DIFICIL DE CREER: AGUAFIESTAS DEL SEXO, ENTRE LA CALENTURA Y LA SALUD

NUESTROS PAPÁS HABLARON DE ESO CON NOSOTROS Y TARDE O TEMPRANO LLEGARÁ EL MOMENTO EN QUE TENGAMOS ESA CONVERSACIÓN CON NUESTROS HIJOS. EL TEMA PRIORITARIO DEBERÍA SER EVITAR ENFERMARSE.

CUANDO UNO se convierte en padre se entera de cuánto lo aman sus papas; es decir, dimensiona todo ese amor que le transmiten con palabras y caricias, pero existe otra representación del amor paternal: las llamadas de atención, reglas en casa, los consejos que parecen órdenes no negociables y las preocupaciones ante un comportamiento que como hijo te exponen. En ese amor único, es donde tiene raíz la frase “Cuando tengas un hijo lo vas a entender”.

Así es, cuando uno es papá descubre que la vida es tan hermosa como peligrosa. Lo que antes no valorabas ahora es sublime, lo que antes no mirabas hoy es un foco rojo, y entre todos esos temas, la vida sexual de los hijos es un tema que provoca inquietud, un pendiente.

En mi adolescencia, allá por los años 80, tuve dos pláticas sobre mi incipiente vida sexual con mis padres. Charlas cortas, o mejor dicho, monólogos breves de ellos hacia mí que me incomodaron, pero que con el paso del tiempo y, sobre todo, con el incremento de mi vida sexual, cumplieron el objetivo de protegerme.

Esas charlas sólo fueron un par, ambas con temas distintos. Mi mamá fue clara y directa: “No quiero que vayas a embarazar a esa muchacha”. Esta frase me la dijo porque andaba muy clavado con Toñita; a pesar de que con ella nunca pasé del faje, mi madre me veía muy entusiasmado (algunos dirán enculado), y le aterraba que yo repitiera su historia, ya que mi madre se embarazó con sólo 17 años de edad. Ella no me dijo: “Ponte condón”, ni me prohibió andar con ella, pero su discurso entre líneas me alertó para ser precavido.

Con mi papá fue otro tema. Recuerdo que íbamos en el coche solos él y yo. Apagó la radio. A diferencia de mi madre, mi papá fue más sutil. Me aventó un choro que no recuerdo bien, para terminar diciendo: “Entonces si tienes relaciones sexuales usa preservativo, ya ves que ahora está de moda el sida”. Y sí, en esos años e iniciados los años 90 “el sida estaba de moda”; poca información se difundía de la epidemia pero bastaba saber que se contagiaba por coger sin condón para que papás como los míos se atrevieran a platicar de sexo.

Mis hijos están muy pequeños, siete y cinco años, pero el tema está latente en mi cabeza porque cada vez más jóvenes inician más temprano su vida sexual. En mi caso, yo me inicié en los juegos sexuales alrededor de los 14 años de edad, y mi primer coito sucedió a los 18 años, pero en el México actual hay poco más de 22 millones de mujeres y hombres, de entre 10 y 19 años, que en promedio tienen su primera vez a los 16, aunque muchos lo hacen antes.

Lo más preocupante: La mayoría lo hace sin usar condón y casi nadie sin otro tipo de anticonceptivo.

No le asusta a mi moral —con tintes sesenteros y rocanroleros— que mis hijos dejen de ser vírgenes muy chavos (ojalá no tan chavos), me ocupa tener el discurso eficaz, en tiempo y forma, para hablar con ellos y convencerles que el sida no es una leyenda urbana de los años 80 como muchos chicos piensan, debo dejarles claro que “sigue estando de moda”; debo encontrar las palabras más certeras para que eviten un embarazo no deseado que complica el camino a la felicidad.

Debemos hacerles notar a los hijos, a los hermanos, a los amigos, que el vih es sólo una de las más de 30 infecciones de transmisión sexual que podemos canjear por un descuido a la hora de la calentura. De estas decenas de enfermedades por virus, bacterias y parásitos inmiscuidos en el intercambio de fluidos y roces íntimos, las ocho infecciones más comunes son: sifilis, gonorrea, clamidiasis y tricomoniasis, entre las curables; y hepatitis B, herpes, vih y virus del papiloma humano entre las incurables.

En alguna plática machista, en este siglo xxi, escuché la preocupación de algunos papás por hacer lo necesario para que sus hijos fueran heterosexuales: “Bien machines”, dijo alguno. Yo externé que de la sexualidad de mis pequeños no me angustia si son heterosexuales, bisexuales, gays, lesbianas o si vayan a tener algún gusto fuera de las “buenas costumbres”, esos temas forman parte de su vida y de sus partes privadas; en lo único que debemos meternos con respeto es en educarlos para que no se enfermen.

Cada año 357 millones de personas contraen alguna de las cuatro enfermedades de transmisión sexual curables más comunes. Más de 500 millones de personas portan el virus del herpes genital y más de 290 millones de mujeres portan el virus del papiloma humano. Esos números son los que debemos atender. Nuestra preocupación no debe ser la manera en que nuestros hijos destienden la cama, sino que siempre haya un condón ahí, entre la calentura y la salud.

Difícil de creer.

Por Sergio Sepúlveda @sergesepulveda