UNA NOCHE DE CHOPPERS Y RIDERS

ACUDIMOS CON DISTINTOS BIKERS EN LA CIUDAD DE MÉXICO PARA DESCUBRIR ENTRE CHALECOS CON PARCHES, ANILLOS DE CALAVERAS Y CERVEZAS, LO QUE IMPLICA MONTAR UNA HARLEY-DAVIDSON.

 

Por Elizabeth Santana @ElixMorgana

 

CHOPPERS

FOTOGRAFÍAS POR NANCY GRANADOS @NANMORADA

 

“¿Chopper? Lo dicen sus palabras, chop en inglés significa cortado, entonces es una motocicleta modificada para agarrar un estilo propio. Un chopper es un cuadro de Harley-Davidson con motor Harley Davidson pero a lo mejor con tanque modificado o un escape recortado. Sí, es un hibrido, pero se volvió toda una cultura. En Estados Unidos lo tienen muy bien dividido, incluso hay rallies Choppers. Esta cultura es como más hippie y en el sentido chopper, se siente dentro del culto como el biker más original. Es quien puede agarrar la carretera, saca su casa de campaña en la noche, se duerme, y sigue rodando de manera muy libre”, contextualiza Luillo Castillo, Presidente de Unbroken Heads mc, un motoclub mexicano con apenas tres años de formación, pero que ya cuenta con un capítulo en Dinamarca.

“Se trata de un club biker, y es libre siempre y cuando el formato sea Harley-Davidson”, relata al señalar que cuenta con varias motos, de las cuales, una es chopper. Para él, el punto es el camino no el lugar, por lo que salir a la carretera implica un orden por cargos, y aunque explica que existen distintas formaciones, la de su grupo es la siguiente: al frente el capitán de ruta, después el presidente y vicepresidente, etcétera. “Es una cuestión militar, esto viene de los veteranos de la 2da Guerra Mundial. Cuando ya estaban retirados no sabían qué hacer y comenzaron a formar motoclubs”. Y aunque en su club sí hay mujeres, no existen cargos para ellas, simplemente no se estableció así desde el inicio.

Sin embargo, en la escena chopper de la ciudad de México, ellas también tienen presencia. Un ejemplo es 4th Avenue 69 Motoclub, cuya Presidenta es Andrea Aboyo, quien maneja motos desde los ocho años de edad, gracias a su tío y su papá. Aunque tras un embarazo se bajó de ellas, rememora que hace siete años decidió volver al motociclismo. “Cuando mi hijo tenía 19 años decidió que también quería una moto, y recuerdo que se cayó dos veces, ahí nació la idea de una escuela de motociclismo. Pero lo que yo realmente quería era posicionar a la mujer, dignificarla y darle su valor en este ambiente. Y aunque diseñé el curso para mujeres, terminó siendo mixto”.

Para Andrea esta cultura representa una hermandad y hace énfasis en que una mujer motociclista no es la que vemos en tanga en los talleres, puesto que incluso “ser motociclista no es fashion, el outfit va en función de tu protección, eres tu propia carrocería”, me dice mien- tras luce una chamarra, botas, protecciones, chaparreras y un buen casco. Y aunque reconoce que cada vez más hay más mujeres en el gremio, sólo se atreve a aproximar que existen 20% de ellas entre los motociclistas de la Ciudad de México, siendo Guadalajara donde existe un número más equilibrado entre hombres y mujeres.

Se mueren por un parche.

En Estados Unidos, ser un nómada es el grado más alto que te puede otorgar tu motoclub, nadie te rige y tú no riges a nadie, se gana después de 10 años de rodar. Aunque esta cultura ha sido importada del vecino país del norte, se ha tropicalizado en México. Pero hay símbolos in- discutibles, porque te hacen parte de la hermandad. “Para entrar a Unbroken Heads mc tienes que jalar con nosotros, entonces vemos la posibilidad de tener prospectos. Normalmente tardamos un año en lo que decidimos si te aceptamos o no.

