GENTE DETRÁS DEL DINERO: TLC: SI ME DEJAS ME MUERO

EL CAPÍTULO más importante de la renegociación del tlc se llama faramalla y fintas. Habrá en las próximas semanas mucho fuego artificial y declaraciones ruidosas, pero tal vez con menos dureza real que hace un año, cuando el entonces candidato presidencial Donald Trump amenazaba con sacar a Estados Unidos del tratado comercial al asegurar que sólo había beneficiado a México y marginalmente a Canadá, en detrimento de los trabajadores de su país.

Es fácil olvidar algunos episodios, sobre todo, cuando ponen en relieve el éxito de gobernantes poco aplaudidos por la opinión pública, pero el tiempo demostró la valía que tuvo la invitación del ahora canciller Luis Videgaray al actual presidente de Norteamérica para visitar Los Pinos. O de aquella llamada telefónica en la que se discutió quién pagaría el muro fronterizo, en la cual —según algunos medios como el de Carmen Aristegui—, Enrique Peña mostró una total mansedumbre al inquilino de la Casa Blanca. Hoy está demostrado que el presidente mexicano nunca aceptó que nuestro país pagaría por la obra más inútil en la historia de América. Si bien será imposible esperar la disculpa de aquellos que acusaron falsamente de docilidad al mandatario, los hechos muestran que la nación mexicana jugó las cartas correctas en un momento de enorme incertidumbre, mismo que el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, definió como una “película de terror”.

Y es que no debe olvidarse que el día que Donald Trump ganó, el peso se depreció como nunca; llegó a niveles de 22 pesos por dólar… pero actualmente ronda los niveles de 18 pesos, o sea que la moneda nacional se apreció un 18 % después de que pasara la pirotecnia verbal del presidente americano. Pero no fue casual. De entrada, una amplia coalición de empresarios estadounidenses han mostrado abiertamente su apoyo al acuerdo comercial, a través de la Cámara de Comercio que encabeza Thomas Donohue, alertando que se perderían millones de empleos en su país en estados como Texas, California, Arizona, Illinois y Arkansas, mismos que han prosperado gracias a un intercambio beneficioso que suma un millón de dólares por minuto.

Vaya, en los mismos distritos agrícolas del centro de E.U. donde Trump arrasó con su discurso anti-tlc y antiinmigrantes, los agricultores han tenido que pedir a su presidente que modere sus objetivos, pues a México le exportan el 95 % del maíz amarillo que producen. Cerca de 3.5 millones de empleos se derivan directamente del intercambio comercial en todo Estados Unidos, y el efecto multiplicador —por servicios y proveedores— puede agregar otros 10 millones de manera indirecta. Y en materia energética, si bien obtenemos del vecino del norte casi el 90% del gas natural que importa —el combustible fósil más eficiente y limpio para generar electricidad—, los productores de ese país no tienen mercado más cercano y más valioso que el mexicano; transportarlo en barcos previamente licuado, y posteriormente llevado hasta Asia o Europa elevaría sus costos y generaría el riesgo de colapsar su propio precio por sobreoferta.

Por otro lado, en México no nos hemos quedado con los brazos cruzados. Después de un durísimo inicio de año, que arrancó con el abrupto incremento a los precios de los combustibles y con la corrección de la deuda pública, la economía mexicana dio muestra de una resistencia que tal vez ni nosotros sabíamos que podía tener. Es a lo que en un anterior artículo denominé The Real Mexican Moment, no el que alaba el trabajo de los gobernantes en turno sino el que refleja el tesón de millones de personas que, a pesar de la estrechez, se levantan a diario para llevar a sus hijos a la escuela e ir trabajar a pesar de la fatiga, y que apuntaló el mercado interno que permitió expandir el pib a 2.2% en los primeros seis meses, luego de que el pronóstico fuera de estancamiento. En paralelo, el trabajo diplomático y comercial empezó a renegociar acuerdos con Europa, con el Mercosur y con Japón, además de los países árabes, donde se consume carne de res mexicana y crece la afición por el guacamole.

Los esfuerzos son notables, pero sería una mentira asegurar que nuestro país revertirá una dependencia e integración que le hace enviar un 85 % de sus exportaciones a Estados Unidos, ello significaría multiplicar cinco veces el trabajo de comercializar fuera de América del Norte, pero trabajo como el de buscar proveedores argentinos de maíz o colocar cárnicos en Egipto y Dubai, es una firme señal a los inversionistas extranjeros que México no será presa fácil del revanchismo trumpista.

Sin embargo, si las rondas de negociación que recién comienzan privan el sentido común, podrían suceder situaciones tan favorables como que, siendo América del Norte la región con el gas barato del mundo, un nuevo tlc daría paso a una zona de manufactura e innovación integrada, donde los salarios podrían mejorar —paradójicamente como una de las prioridades de Trump—, así como equilibrar las tasas fiscales que también responden a la agenda económica y anticorrupción de un showman vestido de presidente republicano. Ciertamente habrá sectores que probablemente no cambien, como el transporte de carga, pues los sindicatos de E.U. se oponen a ello, pero hay otros que ofrecen una perspectiva de gran impacto innovador, como las telecomunicaciones y la regulación del medio ambiente. Hasta podría ser que saliéramos ganando.

POR MAURICIO FLORES @mfloresarellano