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martes, 22 de agosto de 2017

RIUS Y EL SEXO: HASTA SIEMPRE MAESTRO

Nació en Zamora, Michoacán, el 20 de junio de 1934 y antes de convertirse en el autor de más de una centena de libros sobre historia, política, religión y hasta alimentación, trabajó en una célebre funeraria. A pesar de considerarse un férreo ateo, durante su juventud asistió al Seminario. Rius o Eduardo del Río García escribió –o dibujó, mejor dicho –un nuevo libro en 2013. Se trata de El sexo de Rius, un folletín de menos de 90 páginas en las que  intenta llenar los huecos educativos dejado por los libros “oficiales” de educación sexual. Lo divertido es que Rius no sólo nos platicó de este libro, a propósito de nuestra edición especial Playboy de sexo, sino que nos contó sus propios secretitos: No le gusta el sexo sin amor, como tampoco el sexo anal, porque no le gusta utilizar condón. Pero eso sí, recomienda que todo el mundo se lo ponga. El libro más pornográfico, en su opinión, es la Biblia… pero antes de todo eso, la primera pregunta de la entrevista la formula él, precisamente, el cuasi octagenario Rius.
Este martes a los 83 años de edad falleció en Morelos, y para recordarlo compartimos esta entrevista que en 2013 tuvimos con el maestro Rius.

