo de gustos simples y poco cabello. Así que sólo pedí que me recortara de los costados y un poco de arriba. Me sorprendió que en vez de esa música trendy que suena en otras barberías. En vez de eso, comenzó una cascada de temas emblemáticos de los años 80. Nada de hip hop ni urbano disfrazado de reggaetón.

“Lo que pasa”, me explicó mi barbero, “nuestros clientes son señores más bien grandes, de la colonia, y desde el principio nos dimos cuenta que les gusta esta música”.

No sé si a mis 37 califique como un señor más bien grande, pero vivo a 15 minutos de la Barbería, por lo que califico como un tipo del barrio. Y me encanta que me corten el cabello a ritmo de The Clash.

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¡Habemus lector!

Sin lugar a dudas, la experiencia resulta divertida y enriquecedora gracias a sus trabajadores. Mi (porque la pertenencia del barrio hace que llamemos a quien nos brinda un buen servicio con pronombre posesivo) barbero –que no tenía barba y se reía de esta ironía- me platicó viene todos los días desde Cuautitlán a la colonia Juárez.

Pero le fascina, porque como Dios es un bullyng caprichoso y lo hizo lampiño aunque con un talento sobrenatural para manejar las tijeras y la navaja.

-No te preocupes- le dije yo- si a ironías vamos, hasta la fecha no he tenido un affaire con una Playmate, aunque soy el editor de Playboy.

Cuando se enteró en que trabajaba, me confesó que era fan de la revista. No sólo me habló de las celebridades que más le habían gustado en la portada, sino de los artículos. Mi barbero sin barba resultó ser una especie aún más rara de encontrar: un lector. Porque me demostró con creces que el sí compra Playboy por los artículos.

-Qué bueno estuvo el que hicieron de los lugares donde hay que ir a comer.

Al final me obsequió un poco de cera para inmovilizar el peinado. Hasta un masaje en los hombros me brindó. Su trabajo resultó impecable, pero sobre todo, de aquella mañana me llevo el trato y la charla. El servicio de la Barbería de Barrio, por más hipster que sea ya la colonia donde ubica, el mercado de comida de su primer piso o hasta la (exquisita) cerveza de doble fermentación Affigem que te sirven antes de consentirte, es de gente del barrio para el barrio.

Porque al barrio nos debemos y al barrio, aunque light, pertenecemos. Nos respalda.