ENFANT TERRIBLE

UNA REVISIÓN HISTÓRICA DE LOS SUCESOS QUE PERMITIERON QUE UN HOMBRE CAMBIARA LA FORMA DE PENSAR DE UNA SOCIEDAD.

POR: Pedro Ferriz de Con
@pedroferriz

Hef, como le conocían en el barrio de su natal Chicago, era un joven lleno de imaginación, creativo y disruptivo, que luego de servir en los últimos estertores de la Segunda Guerra Mundial, llegó a un Estados Unidos que experimentaba una transformación social profunda, cuando las mujeres —desde 1939 hasta terminada la guerra en los dos frentes: el del Pacífico y Europa— se posicionaron en la problemática derivada de la lógica que propuso el conflicto armado.

Los soldados regresaron por millones para encontrarse con una economía que era ya movida por las mujeres en fábricas, centros de producción alimentaria, oficinas y la propia administración pública de los gobiernos en sus diferentes niveles, ya que el hombre tuvo que migrar y dejarlo todo para defender los ideales del Frente Aliado que se había opuesto a los países del Eje, encabezados por Hitler y sus ideas expansionistas de “una raza superior” que gobernaría al mundo por los siguientes mil años.

Una vez terminado el holocausto, con el cerrojazo del inicio de la Era Atómica, los soldados norteamericanos regresaron como extraños a su tierra… pero no sólo eso, sino que eran literalmente desempleados, cuyos puestos de trabajo fueron tomados por sus esposas, parejas, madres, hermanas, novias…

La sociedad feminista marcó la pauta del nuevo desarrollo de la Segunda Ola de la Revolución Industrial, y con ello también se propuso una sutil revolución social, en la que las libertades plenas de las mujeres se manifestaron con el American Way, que implicaba una liberación de los estándares sociales que proponían soltar el freno del conservadurismo para entrar en un pragmatismo existencial que equilibró el papel de la mujer, no sólo en la economía, sino en la vida política y social de su tiempo… lo cual implicó un “destape” que fue visto con la lente de un hombre visionario que tradujo a los pasquines subversivos de una pornografía vergonzante, en una expresión de erotismo sofisticado —que reflejó la ideología de una sociedad que abrazaba al glamur—, y nuevas formas de expresar los placeres de una sociedad observada bajo la mirada de la modernidad, pero también de una nueva relación entre hombres y mujeres en el contexto religioso y de vida del materialismo, capitalismo y existencialismo, que no bien terminada la guerra, inició un siguiente periodo de lo que después conocimos como La Guerra Fría… una en la que los jóvenes de entonces no sabíamos si el mundo acabaría, luego de que un loco en el poder pudiera desatar una conflagración nuclear.

Las estructuras de la cultura occidental cambiaban a pasos agigantados, y hombres con Hugh Marston Hefner detonaron los sentimientos de una civilización identificada en una sexualidad que se entendía con una nueva naturalidad de formas femeninas, ¿que incluso rompieron los patrones del concepto de la belleza de la mujer del siglo XIX… De la hembra voluptuosa y regordeta, “exultante en carnes”, se adoptó el modelo menos pesado, más acentuado en formas de divas de talles pronunciados y pechos exuberantes, el ideal de la belleza del Siglo de la Luz.

Y así, se establecieron formas de vivir y de entender el éxito y la felicidad, para después darse el lujo de tratar en las publicaciones de Playboy todo tipo de tendencias vanguardistas ligadas a nuevos descubrimientos, avances en la medicina, logros en el terreno biomédico que planteaban mejores desempeños de hombres y mujeres en su sexualidad.

Hef, fue un genio. Un precursor. Un rebelde. Un innovador. Un sicólogo en el más puro estilo de la palabra (ya que de ello tenía estudios), que aplicó en la cotidianidad para hacer de ello el American Way of Life. Un modelo evolucionado de las relaciones humanas que hoy sigue vigente, en pleno siglo XXI.

Hugh Hefner no sólo fue el editor mas controvertido de nuestra época, sino un intérprete del ser y del deber ser.

Hombre de nuestro tiempo, que nunca se hizo acreedor de Premios Nobel o distinciones académicas. La verdad, no le hicieron falta. Fue simplemente un triunfador que llegó a la cima para sembrar la bandera de un conejito simple y juguetón, que supo vivir la vida y llevarla hasta el extremo.

Con Hef se va una época. Hoy, al ser recibido en las puertas del Cielo, oigo claro a San Pedro dándole la bienvenida.
“Pasa Hugh… siéntete cómodo… a ver si el cielo es algo cercano a lo que en la Tierra creaste con tu imaginación y sagacidad interminable”.

Descanse en paz, Hugh Hefner… ¡Aunque sé que no lo hará!