20 PREGUNTAS CON CEPILLÍN

Su fama lo llevó a quebrar récords y recorrer el país con su circo. Ahora, el payaso que ha encantado a generaciones de mexicanos se desmaquilla frente a Playboy México.

 

 

 

Cepillín es aún el payaso infantil más famoso de México. Atesora récords por programas televisivos que llegaron a transmitirse en 18 países y sus grabaciones fueron premiadas con once discos de oro, con éxitos como “La Feria de Cepillín” o “En un bosque de la China”. Personaje icónico para varias generaciones de niños durante su época de mayor popularidad en los años 70 y 80, cuenta que incluso le asignaron seguridad por parte de la Secretaría de Gobernación, debido a amenazas de secuestro. Pero si algo sorprende del hombre regiomontano nacido en 1946, es su espontaneidad, su sentido del humor y su energía avasallante: durante la entrevista se levanta, come, ríe, se maquilla y desmaquilla, cuenta chistes, hace muecas, rememora, te mira fijamente y juega al responder. “Pregunta lo que quieras”, me dice. Todo esto, aunque sufrió dos infartos en los últimos años, uno de los cuales lo tuvo clínicamente muerto durante algunos momentos. “Yo soy la misma persona pintado y despintado”, asegura, y corrige cuando alguien lo encasilla en una “época”, porque él está vivo y su época es ahora. Con esa misma franqueza no evade una pregunta sexual, reconoce su afición por el fútbol y el Monterrey, imita a Chabelo, muestra dotes de dibujante con sendos retratos del reportero y el fotógrafo, se toma imágenes con los admiradores que se le acercan y atrapa la atención con la misma voz inocente con que cautiva al público mexicano desde hace más de cuarenta años.

 

1] Vivimos en un tiempo de videojuegos, tabletas, Internet, tele por cable. ¿A los niños de hoy todavía les gustan los payasos? 

 

-Si les gustan los Avengers [serie de superhéroes, varios de ellos creados entre los años 1941 y 1963], ¿por qué no les van a gustar los payasos? Los payasos existen desde antes, desde los bufones, desde tiempos de Jesucristo, en distintas formas. Los juglares eran payasos. Los brujos de las peregrinaciones son payasos. ¿Por qué crees que existe tanta máscara diferente no nada más en este país, sino en el mundo? Existen en una forma grotesca, simpática, curiosa. Vele la cara al Guasón. Podrá haber mil y un adelantos, pero yo te hago una cara y te reíste, esté o no pintado. Mira Facebook, todo lo que ponen es para hacerte reír. En una forma o en otra en la vida, todos nos transformamos en payasos.

 

2] ¿Cómo es que un estudiante de odontología, un ser al que le temen los niños, se convierte en el payaso infantil más famoso de México?

 

-Muy fácil. Antes de que existiera Patch Adams, y no tengo nada contra el Doctor Sonrisas, yo lo hice, en 1970. Pero no voy a presumirlo ni a decir que él me copió. Como te digo, todos los doctores tienen un muñequito o algo para entretener al niño mientras están revisando su pechito, su orejita. Yo sí me acuerdo muy claro de que mis papás me decían: “si te portas mal, te voy a llevar con el doctor”. Entonces yo decía “el doctor es gacho, es malo”. Entonces, ya como dentista, vestido de blanco, si yo le decía al niño “cepíllate los dientes”, él no iba a querer. Pero pintado, es lo que quieras, eres un personaje. Mi inspiración fue llegar al gusto del niño, darle una orientación, un consejo, acercarme mejor el paciente.

 

3] ¿En qué radica la clave del éxito de Cepillín?

 

-Yo creo que en la forma natural de ser. Pintado o despintado, soy el mismo, yo no interpreto a Cepillín. Yo soy Cepillín.

 

 

4] Me estás diciendo que Ricardo es el mismo que Cepillín… 

 

-Exacto. Si tengo que decirle a alguien “ey, güey, vete a…

”, se lo digo pintado o no. Si alguien me hace enojar, se lo digo, esté pintado o despintado. ¿A poco si me despinto se me va el coraje? (risas). Si alguien me dice “¿le puedo decir Cepillín?”, le digo sí. Si me dicen “¿le puedo decir Ricardo?”, le digo “cómo no, si así me pusieron mi papá y mi mamá”.

 

 

5] ¿Estabas preparado o el éxito te tomó por sorpresa? 

