Corona Capital Día Dos: Sintetizadores, glam rock y momentos de magia
El segundo día del Corona Capital recibió a un público multifacético y muy distinto al de la noche anterior. Esta vez, los jóvenes dominaron los escenarios: se animaron a sacar sus vestuarios más brillantes, coronas de luces y toda esa creatividad que ya es parte del festival. También se dejaron seducir por las distintas propuestas musicales, porque si algo hay que reconocerle al Corona, es que piensa en todos sus públicos.
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La seducción sonora de The Struts
Nuestra primera parada fue en el escenario Corona Sunsets, en donde nos llevamos una gran sorpresa al notar cómo, poco a poco, el público fue seducido por el glam rock de The Struts. Luke Spiller manejó al público a su antojo desde el primer segundo, porque tiene esa aura de estrella de rock salida de los 80, con movimientos de cadera y esa invitación constante a repetir sus coros. La gente simplemente se entregó a la banda, y The Struts hizo lo propio con el público. Incluso Luke tomó una bandera de México al finalizar su espectacular set, frente a un escenario completamente lleno y un público listo para lo que seguía en la noche.
Así se vivió el primer día del Corona Capital 2025
Hay bandas que se disfrutan mejor cuando bailas y saltas al ritmo de cada canción, porque eso es parte del ADN de las bandas, pero hay otras que te dan un momento de pausa sin dejar de lado su propio estilo. Así es como Mogwai llegó al escenario Corona, para ponerle soundtrack a la edición número 15 del Corona Capital. Fue impresionante ver a una buena cantidad de gente sentada en el pasto, con la atención fija en el escenario, sin celulares, sin esa necesidad de hablar con otros, sin distracciones, porque lo que hace Mogwai en el escenario es casi hipnótico. No hubo necesidad de interpretación vocal, todos nos dejamos llevar por su explosión sonora. Y la banda prometió regresar pronto.

Jehnny Beth. Foto de Santiago Covarrubias / Cortesía de Ocesa
Entre el huracán y el ensueño
Este año, el escenario Corona Sunsets tuvo una vibra festivalera independiente, primero nos atrapó con la elegancia rockera de The Struts y luego atrajo nuestra atención con el pop de Cannons. Michelle Joy se movió por el escenario con tal seguridad y sensualidad que logró atrapar las miradas del público, y su presencia logró destacar con un setlist que incluyó canciones como “Hurricane” y “Bad Dream”. Cannons se mantuvo con esa línea que te invita a moverte a su ritmo, suave, pero con gracia. Fue de esos momentos que se mueven entre lo suave y lo bailable, envolviendo al público con ese equilibrio entre vibra relajada y canciones que levantan el ánimo.
Finalmente llegó el momento por el que el community manager del Corona Capital sufrió cuando le tocó subir los horarios a redes sociales: decidir entre Aurora y Mariana. Y es que, a decir de la gente, ¿a quién se le ocurrió empalmar esas presentaciones? De algo estamos seguros: el CM no tuvo la culpa. Así que nos tocó elegir, y optamos por ir al escenario principal con Aurora.
La cantante que inauguró la tradición de regalar el peluche del Dr. Simi a otros artistas, esta vez no se fue con las manos vacías: recibió muy alegre otro peluche, que abrazó mientras anunciaba que este sería su último show, pues pretende tomarse un descanso de los escenarios.

The Cults. Foto de Santiago Covarrubias / Cortesía de Ocesa.
Aurora y la academia de dulces sonidos
Aunque el público lamentó la noticia, no tuvo más que disfrutar la presentación. Aurora, más que interpretar canciones, parece hacer magia en el escenario: no solo se trata de sus movimientos delicados, sino del sentimiento con el que interpreta cada uno de sus temas. La gente respondió coreando, celebrando y aplaudiendo, especialmente cuando en su momento ondeó una bandera de la comunidad LGBTIQ+.
Tras la despedida de Aurora, el público regresó a la dinámica del festival. Las activaciones seguían con buen movimiento, pero fluían tan bien que aún podías detenerte a ganar una gorra, una bolsa o un paliacate, incluso beber un vaso de vodka o uno de electrolitos completamente gratis, antes de correr al siguiente escenario. Y eso hicimos: apenas tomamos una bebida, seguimos el recorrido rumbo al escenario Doritos, donde la fiesta terminó por explotar con Vampire Weekend.

Corona Capital. Foto de Liliana Estrada. / Cortesía de Ocesa
El fin de semana de los vampiros
Vampire Weekend llegó al escenario Doritos con esa elegancia desenfadada que siempre los ha distinguido: parecen tranquilos, pero en cuanto arrancan, levantan al público como si hubieran apretado un switch invisible. Durante las primeras tres canciones, la pantalla solo mostró el nombre de la banda, como si estuvieran calentando motores; después, todo explotó en una fiesta de colores, luces y visuales que alternaban entre clips y la transmisión en vivo.
Algo que siempre sorprende de Vampire Weekend es su habilidad para brincar entre estilos sin perder su esencia. Un momento te tienen bailando con ritmos cálidos y al siguiente ya estás en un viaje indie elegante que solo ellos pueden armar. Esa mezcla tan natural es lo que encendió por completo el escenario Doritos, en donde el público enloqueció con “A-Punk” y después sacaron letreros rojos con la palabra “Primos” escrita en letras blancas cuando llegó el momento de “Cousins”.
Chappell Roan, el musical
Cuando llegamos al escenario principal, al gran cierre de la noche con Chappell Roan, nos topamos con toda esa gente vestida de colores, incluidos los niños que arrastraron a sus papás hasta ahí para no perderse el show que la cantante estadounidense tenía preparado. Y sí, impresionaba ver lo rápido que su equipo montó la escenografía: un castillo con tintes góticos y oscuros que contrastaba por completo con el vestido de novia que Chappell llevó durante toda su presentación. Chappell abrió con algunas de sus canciones más queridas como “Femininomenon”, “Good Luck, Babe!”, “My Kink Is Karma” y, por supuesto, “Pink Pony Club”, que desató la euforia del público.
Mientras los jóvenes se dejaban llevar por la vibra gótica de Chappell Roan, otros nos fuimos a recordar otra época con OMD. La banda británica, con décadas de historia, nos llevó de vuelta a los 80 con sus sintetizadores y esos himnos que marcaron toda una generación. Aunque el escenario Viva Tent se sintió pequeño para los maestros del synth-pop, este logró vibrar a su ritmo; también los conquistaron a ellos cuando el público coreó después de cada canción “OMD, OMD, OMD”.

Corona Capital 2025. Foto de Liliana Estrada / Cortesía de Ocesa.
Electricidad, cuanto tú me miras
Entre los himnos que nos hicieron viajar en el tiempo no podían faltar “Electricity”, que prendió a todos desde los primeros acordes, y el cierre con “Enola Gay”, ese clásico que aún provoca escalofríos y cantarlo a coro con miles de personas es pura magia ochentera. La mezcla de sintetizadores, melodías pegajosas y la energía del público hizo que, por un momento, todos estuviéramos en otra época, recordando por qué OMD sigue siendo imprescindible.
Así, mientras unos cerraban la noche con el pop gótico y teatral de Chappell Roan, otros nos quedamos cantando y bailando con OMD, disfrutando que en el Corona Capital siempre hay espacio para la magia del presente y para esos himnos que nos acompañaron en alguna época de nuestra vida.

