Historias de la Chulanga: Pinga, Tanga y ChangaPor Nora Emilia Viernes 5 de Febrero de 2010Esta mujer/narradora se desnuda frente a los lectores; expone su libido sin vergüenza ni tapujos. Libertad que cifra gestos en alocución espontánea que conmueve por su certeza. Me despertó la fuerte voz del viento como a las tres de la mañana. Un aire durísimo sacudía con fuerza las plantas contra la ventana. Escuché varias veces toser a Marcela y cuando Regina se levantó asustada por el ruido, me fui a su cuarto a dormir con ella. Acurrucadas las dos en su cama intenté inútilmente conciliar el sueño, en cambio Regina cayó profunda y pudo descansar de una buena vez. En el insomnio me vino a la cabeza la invitación que me mandó Jessica, mi amiga de la prepa que ahora vive en Monterrey y que pronto festejaría la primera comunión de su hijo. De mi grupito de aquellos años, ella fue la primera que se fue de la Ciudad de México, por lo mismo, es la que puede darse el lujo de reunirnos a todas en un lugar neutro a pesar de la distancia. La idea de viajar me emocionó desde el principio. Cualquier pretexto para viajar es bueno, pero esta vez se trataba también de un viaje interno. Así que, mientras trataba inútilmente de dormir, pude verme con Pinga y con Tanga en la hermosisíma cascada Cola de Caballo, en las grutas Bustamante y pensé que seguro iríamos al Paseo de Santa Lucía pero, como las cosas con la Changa no habían acabado del todo bien, yo no la veía por ninguna parte. El viento volvió a soplar fuerte de nuevo, me abracé a mi chiquita. De entre nosotras, sólo Tanga y yo nos vemos con frecuencia. Pinga se divorció antes de tener hijos y se fue a vivir del otro lado. La Changa, en cambio, se separó feo del grupo, dizque porque éramos mala influencia, que estábamos gruesas… no sé, comenzó a buscarle a la vida un lado puramente convencional, esa fue la conclusión a la que nosotras llegamos cuando sin muchas explicaciones dejamos de coincidir… Ahora sólo somos amigas en facebook y muy pocas veces nos hemos encontramos en el chat. En mi insomnio me vi diciéndole a Changa que desde que Tanga y yo nos reencontramos, le he quitado lo convencional a mi vida y eso me ha vuelto más ligera. El viento volvió a sonar de nuevo, Regina se despertó asustada y yo volví a acurrúcame cerca de ella. Una vista panorámica de la ciudad de Monterrey me vino a la mente, pensé en sus montañas tan hermosas; me puse a imaginar el lago artificial que construyeron hace unos años y me acordé de lo orgullosa que me escribió Jessica: “Hay mucho que hacer acá en mi tierra, tráete a las güercas. Se la van a pasar muy lindo”. Changa y yo nos hicimos amigas en la prepa. Nuestra amistad duró casi diez años; unos meses menos de lo que duró mi matrimonio. Sólo de pensar en ella, miles de recuerdos llegaron a mi mente: el día que fuimos a ver “Fantasía” pachequísimas las dos en el cine Hermanos Alva; cuando no aventamos una cajetilla de Del Prado en un Vips para aprender a fumar en lugar de entrar a la clase de inglés. La ensalada de brócoli, cebolla morada y nuez de la India que preparaba su mamá y el pastel de trufa de chocolate que nos comimos casi entero. Cómo me dolió de pronto romper con ella. Volvió a soplar el viento. Mi chiquita se despertó de nuevo. Pinga y Tanga fueron como novias sin fajar… cuadernotas de rayas que todo hacían juntas. Hace poco Tanga me contó que en esos años de prepa, cuando uno quiere, pero no sabe bien qué quiere, compartieron a un chavo que en realidad no les interesaba a ninguna de las dos. A Pinga le decían así en su casa por traviesa. Siempre iba un paso adelante. Cuando nosotras ya besábamos, ella ya fajaba; cuando fajábamos, ella ya lo hacía y cuando ya lo hacíamos, ella ya estaba experimentando más. Entre el cansancio y la vigilia comencé a imaginar a Pinga y a Tanga envueltas de amor, se metieron a mis sueños con un corte muy a la Farrah Fawcett, desnudas una encima de otra, dándose besos y gimiendo con dulzura mientras se tocaban. Las pude ver susurrándose secretitos entremezclados con piropos. Ahora fue a mí a quien despertó el viento. Me levanté calladita y llegué a mi habitación. Prendí la computadora para escribirle a Jessica que contara conmigo para la fiesta, cuando me encontré a la Changa en el chat del facebook. Eran como las cuatro y media de la mañana, si esos eran sus horarios, era claro por qué no coincidíamos. YO: Hola. ¿Vas a ir a lo de Jessica? ELLA: Claro, ¿y tú? YO: También ELLA: Oye, ya perdónamela ¿no? YO: ¿Perdonarte qué? ELLA: No te hagas, sí sabes. YO: No sé. ELLA: Que me acostaba con tu ex en aquellas épocas. YO: Neta, supe que tuvieron un affair. ELLA: Fue más que eso. Nunca tuve los huevos pa’ decírtelo… bueno, me imagino que para estas alturas ya no te importa, él ya fue. YO: Exacto, eso es ya historia. La fiesta del hijo de Jessica va a estar divina, ella es una gran anfitriona. ELLA: ¿Nos vemos ahí? YO: Claro que sí. Me despedí un poco en shock y apagué la computadora. ¡Qué ganas de que esas traiciones pasadas se resbalen! La verdad, cuando me lo dijo me quedé fría. Dolió un momentito, pero algo en nuestra historia compartida por fin hizo sentido. El viento no había cesado; los ojos se me cerraron solos. Dos horas después desperté a mis hijas y, con mayas bajo el pantalón y un té en la pancita, se fueron las dos juntas al colegio. COMENTARIOS
joanniso dice:
5 Febrero 2010 @ 12:00 pm
Excelente como siempre, un fuerte abrazo para Nora Emilia, ciao.
playman dice:
5 Febrero 2010 @ 11:12 pm
Nora Emilia, hace poco creé mi cuenta en playboy méxico, desde entonces trato de leerte y este sin duda tu mejor relato de dos meses para acá, me invitas a monterrey? Me gustaria ser parte de esa parte de la historia tuya. Un beso
playman dice:
10 Febrero 2010 @ 2:29 pm
de eso se trata el asunto o no? Si no que caso tendría la interacción?? Y claro que sueño por que creo que los sueños si crees realmente en ellos, pueden ser realidad, aparte quién no sueña no aspira a nada. Te lo dejo de tarea...
Facundo Cabral dice:
10 Febrero 2010 @ 2:37 pm
Se le quizo decir que haga fila pues somos bastantes los que quisiéramos ir a Monterrey... nada más.
Facundo Cabral dice:
8 Febrero 2010 @ 2:37 pm
Ya me recordó el cine que había en la Ciudad de México para pasar el rato con el ratón y el pato y el perro y el gallo y el loro y el hada y la princesa y la perezosa y la visitadora social de los bosques para enanos, al primer humano explorador de la realidad virtual que llegó a la pantalla grande y que por cierto vuelve con su legado para días decembrinos e invernales...
eat to the beat dice:
8 Febrero 2010 @ 3:08 pm
ME ENCANTAN ESTAS HISTORIAS!
que bien que decidieron ponerlas! Lo máS visitado |
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