 

-Nunca te imaginas. Yo lo llamo popularidad, es el pueblo el que va conociéndote. Yo no digo que estés preparado para el éxito o la fama. Todo va junto, pero nunca estás preparado para nada. Nunca estás preparado para que de repente te caiga Hacienda (risas). De repente vas en Nueva York o en tu colonia, y todos te dicen hola. Al principio, yo mismo decía: “¿cómo me conocen?”. Mi esposa me decía “¿la conoces?”, ¡pero la chave me veía por la tele! Y mi esposa estaba bien celosa al principio. Ya después, te acostumbras. O señoras de edad me decían (hace voz de una anciana) “¡Ay, Cepillín, yo lo veo a usted desde chiquita!” y la señora me llevaba como 30 años (risas). Hay gente que me dice “usted estuvo en mi piñata”. En Monterrey, fui a todas, pero en el D.F. con todos los programas, ¿cómo? Era un doble, pero para que los vas a traumar. Y además ninguno de esos dobles se mochó, cosa que yo tampoco hubiera aceptado.

 

 

6] ¿Nunca te molestó que existieran esos dobles que interpretaran tu papel? 

 

-Te voy a decir una cosa: a los tontos no se les imita. O soy tan malo que cualquier me imita, o soy tan bueno que soy digno de imitar. Se ha imitado mucho a Cantinflas, a Pedro Infante, a Chespirito. Yo no autorizaría que alguien lo hiciera a nivel cine, televisión, teatro. Pero si puedo ser el instrumento para que ese chavo en una fiesta infantil tenga su modus vivendi, qué bueno. No me molesta, me encanta, siempre y cuando lo hagan bien.

 

 

7] ¿Nunca tuviste rivalidad con otros íconos infantiles, como Ches

pirito, Chabelo o Capulina? 

 

-No. Si yo te pregunto por diez artistas juveniles hombres, vas a batallar. Lo mismo con diez cantantes juveniles rancheros, o diez jóvenes artistas, o diez personaje infantiles. ¿Cuántos artistas manejan todo el ambiente? Ustedes lo ven en Playboy. No somos tantos, somos diferentes entre nosotros, ojalá hubiera muchos artistas y programas para que surgieran más.

 

 

8] ¿Qué te dio y qué te quitó pintarte la cara durante tantos años?

 

-Me dio todo. Y como no fui normal, lo que me quitó, me valió (risas). En mi caso, me quitó un poco o un mucho de poder haber sido un papá normal. Pero qué padre, porque yo no me metí en broncas de tener que educarlos.

 

 

9] Vives interpretando un personaje de payaso. ¿La gente fuera de los escenarios te toma en serio? 

 

-A mí, más en serio que a cualquiera. Nunca me dejé de nadie. Yo nunca cantinfleé. La gente dice: “lo dijo Cepillín, es neta”.

 

 

10] ¿Eras rebelde de joven, de ideas abiertas?

 

-Sí. Sin caer en el hippie. Tenía doce años cuando salí a ver si alcanzaba a ver a la cigüeña, porque mi abuelita, que era la partera, me dijo “hijito, ya te trajo la cigüeña una hermanita”. Llega el momento en que ves el cambio de niño a joven, te redescubres individualmente, te miras y dices: “¡esta madre… y no tiene hueso!” (risas).

 

 

11] ¿Cómo enamoraste a tu esposa? 

 

-Lo de Cupido es de a de veras. Ella tenía mil opciones, y de bruta se mete conmigo. Yo iba a los bailes y la mamá, dueña de la casa de la fiesta, me decía “oiga, Ricardo, van tres horas que usted está contando chistes y nadie está bailando por escucharlo”. Yo tenía que contar chistes porque cuando llegaba, nadie quería bailar conmigo, me ponían pretextos, porque había güeyes más bonitos. Y contando chistes, vi que las muchachas eran más felices viniendo conmigo.

 

12] El humor te hacía seductor.

 

-El humor me ha dado todo. Entonces, así la señora me decía “¿con quién quiere bailar?”. Como nunca fui galán, usé mi habilidad para esto. Tuve dos novias y luego mi esposa. Yo la vi circunstancialmente en un convento, donde ella estaba asistiéndose. Yo ayudaba a ese convento en kermeses y eventos para recaudar fondos. Y la madre superiora me presentó a todas las muchachas de diferentes ciudades que estaban asistiéndose ahí, entre ellas, mi esposa. Yo platiqué, les conté chistes, todavía siendo estudiante, y luego empezaron a irse porque tenían que dormirse, hacer la tarea. Y la última que se quedó es mi esposa. Ella tenía novio. Pero el flechazo de Cupido va derecho. Y le dije “vente conmigo”. No tardé mucho en convencerla (risas). Tenemos 42 años de casados.

 

 

 

13] ¿Alguna vez la figura de Cepillín te permitió darte un lujo o una ventaja que no tenías siendo Ricardo?

 

-Te puedo decir que a mi hijo, “Franky”, lo bauticé en la Catedral de San Patricio en Nueva York, hace 34 años, antes de que se casara ahí Thalía (risas). Y con las mujeres, soy Cepillín, no puedo decirles más. En una disco, si de chavo nunca fui, ¡de grande menos! Porque da desventajas también: despintado, si yo quisiera andar de mula, la gente me reconoce. De chavo, durante un viaje a Chicago, conocí el Playboy Geneva [resort que fungió como club Playboy hasta 1981], en Estados Unidos. Vi a las conejitas en un tiempo de tabú. A mí me encantaría conocer al personaje Hugh Hefner, me encanta su casa, aunque sus viejas no tanto (risas).