La idea es generar un acercamiento, evaluamos tu personalidad; alguien de tu club es una persona a la que sabes que puedes llevar a cenar a tu casa y que en un accidente verá por ti. Se trata de pasarla bien, no es complejo ni complicado. Lo básico: ser educado y responsable”, explica Luillo.

Para Jorge Franco, Presidente de Malatesta, un motogrupo de riders (gente que quiere agarrar carretera corta, mediana o larga), cada moto-club escoge la forma de tratar a sus integrantes. “Antes de ganar un parche eres amigo del motoclub, luego prospecto y luego miembro. En mi club yo pido millas, hermandad y apoyo”, me explica mientras deja ver su anillo de calavera, otra insignia de la cultura chopper y que representa que todos somos lo mismo debajo de la piel, “es lo que nos queda detrás de la cara, es una señal de igualdad, pero mucha gente lo toma por otro lado”. Mientras que a decir de las cadenas, indica que simplemente son necesarias, “¿no querrás parar en carretera sólo porque se te cayó la cartera, cierto?”, me dice riendo.

Aunque a muchos de ellos les gusta “rayarse” no es una obligación, sin embargo, hay quienes se tatúan cosas del club al que pertenecen. El uso de la vestimenta de piel no está ligado a la moda o la comodidad, sino diseñado para proteger de las caídas. Pero el parche sí es tradición: “si te lo ganaste es porque lo rodaste. Actualmente ya encuentras parches en Internet y algunos llenan sus chalecos de ellos como si de verás fueran a rodar. Y bueno, yo amo a Harley-Davidson, pero en el estricto sentido me queda claro que no es la mejor marca en rendimiento o mecánica entre otras cosas”.

 

Choppers

FOTOGRAFÍAS POR NANCY GRANADOS @NANMORADA

 

Su estilo de vida.

Jorge me aclara: “existen los entusiastas de las motocicletas, luego ser biker que es una forma de vida, y después están los riders; este último es el máximo honor que se te puede otorgar como motociclista”. Su grupo generalmente rueda los domingos, se descomponen en carretera, ríen, se remolcan y beben; para él, eso significa ser chopper, “pero a algunos se les olvida que deben divertirse y entran con la de onda de: soy malo”.

Mientras que para Andrea, ser rider es irte a Belice en moto o 22 horas seguidas a Austin, San Antonio, “significa manejar con lluvia, a alta temperatura e insolarte. Y como mujer, si no tomas agua te enfermas de cistitis. Y no debes recargar tu estómago o te da el mal del puerco manejando”, sonríe rememorando rutas. E incluso, me informa Luillo, existen rallies de resistencia, algo así como hacer mil 600 km en menos de 24 horas o bien el rally chopper de Baja California. “La idea es buscar carreteras federales porque tie- nen curvas y es más divertido, maneja- mos velocidades de alrededor de 140 km/h”, recalca.

“Somos un grupo. Todo se vota, si habrá cuota mensual de qué y para qué, para destinarlo a casetas, comida, playeras, etcétera, o si es un fondo por si al- guien se accidenta o alguien no se quede sin rodar porque los daños en las Harley-Davidson son muy caros”, me explica Antonio Montero, Vicepresidente de Unbroken Heads, y socio del bar chopper idol 30. Para él, adquirir esta marca de motocicleta es comprar de alguna forma un estilo de vida, porque te crea lealtad, cariño y se rueda en manada.

Desde sus lugares, coinciden en que “no puedes adoptar algo que inventó un productor en Hollywood”, sobre la reinterpretación que la serie Sons of Anarchy ha hecho de la cultura biker. Jorge remata: “Hace años rodé en EEUU con un motoclub 1%. Son los que se encuentran en contra de la ley como Hells Angels (el más grande del mundo de este estilo). Los 99% somos los que no somos mafiosos. Con este boom muchos no saben ni a qué vamos. Es una falta de respeto para to- dos los motociclistas que nos costó un huevo ganarnos un parche”.