ENTREVISTA A WENDY GUERRA

Nunca han faltado mujeres escritoras cuyas voces signen en el lector a través de sus palabras, la vida con sus pasiones, alegrías y complejidades; el infortunio es que atávicamente no han sido divulgadas con la relevancia correspondiente y en muchos casos, absurdamente menospreciadas por su condición de mujer; mas como en la literatura la palabra manda, ello no ha impedido que profundas y maravillosas historias hayan sido legadas desde hace siglos por la mano de mujeres que, vale decir, sobre todo en nuestros tiempos, reivindican la posición que siempre debieron tener. Una de ellas es la escritora cubana Wendy Guerra (La Habana, 1970), una de las plumas más representativas de la isla –y de la literatura latinoamericana- cuyo compromiso con su país trasgrede las historias oficiales y a veces herméticas, contando a partir de su propia experiencia y percepción de Cuba, textos traducidos en novelas, artículos periodísticos y poemas, que son valiosos documentos literarios que desentrañan el misterio de esa tierra de grandes autores como Guillermo Cabrera Infante, Leonardo Padura, José Martí, Lezama Lima, entre muchos otros. Guerra, elogiada por la crítica y con un amplio sector de lectores, ejerce una belleza textual que cumple dos funciones: por un lado narra con precisión y palabras perfectas escenarios, personajes, emociones y atmósferas, haciendo de cada paso de página un gozo para el lector, mientras que por el otro, con un carácter casi periodístico, traza una geografía histórica sobre Cuba que devela un lado más íntimo. Con motivo de la redición de “Nunca fui Primera Dama” en Alfaguara, tuve el gusto de intercambiar palabras con la escritora, quien comparte sus procesos creativos y lo que representa esta novela en el terreno personal y literario.

 

GARBA: Pienso que tu literatura es feminista sin que tus novelas se pronuncien como tal; será que tu escritura es sutil, honesta y poderosa, pero sobre todo, me parece no busca erigir discursos sino contar partiendo de lo personal y la propia visión de lo que te rodea. ¿Qué piensas de esto?

WENDY: No me inscribo en ninguno de eso “ismos”, tampoco comunismo o partidismo, pero creo que la mujer necesita dar una batalla constante por sus derechos, y en ese sentido creo en la denuncia y en el modo de narrarlo con claridad y agudeza. Mi trabajo es anotar en mi diario personal cada atisbo de existencia para desarrollarlo luego como material de ficción.

GARBA: Tus novelas son íntimas; como lo has dicho, tus diarios son la base de tus libros y no hay pudor al reflejarte en ellos. ¿Es la proyección de esa intimidad un compromiso literario o es un estilo con el que te sientes cómoda?

WENDY: Bajo mis faldas, bajo la luz de mi lámpara de noche, bajo la secreta cultura de la vida privada, se encuentran las más sorprendentes historias corales esparcidas en un diario personal. Asuntos e historias que se deben refinar para estructurar luego en novelas, que, como en el caso de “Todos se van” pueden tener la suerte de ser llevadas al cine y se hacen asequibles al gran público. Creo en el camino de la intimidad como vehículo para ser escuchado por miles de espectadores y lectores. Mientras más sola se encuentra una mujer, una escritora inspirada en su problemática… más reflejos encuentra en las demás. Son espejos, escamas, ilusiones ópticas, lupas de soledad, olas y olas proyectadas desde la vida privada de una autora al mundo real.

GARBA: En “Nunca fui Primera Dama”, a diferencia tal vez de “Negra”, retratas a Cuba con mayor detalle y temporalidad, pones ante el lector a más personajes que son vitales para la historia de la isla; haces, desde mi perspectiva, una escritura paralela: la de la escritora lírica, de una prosa poética maravillosa que eriza al lector con párrafos y frases extraordinarias; y por otro lado la que, en una especie de literatura casi ensayística, muestra al lector las realidades históricas de Cuba, algunas no muy conocidas para los que habitamos en otras latitudes. ¿Cómo logras ese manejo?

WENDY: Muchas gracias por tu delicada y cuidadosa lectura. Creo que subir una a una las sayuelas de Cuba, desnudarla a nivel gráfico, sensorial e histórico, es un deber mayor que uno tiene con sus lectores. Es bien fácil escribir sobre El Che Guevara, Fidel o el Ron Havana Club; las mulatas, el socialismo, el sexo o las sucesivas guerrillas. Creo que bajar al pozo de lo que ha derivado todos estos años de aislamiento, llegar al ser humano y mirarlo de frente, crea una escritura inusual, descubre las mieles de otro lenguaje y no estafa a los que compran nuestros libros. Cuba es algo más que todos esos lugares comunes y es en el dolor o el frenesí de lo sui géneris, ese lugar en que transcurren mis personajes. Más allá de los allá de Cuba, suceden mis historias.

GARBA: En tu novela humanizas a personajes históricos, desde el Che hasta Fidel Castro, haciendo énfasis en este personaje fabuloso que fue Celia Sánchez; muestras muy poco de esa imagen solemne por los cuales la mayoría los conocen y son presentados de una manera en que el lector puede sentirlos cercanos. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Era esa tu intención?

WENDY: No soy una persona a la que le guste tener ídolos o imágenes de veneración, hemos estado amarrados -por décadas- a toda esa otra religión dependiente en el socialismo y creo sinceramente que me encuentro alejada de esa iconografía… pero Celia es absolutamente el cable a tierra de Fidel Castro con su gente, con los ideales y si hubo una verdadera utopía se encuentra en la cabeza y el alma de Celia. Este personaje misterioso es desconocido y poco común para el lector global, para quienes creen conocer la Cuba de las camisetas del Che y las canciones de Compay Segundo. Celia es esa otra Cuba secreta y este es el mundo que yo deseo llevar a mis lecturas. Esa Cuba turística y evidente es poco confiable a nivel literario.

GARBA: Tu obra literaria rodea a Cuba desde lo social y político; y a ti, desde lo personal y lo familiar. ¿Cómo haces para que cada novela se sienta nueva, que no has agotado tus propios temas?

WENDY: Cuba es infinita, como las matrioskas que van una dentro de otra guardando cada una su propio misterio. De cualquier forma el libro de Cuba es siempre infinito y mi próxima novela ocurre en Centro América.

GARBA: De alguna forma “Nunca fui Primera Dama” está cercana a México, tu editor en Alfaguara fue Julio Trujillo, un reconocido poeta y editor; visitas seguido el país y tienes grandes amigos mexicanos; dicho esto, 2018 es año electoral, elegimos presidente de la República en un clima político confuso donde las derechas y las izquierdas están revueltas –hace poco decías “si Maduro es la izquierda y Trump la derecha a mí no me inviten a esa fiesta”-; donde parece ningún candidato convence. Tú desde Cuba ¿cómo ves este proceso en México?

WENDY: Primero tengo que ver el cubano -que es apenas un espejismo- ocuparme de mis propios demonios para luego atacar a los demonios mexicanos. Ustedes pueden hacerme la pregunta en una revista como esta, en mi país de eso no se habla… mi proceso se inicia con poder contarlo, preguntarlo y responderlo todo, en eso ando. Por respeto a México dejo a los mexicanos la verdadera respuesta a tu pregunta. Mis dos editores en este libro, en Bruguera primero, Ana María Moix y Julio Trujillo en Alfaguara, ambos poetas maravillosos y seres fuera de lo común, conocen perfectamente que el respeto a la realidad del otro es también poesía.