 

 

14] ¿Cómo te gustan las mujeres?

 

-Como son. Son perfectas. Si encuentras cromos como los que salen en Playboy, ya dices “estoy de súper gane”. Pero todas las mujeres son hermosas.

 

 

15] Tengo que preguntártelo. ¿Hacías el amor pintado? 

– Imagínate de chavo. Trabajaba, siempre fui fiel. Entonces, llegando, ¡sobre el muerto! (risas). Mi mujer parecía que traía payasito, pero porque la pintarrajeaba toda.

 

 

16] Ser una figura de éxito te pone en el centro de la presión, del dinero, del poder y de la opinión pública. ¿Nunca recurriste al alcohol u otras salidas durante esa vorágine?

 

-Eso fue antes de ser Cepillín. Probé la marihuana siendo estudiante, decían que con eso aguantabas estudiando toda la noche. Todos dicen “esa madre da risa”. ¡Pero yo me puse un pedo, sentía que la facultad completa se me movía! Yo decía “¿cómo se pasa este efecto?”. Pensé “¿a esto le sacan gusto?”. Estando en el medio artístico, dicen que tienes al alcance todo. Pero no tienes que estar en el medio artístico para llegarle a un thinner. Es la circunstancia, el momento, la ocasión, y al día siguiente troné el examen. Ése es el remate (risas).

 

17] ¿Sigues fumando? 

 

-Fumé cigarro cuarenta años y me dieron dos infartos. Marihuana nunca más. Y el alcohol, igual. La cerveza sabe horrible, el vino también. El anís, que sabe mejor, es el que más daño hace. Cuando me dio el infarto, el doctor me dijo “¿usted no toma?”. Le dije “nada”. Y me sugirió que me tomara una o dos copas de vino tinto todos los días.

 

18] La figura del payaso también está relacionada con el teatro de revista o la sátira política. ¿Nunca te interesó realizar espectáculos de corte político?

 

-No. Yo puedo estar de acuerdo o en desacuerdo con algo, pero no me puedo meter en todas las intenciones que traiga un político. Y en segunda, creo que así como yo no permitiría que alguien me dijera cómo pintarme, el político tampoco permitiría que otro, que no está en el medio, lo critique. Ponte en los zapatos del político más ínfimo que conozcas. ¿Sabes cómo definen la política los políticos? Como comerse un plato de caca. Y sin hacer gestos. Todo mundo les recuerda la jefa a cada rato, y ellos siguen comiendo la caca, sin hacer gestos. Y cuando se la acaban, dicen “¿no me puede servir otra poquita?”. No lo hago por respeto.

 

 

19] ¿Nunca te ofrecieron participar en campañas políticas, aprovechando tu popularidad?

 

-Un chorro de veces, pero ahí es distinto. Ahí tengo un modo de darme a conocer, a través de la campaña del mismo político. Uno busca que lo vean, las alfombras rojas, los lugares públicos. Yo estuve en la Alameda Central y en Chapultepec un chorro de veces. Corrí con [Miguel Ángel] Mancera. Voy con el que sea, con el que me invite, siempre y cuando sea para algo a todo dar. Pero por apoyarlo, yo creo que ya tiene bastante gente que lo apoye. El artista debe ser apolítico.

 

 

20] Hace años sufriste un infarto que te tuvo clínicamente muerto durante algunos momentos. ¿Viste alguna luz, miraste toda tu vida en un segundo?

 

-Me enteré que yo me morí una semana después. Uno tiene otra idea de la muerte. Recuerdo cuando mi hijo me llevó al hospital, que entré por urgencias, el estetoscopio, los estudios, todo, hasta que me sentaron en la silla para llevarme al quirófano. Y hasta ahí me acuerdo. “Pues ahí se fue”, me dijeron. ¿Túnel, luz, música? Ni madres. Ni “La Feria de Cepillín” (risas). Yo he hecho un chiste de eso. A menos que tengas mucha lana y lo pagues por adelantado, no ves a Marilyn Monroe. No ves na

da, te vas a negros. Me habían puesto tres choques con el desfibrilador y no reaccioné. Y todos los del quirófano, a quienes después fui a darles las gracias, dijeron: “Es Cepillín, doctor, póngale otro”.

Regularmente no se pone el cuarto, porque no llega oxígeno al cerebro y puedes quedar peor que como estoy de idiota (risas). Entonces me ponen el cuarto y tiit, tiit, tiit. (Traza con la mano la línea que indica el pulso en un monitor.) Y aquí estoy. El infarto me cambió muchas cosas. Le di más valor al día. Vivimos demasiado rápido, se la mentamos al tráfico, en vez de decir “estoy vivo”.