Casa Elena: cocina de autor con alma mexicana
Sobre la avenida Tamaulipas, en la Hipódromo Condesa, existe un spot que muchos ya conocían por su panadería artesanal, café bien ejecutado y masa madre impecable: Elena 147.
Hoy, ese espíritu evoluciona y toma una nueva forma bajo el nombre de Casa Elena, un restaurante de cocina mexicana contemporánea que honra la tradición, pero la reinterpreta con técnica, producto y una narrativa profundamente emocional: la de sentirse en casa.

Con más de un año, Casa Elena ha perfeccionado una propuesta de cocina de autor que no busca competir por estridencia, sino por memoria, sazón y detalle.
Nos aventuramos a probar su carta y esto fue lo que descubrimos.
Cocina mexicana con técnica y carácter

Desde la primera entrada queda claro que todo está perfectamente planeado.
La experiencia arranca con unas mini tlayudas que redefinen el concepto tradicional. Sobre la base crujiente descansa un guacamole clásico con limón y sal, acompañado de chapulines curados, ajo confitado crujiente, romeritos y salsa macha hecha en casa.
En palabras de Adrián Hernán, capitán de servicio:
“Buscamos un platillo que te pida comer más o que te pida una bebida. Tienes el umami del aguacate, lo salado, lo crujiente… eso hace que quieras una copa de vino blanco o una cerveza artesanal”.
El resultado es exacto: equilibrio entre grasa, salinidad y picante que abre el apetito y prepara el paladar.
La estrella

Uno de los platos estrella es el pulpo, servido con esquites salteados en tuétano y mayo de cebolla encurtida, terminado con polvo de chiles secos.
Aquí la intención es clara: reinterpretar sabores profundamente mexicanos con técnica contemporánea.
Los esquites, que normalmente encontrarías en puestos de street food, se transforman con la untuosidad del tuétano, mientras el pulpo logra una textura firme y delicada a la vez. Sin duda, cocina mexicana que entiende el origen, pero a más allá.
El imperdible
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El short rib cocinado por 36 horas es otro imperdible. Se sirve con adobo de chiles donde resalta el chile chihuacle, de perfil medio dulce y poco picante, demi glace profunda y verdolagas frescas.
La carne es suave, concentrada y envolvente. Aquí no hay artificio: hay técnica, tiempo y respeto por el producto.
En Casa Elena también puedes probar como entrada la flor de calabaza con mole, pero no con cualquier, pues aquí cocinan el propio.
Un mole almendrado con dulzor equilibrado, menos picante y con una carga aromática elegante.
Lo acompañan con flores de calabaza capeadas rellenas de requesón y duxelle de hongos, además de una espuma, técnica en la que el chef Rubén Zárate se especializa, que aporta ligereza sin perder profundidad.
Como explica el equipo:
“Mole es el arte de moler. Cada región tiene su forma distinta de hacerlo y nosotros ya creamos nuestro sello”.
Y aquí, esa filosofía se respeta.
Una experiencia que va más allá del plato
Casa Elena no quiere ser solo fine dining, quiere ser un hogar.
Desde que te sientas, te reciben con agua de cortesía, como lo haría una abuela mexicana. La comida se presenta en cazuelas que invitan a oler antes de probar. Y al despedirte, te ofrecen un dulce mexicano “para el camino”.
Ese gesto resume la esencia del proyecto: hospitalidad auténtica.
El menú es breve y bien curado: pocas entradas, dos platos fuertes y opción de menú degustación de ocho tiempos (aproximadamente $1,800 MXN sin maridaje), diseñado para ser generoso y memorable.
Desayunos que marcaron el origen

Antes de este segundo proyecto, nació como cafetería. Y esa raíz sigue siendo clave.
De 9:00 a 13:30 horas, Casa Elena ofrece desayunos con fuerte identidad mexicana:
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Chilaquiles verdes o rojos
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Tacos de cecina
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Omelette de cabra
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Huevos rancheros
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Gorditos de nata (híbrido entre gordita tradicional y hotcake)
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Molletes con base de hojaldre hecho en casa
La sección “Del Comalito” celebra el maíz con quesadillas de flor de calabaza, tacos de aguacate con flor de jamaica y más.
Para acompañar: café de especialidad, smoothies, kombucha artesanal y el imperdible Chocolate Elena con cardamomo, preparado desde cero con cacao puro.
Mocktails y bebidas con personalidad

Aunque el proyecto aún trabaja en ampliar su propuesta, su carta de mocktails es protagonista y destacan:
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Margot, con zumo de limón y sal de gusano
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Mojito rojo con sandía y hierbabuena
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La horchata con pinole oaxaqueño, favorita de la casa
Esta última es una experiencia en sí misma: cremosa, especiada y profundamente mexicana.
El diseño

El interiorismo estuvo a cargo de E DE ESPACIO, quienes desarrollaron un concepto inspirado en la flor del clavel.
Colores tierra, detalles marrón, iluminación cálida y una barra de granito rosa construyen un ambiente íntimo, romántico por la noche y luminoso durante el día.
La idea es clara: que cada visitante sienta pertenencia.
Casa Elena: más que un restaurante
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En una zona donde abundan conceptos aspiracionales, Casa Elena apuesta por algo más difícil: emoción, coherencia y mucho sabor.
No es cafetería, no es fine dining pretencioso, es una casa donde la cocina mexicana se reinterpreta con técnica y se sirve desde la memoria.

