LA CHAQUETA DE HUGH HEFNER

UN REPASO HISTÓRICO A LOS ORÍGENES DE LA FAMOSA “BATA” QUE EL CREADOR DE PLAYBOY POPULARIZÓ, Y QUE EN LA ANTIGÜEDAD ERA EXCLUSIVA DE LOS FUMADORES DE LA ALTA SOCIEDAD.

POR: SERGIO SEPÚLVEDA @sergesepulveda

Los lentes redondos de John Lennon, el sombrero de Charles Chaplin, el vestido blanco de Marilyn Monroe, la chamarra de James Dean, el guante de Michael Jackson, el puro de Winston Churchill, la “gabardina de Cantinflas, los pantalones acampanados de Elvis Presley o el gazné de Mauricio Garcés, son algunos de los acentos que estas celebridades usaron para fortalecer sus personalidades o hacer inmortales sus personajes. Pero en esta colección, digna de un museo pop, no podría faltar la bata “vino tinto” de Hugh Hefner, símbolo del playboy mayor, prenda básica de quien vivió una eterna despedida de soltero.

Si somos estrictos en los términos de la moda, la especie de albornoz que vistió Hugh Hefner tiene sus orígenes en lo que llamaron chaqueta para fumar, la cual se volvió popular a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX.

¿Por qué las bautizaron como chaquetas o sacos para fumar? Se debió a que fueron diseñadas con ese fin, ya que con el aumento del consumo de tabaco turco, los diseñadores de la época echaron mano de la seda o del raso para confeccionar una prenda que los hombres, después de cenar, se colocaban encima de su traje cuando se retiraban de la mesa hacia el salón de fumadores, y así evitaban que las cenizas perjudicaran su ropa, eso sí, por el diseño y el material no les hacían perder estilo. Las chaquetas de fumar llegaban hasta la mitad del muslo, con solapas anchas y de tela sedosa o satinada, de preferencia en colores vivos.

Los hombres de la clase alta las adoptaron muy bien, sobre todo, a partir de que el rey Eduardo VII de Inglaterra la empezó a portar de manera más común, incluso en ocasiones cambiaba su smoking por la chaqueta de fumar, y como en esos tiempos quienes imponían moda eran los miembros de la realeza, muchos hombres siguieron los pasos de su majestad y hasta en sus retratos les pedían a los artistas que los plasmaran con esa ropa.

Pero en el siglo XX, fue Hugh Hefner quien se apropió de esta prenda; la hizo suya y la historia jamás podrá quitársela. Tenía cientos de batas y pijamas de seda hechas a la medida que empezó a usar desde los años 60.

¿Por qué? ¿Por qué cambió los trajes Armani por sus chaquetas para fumar?
Todo empezó porque trabajaba demasiado hasta altas horas de la noche, tanto que movió su oficina a su habitación, y en algún momento no sólo se dio cuenta de la comodidad de dirigir Playboy en pijama y bata, sin ropa interior; además, notó que no había alguna consecuencia negativa cuando empezó a aparecer en público vestido de esa forma, como cuando se presentó en 1968 a la Convención Nacional del Partido Demócrata con pijama de batik rojo y azul debajo de su bata en color verde oliva.

Si cierras los ojos y tratas de visualizar a Hefner, seguro lo verás como su estatua de cera del museo Madame Tussauds: pijama de seda en color morado o negro y encima su bata satinada color vino o roja. No obstante, veía el color negro como un aliado. “Siempre me pongo negro durante el día, el negro es poderoso para cuidar de los negocios”, apuntó en alguna ocasión.

Y si este atuendo —del hombre que nunca ocultó que en sus últimas décadas de vida usó Viagra para mantener su
ritmo sexual— no cambió, la rutina semanal de Hugh Hefner prácticamente era igual: lunes, noche de un estreno del cine; miércoles, noche de póquer; viernes, noche de antro; domingo, noche de cine vintage; y cuando llegaba la hora de dormir, usaba su pijama de seda no satinada para no resbalar en las sábanas, mientras que las mujeres que lo acompañaban en su mansión se vestían en pijama de franela, así, la seda y el satín eran sólo para el
hombre de la casa.

Hugh Hefner hoy está en el sueño eterno; sin embargo, durante 91 años vivió su propio sueño, el sueño adolescente que cualquier adulto podría desear, una vida perfecta que se inventó. Una vida que vio de cerca a las mujeres más hermosas, con glamur deslumbrante, amasando éxito económico basado en una chispa creativa que revolucionó el mundo editorial, disfrutando sexo y más sexo, haciendo a un lado las raíces puritanas que su familia le inculcaron, todo esto y más; una vida nada fácil en el tema del amor, el cual buscó mucho tiempo en los lugares equivocados, según sus propias palabras; una vida generosa que nos hace dudar si nuestro jefe Hugh Hefner habrá pasado a una mejor vida, como lo marca algún meme de esta época de redes sociales; una vida divertida, muy divertida, envuelta en seda.

Difícil de creer.