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martes, 25 de abril de 2017

DIFÍCIL DE CREER: JODIDOS IMPUESTOS

COBRARLOS NO TIENE NADA DE MALO, SIEMPRE Y CUANDO SE VEAN REFLEJADOS EN LOS SERVICIOS. PERO LA HISTORIA ESTÁ LLENA DE GRAVÁMENES EXAGERADOS Y ABSURDOS. MÉXICO TIENE UN APARTADO GENIAL EN ESTE RUBRO.

POR SERGIO SEPÚLVEDA @sergesepulveda

Ya ha pasado un mes de sobrevivir al gasolinazo y aquí seguimos, más jodidos, pero aquí seguimos; recordando las palabras del Secretario de Hacienda en la última semana de 2016. Lo mejor está por venir porque con el aumento de la gasolina los que ganarán serán nuestros hijos y nietos… Ojalá que nos alcance la vida para comprobar eso, porque mi abuelo tiene 22 años de muerto y siempre decía que México estaba en crisis y se murió sin ver el progreso.

Esa declaración de José Antonio Meade (cuyo apellido se pronuncia mid) amargó la noche y el recalentado de fin de año. Hubo otras palabras que se perdieron entre el enojo y que ahora que las leo de nuevo, sirven como bálsamo ante el atorón Premium que nos aplicaron. El secretario Meade dijo que si no se subía la gasolina “teníamos que endeudarnos o subir los impuestos”, entonces de lo perdido lo encontrado y qué bueno que no subieron los impuestos porque en una de ésas, México se iba a parecer a Alemania donde se paga el 47% de impuestos o a Suecia, país con el mayor cobro de impuestos en el mundo, con una tasa del 56.86 %, y, claro, nos íbamos a semejar a los germanos o a los nórdicos pero sólo en el dar dinero, no en recibir la calidad de los servicios que los europeos tienen en educación, salud, seguridad y bienestar.

Hay que decir que el tema fiscal siempre ha sido una piedra en el zapato para gobernantes y gobernados, ambos creativos, los primeros para gravar y los otros al intentar pagar menos.

El primer sistema tributario que se conoce fue el del Antiguo Egipto, alrededor del año 3 000 antes de Cristo. En esta época llegó a existir un impuesto al aceite para cocinar y los recaudadores se encargaban de visitar cada casa para verificar que se utilizaba el suficiente aceite y no algún sustituto para tratar de evadir el impuesto.

Por su parte, los griegos tenían un impuesto conocido como eisphora, el cual se utilizaba para costear los gastos de alguna guerra. Se cancelaba cuando la guerra terminaba e incluso se le reembolsaba a los ciudadanos con lo que se obtenía de los pue- blos derrotados. Esto me recuerda a la tenencia vehicular que mucha gente piensa que se creó para financiar los Juegos Olím- picos de 1968 y que luego desparecería; eso es un mito, ni se puso para financiarlos ni se pensó temporal.

En otra época, el emperador Pedro I de Rusia, El Grande, creó varios impuestos muy extraños, como el impuesto a las barbas, los sombreros, las botas, los sótanos, las chimeneas, los nacimientos, las bodas, los funerales, e incluso a las almas de los hombres. Difícil de creer pero todas las personas de sexo masculino, con excepción del clero y la nobleza, tenían que pagar un impuesto por su alma, y si algún hombre intentaba huir de su aldea para evadir el impuesto, la aldea entera tenía que pagar por él.

En tiempos de los aztecas, éstos rendían tributo a los tepanecas de Azcapotzalco y el gobernante les pedía una balsa llena de frutos y flores, con una garza incubando huevos que, al ser entregada, debía de estar picando un cascarón.

Luego, en el México del siglo XIX la evasión fiscal se llegó a penar con la muerte y aun así hubo muchas personas que se rehusaban a pagar. Más tarde, durante el gobierno de Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón, o sea Santa Anna, se establecieron muchos impuestos extraños y excesivos como el del pago de un real por cada puerta, cuatro centavos por cada ventana, dos pesos por cada caballo robusto, un peso por los caballos flacos, y hasta un peso por cada perro.

Si esto les suena a locura, hay cosas peores. Recordemos que en 2005 en Maryland, Estados Unidos, se colocó un im- puesto de 30 dólares al año por bajar la palanca del inodoro, algunos dicen que era un impuesto muy cagado.

En 2012, el economista Takuro Morinaga propuso aumen- tar los impuestos a los hombres solteros y físicamente agradables de Japón. Su loca idea pretendía dividir a la población en cuatro categorías: Guapos, normales, feos y muy feos. ¿Quién haría esta división?, un consejo de cinco mujeres elegidas al azar. Su idea surgió por la necesidad de Japón de aumentar su tasa de natalidad.

En Dinamarca, catalogado como el país con mejor calidad de vida, se aumentó el impuesto a los alimentos que tuvieran grasas saturadas para luchar contra la obesidad en aquel país. Entonces el aceite y la mantequilla fueron gravados con 2.69 dólares extra.

¿Ustedes han gastado para que les digan su futuro? Si es así, seguro se han percatado de que muchos cobran poco y otros ganan cientos de miles de pesos. Bien, en Rumania se determinó que los adivinos y brujos deberían pagar el 16 % de todos sus ingresos.

Total que no es malo pagar impuestos, es la única forma de que un país funcione. El problema es pagar y que el país no funcione en lo más básico.

Difícil de Creer.