Alguna gente, dijéramos, la gran
mayoría, ha acusado a los alquimistas de charlatanes e impostores. Con
toda seguridad, hombres como Rogerio Bacón, Cornelio Agrippa, Enrique Kunrath y
el árabe Geber (el primero que introdujo en Europa algunos secretos de la
química), difícilmente pueden ser calificados de impostores y muchos menos de
locos, por el contrario, fueron capaces de penetrar tan adentro en las secretas
operaciones de la Naturaleza en una determinada dirección y deben, por ende,
haber tenido buenas razones para estudiar, practicar y llegar a ser
Alquimistas.
Muchos de los Alquimistas han
trabajado teniendo la convicción de lograr su objetivo, con incansable
paciencia y pureza de corazón, cosa que los verdaderos alquimistas recomiendan
muy encarecidamente como principales requisitos para el buen éxito de sus
operaciones.
Los procedimientos alquímicos
pueden ser utilizados con éxito únicamente por aquellos que son alquimistas de
nacimiento o por educación.
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