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jueves, 27 de julio de 2017

LA NUEVA FILOSOFÍA DE PLAYBOY

Por  Cooper Hefner

Photography by Chapman Baehler

Hace 63 años, mi papá publicó el primer número de PLAYBOY con 6 mil dólares que pidió prestados a toda persona que se quedara el tiempo suficiente para escuchar su nueva idea para una revista. Con los años, PLAYBOY llegó a ser algo mucho más grande de lo que podría haber esperado, y el Conejo se convirtió en una especie de prueba Rorschach de las actitudes de la gente hacia el sexo. Tanto los aficionados como los detractores debatieron lo que significaba la marca y lo que representaba el logotipo: Lo que veías en ese Conejo hablaba más de ti, que de cualquiera otra cosa.

En la publicación implícitamente había elementos de la cultura pop, que con frecuencia resaltaban en los noticieros sobre todo lo demás, pero estaba claro que el objetivo de mi padre al lanzar PLAYBOY era promover una conversación saludable sobre el sexo y alentar el diálogo sobre opiniones sociales, filosóficas y religiosas. La idea detrás de la revista era que, si bien estos temas eran populares en la mente de la gente, casi nunca se discutían en público durante las cenas o los cocteles en todo el país, como debería haber sido; sin embargo, muchos malinterpretaron ese mensaje, lo perdieron por completo y eligieron concentrarse en los desnudos, en el enfoque revolucionario del sexo y en las conversaciones sobre el mismo. Y ésta es la ironía definitiva, dado que el sexo es figurativamente el big bang detrás de su existencia, mi existencia, toda la existencia consciente y la civilización misma. Para aclarar cualquier confusión, mi papá comenzó a escribir La Filosofía Playboy casi 10 años después de que la revista fuera publicada por primera vez en 1953, e hizo más de 20 entregas a lo largo de la década de 1960. Como él explicó:

“Aunque hemos sido conscientes de las virtudes de vernos a nosotros mismos como otros nos ven, también hemos sentido que la imagen es ocasionalmente distorsionada. Habiendo escuchado pacientemente durante tanto tiempo lo que otros han pensado que representa Playboy, hemos decidido —en este noveno aniversario— expresar nuestro propio credo editorial y ofrecer algunas observaciones sobre nuestra actual sociedad y la parte de Playboy en ella, un esfuerzo que esperamos sea del interés de los amigos y los críticos por igual”.

Y aunque estoy recogiendo lo escrito por mi papá en La Filosofía Playboy y él y yo tenemos una tremenda cantidad de opiniones en común, también tenemos grandes diferencias, que sospecho que encontraré mientras continúo escribiendo estas entregas para asentar en el expediente quiénes somos hoy. Pero una cosa es clara, y tanto mi padre como yo la entendemos en su manera más simple, y eso es lo que Playboy y los Estados Unidos se esfuerzan por representar en su forma más grande: LA LIBERTAD.

Probablemente asumiré que salté al negocio debido a la fascinación por las partes que con frecuencia se asocian con Playboy: la oportunidad de beber con gente interesante de todos los ámbitos de la vida y el regalo de disfrutar de grandes aventuras. Independientemente de que me han dado un asiento de primera fila en muchas experiencias increíbles a lo largo de mi vida, mi verdadero interés y mi pasión siempre han radicado en lo que muchos podrían etiquetar como cosas “aburridas”, pero que yo veo como las más importantes, tales como la tradición de defender tenazmente las libertades civiles y la libertad de expresión.

En la década de 1950, la marca luchó contra el macartismo y decidió publicar a escritores americanos, artistas y otros que habían sido puestos en la lista negra por el gobierno de Estados Unidos. En la década de 1960, la compañía promovió un estilo de vida racialmente integrado en sus clubes, en su publicación y en sus programas de televisión nacionales cuando sólo pocos estaban dispuestos a hacerlo. A lo largo de la década de los sesenta y en adelante, PLAYBOY dio a conocer dibujos animados e historias que desafiaron las normas sociales, y abogó por la comunidad LGBTQ cuando la sociedad la había abandonado o, peor aún, agredido.

Aunque es una bendición poder continuar algo que mi padre escribió con tanta convicción, mi verdadera motivación para traer de vuelta estos sucesos es mi creencia de que hemos entrado en un momento en el que la historia está comenzando a repetirse. Y seré el primero en identificar la ironía mientras escribo esta primera entrega de la Nueva Filosofía Playboy.

Escribo orgullosamente de estos logros colectivos y hago notar que juntos elegimos a nuestro primer presidente mestizo, presentamos los derechos de los homosexuales ante la Corte Suprema y presenciamos la ley a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo, comenzamos a caminar por el camino hacia la legalización de la mariguana, y vimos a la primera mujer convertirse en la candidata de un partido político importante para la Presidencia. Ésas fueron sólo algunas de las ganancias culturales que hemos disfrutado. Pero después de tanto progreso, nuestras victorias están en peligro. Así como el péndulo social y político se había movido a favor de los liberales, como la historia ha demostrado una y otra vez, el péndulo ha vuelto atrás.

Estados Unidos vio tendencias similares en los años sesenta y setenta cuando la gente comenzó a adoptar más pensamientos liberales como: “dejemos que el individuo decida lo que él o ella quiere hacer en su vida”, como un mantra. Fue un cambio en el tipo de consciencia. Después de esto, los años ochenta trajeron la crisis del SIDA y una nueva versión de la vieja lucha entre el comunismo y el capitalismo que asustó a millones. El péndulo retrocedió hacia la tradición conservadora, que tuvo presidentes demócratas y republicanos por igual. Rove, Rumsfeld, Cheney y Bush dejaron la Casa Blanca, entonces Obama intervino y reafirmó ante los constituyentes conservadores que no apoyaba una serie de políticas liberales, como el matrimonio homosexual. No obstante, lo que siguió ha sido un abrazo al liberalismo democrático del siglo XXI, pues las nuevas generaciones se hicieron más adeptas que las anteriores a expresar su deseo de tener más tolerancia y mayor libertad.

Pero ahora estamos volviendo a la tradición, y de ninguna manera es una que abarque verdaderamente al individualismo. En este punto de la historia, la discusión intelectual más vital que podemos tener es cómo crear una sociedad lo más libre posible y que no ignore las implicaciones sociales y económicas de nuestras decisiones políticas.

Necesitamos identificar quiénes son nuestros aliados en un momento en el que, en el lado liberal, una cultura de corrección política desalienta el debate acerca de las cuestiones que puedan dañar el sentir de las personas y, en el lado conservador, los políticos parecen cómodos poniendo en peligro los derechos de grupos específicos con la creencia de que “se hará grande a América otra vez”.

Dejemos esto como una introducción y una declaración de que —independientemente de nuestra orientación sexual o punto de vista político— lo que estamos viendo en la sociedad ha ocurrido antes y que todos estamos de acuerdo en que los ataques contra los musulmanes estadounidenses, los derechos de las mujeres, la comunidad LGBTQ o la primera enmienda atentan contra nuestros propios derechos. Debemos estar listos para defenderlos a toda costa en el terreno intelectual.