Editor en Jefe
@ArturoElEditor

RIUS: ¿De quién hay que hablar mal?
PLAYBOY: De todos, de preferencia. Empezando por Los Pinos y de ahí nos vamos para abajo.
RIUS: (Risas)
PLAYBOY: ¿Te molesta que hablen mal de ti?
RIUS: No, cuando tienen razón, pero la mayoría de las veces no la tienen.
PLAYBOY: ¿Cuál es la crítica más acertada que te han hecho?
RIUS: Que soy un pendejo (risas), la mitad de los mexicanos lo piensan y, sí, tienen razón.
PLAYBOY: Pero al parecer estamos bien tontos para hablar de sexo, ¿en qué momento te nació la inquietud de decirnos: por ahí no va?
RIUS: Porque es una tendencia del ser humano decirle a los demás que uno va en el camino adecuado, hasta que recibes golpes de la vida. Entonces dices: a lo mejor son los otros los que tienen razón. La vida hay que tomarla con la filosofía de que no siempre estás en lo correcto.
PLAYBOY: Te tengo un reclamo acerca de tu libro: es muy pequeño para un tema tan vasto.
RIUS: Sí, pero lo quería hacer breve porque no se era un tratado de sexualidad o erotismo, sino un resumido manual de educación sexual. Hay tanto que decir del sexo que capaz que me sale una enciclopedia, pero quise hacerlo, breve, así para que estuviera barato y tuviera acceso a él más cantidad de gente. Además, cuando ven un libro gordo no lo leen. Éste es fácil que se lo echen en media hora. Siempre he tratado de hacer libros breves, pero a lo mejor ahora se me pasó la mano.
PLAYBOY: Puede que el libro dure hasta menos que el sexo.
RIUS: Según la edad del que lo hace (risas) y la de su pareja. O si tiene eyaculación precoz. Pero hay los que duran hasta dos horas.
PLAYBOY: Decía Woody Allen que para estar bien hecho, el sexo debía estar sucio. ¿Estás de acuerdo?
RIUS: Depende de qué entendamos por sucio. Por ejemplo, la gente de la Iglesia. Son los primeros que critican el sexo, pero ellos lo ponen en práctica en la intimidad de sus sábanas. “Sucio” es un concepto muy elástico: ¿dónde empieza lo sucio? Igual que la pornografía. Hay un chiste muy viejo de un psicólogo que le pone las manchas de Rorschach a un paciente y le pregunta: ¿usted qué ve ahí? “Pues una pareja de venados teniendo sexo.” Le cambia las láminas: ¿y ahora qué ve?. “Dos perritos cogiendo.” Así, le pone una tercera: ¿Y ahora? “¡Es evidente, una pareja fajando bien sabroso!” Oiga, pero usted ve cosas sucias donde sea. Y el paciente responde: “¡Usted es el que me las pone enfrente, doctor!”.
PLAYBOY: Dices en una parte del libro que nuestras vidas giran alrededor del sexo y el dinero, pero que al sexo nos enseñaron a tenerle miedo, ¿le tendríamos que temer más al dinero?
RIUS: Pues sí, pero como mucha gente depende de él, respetamos más al dinero. Una de las intenciones del libro es hacerle ver a la gente que nos han maleducado con respecto al sexo por hacernos ver que es algo sucio, que caemos en el pecado y ofendemos a Dios si lo hacemos. Es muy difícil librar a la gente de esos prejuicios, que acepte que el sexo es algo alegre y muy bonito, que se puede llevar a cabo sin temor de lo que vaya a pensar el señor cura.
PLAYBOY: Tengo otro reclamo: ¿por qué lo lanzaste hasta ahora y no cuando los represores del sexo eran más jóvenes y podías influir en ellos?
RIUS: (Risas) ¡Pues es que hasta ahora se me ocurrió! Sucede que cayeron en mis manos unos textos que hizo la SEP dizque para impartir educación sexual, pero era tan fríos y técnicos como los manuales que te explican dónde apretarle a una aspiradora para que funcione. A quienes los hicieron se les olvidó la cosa más importante, que es el amor en el sexo. Eso nunca lo sacaron a relucir.
PLAYBOY: De hecho, ahora que lo mencionas, nunca imaginé que en uno de tus libros me iba a encontrar un esquema tan técnico como el que dibujaste de los genitales.
RIUS: Medio lo dibujé, en realidad está calcado de una copia de ese manual de educación sexual de la SEP, pero yo quise hacerlo más atrevido. Nunca vi un manual de educación sexual con dibujos como los que me metí. Se van a calentar muy fácilmente quienes lo lean.
PLAYBOY: Y nos vas a quitar el trabajo.
RIUS: (Risas) Igual.
PLAYBOY: Entonces los manuales oficiales de educación sexual cuando menos sirven como mal ejemplo. Como lo que no debe hacerse.
RIUS: En mis libros, siempre trato de buscar los dos puntos de vista, el oficial y el heterodoxo, el que está en contra. Y ahora no fue la excepción: busqué la postura oficial y también otro tipo de libros.
PLAYBOY: ¿Cuántas veces has leído la Bilblia?
RIUS: ¡Híjole, completa ni una! No creo que ni los “testículos” de Jehová la hayan leído completa. Aprendérsela es una cosa espantosa. Hice un libro sobre la Biblia y tuve que leerla para saber por qué es el único libro donde hablan de Dios. No existe otro donde digan que Dios creó el Universo. Toda la humanidad se basa en un libro totalmente falso, lleno de mentiras, cuentos y falsedades.
PLAYBOY: Y dices en tu libro que las escenas sexuales más perversas, sucias y libidinosas están contenidas en esa misma Biblia.
RIUS: Sí, es un contra sentido, una cosa casi esquizofrénica. En la Biblia encuentra uno de los mejores ejemplos de comportamiento sexual que asustan a los mismos intérpretes de esa Biblia. Dicen que está mal, que el sexo sólo debe servir para tener niños, pero se les olvida que de vez en cuando también lo usamos para hacer pipí.
PLAYBOY: En los tiempos actuales hay que ser muy políticamente correcto, ¿crees que el libro peque de sexista cuando dices que la mujer se aprovecha de lo que los hombres estamos dispuestos a hacer por sexo?
RIUS: ¿Y eso es sexista? Entonces que las acusen a ellas de sexistas, ¿por qué siempre se acusa a los hombres? Es muy raro encontrar a un hombre que le sea físicamente atractivo a las mujeres, ellas siempre nos ven primero la billetera. El atractivo del cuerpo humano está del lado de la mujer, indudablemente. ¿Quién no ve un buen culito, como dirían los españoles, y se excita? Es parte de la naturaleza humana. Cuando uno insiste en mostrar la belleza, como en Playboy… entonces lo acusan de sexista y tienen razón. Playboy se hizo para incitar al caballero al acto sexual y para ello presenta bellísimas mujeres. Ahí te va una anécdota: cuando fui a Chile después de que botaron a Pinochet, visité la Isla negra donde vivía Neruda y estuve pajareando por toda la casa viendo cosas bellísimas, lo que él coleccionaba. Entonces tuve que ir al baño y por dentro, la puerta estaba tapizada con recortes de Playboy. Así que Neruda era fiel lector, cuando menos “veedor”, de Playboy.
PLAYBOY: ¿Entonces no temes a las feministas?
RIUS: Son demasiado rigurosas con sus juicios, son capaces de encontrar algo sexista hasta en sus propios libros. Y qué bueno, porque a lo mejor eso hace que el libro circule más, que digan que es sexista (risas) y ya de paso, que tomen en cuenta alguna de las cosas que digo para hacer más placentero el sexo.
PLAYBOY: En otra parte del libro dices que el sexo anal te parece que sobaja a la mujer.
RIUS: Sí… es una postura casi animal. Siento que rebaja a la mujer al papel de objeto sexual. Casi todos los animalitos lo hacen así. Además, a mí no me gusta usar condón. Y nunca en mi vida he hecho el sexo anal. Me parece que es peligroso.
PLAYBOY: ¿De perrito, tampoco?
RIUS: Siempre y cuando se trate de ingreso a la vagina. Es que por el ano se está entrando por donde se defeca y no lo entiendo.

Fotografía Miguel Ángel Manrique @Mann_fotografo

PLAYBOY: ¿No te gusta usar condón, pero recomiendas en tu libro que lo usemos?
RIUS: Es que una de sus funciones principales es la de no embarazar a la mujer, pero como yo ya me hice la vasectomía no corro ese peligro. Pero el uso del condón es muy recomendable en estos tiempos porque hay demasiado contacto sexual, ahora las mujeres también andan de flor en flor. Hay mucha promiscuidad y muchos problemas a raíz de la revolución sexual, se hizo una especie de libertinaje. Como lo abanderaron los gringos, convirtieron al sexo en un deporte. Si uno ve a los spring breakers que llegan a las playas de México, ellos no cogen por amor, sólo lo hacen para romper su récord. Lo hacen para decir: me eché 26 palitos en Mazatlán.
PLAYBOY: ¿Pero a poco los griegos sólo se acostaban por amor?
RIUS: Bueno, no me consta (risas). Creo que se daba de todo, pero había otros conceptos. Es que los gringos lo echan todo a perder, lo acorrientan. Es el único país que llegó a la civilización sin pasar por la cultura. Todo lo abaratan, como el mundo musical, que lo hicieron tan corriente.
PLAYBOY: ¿A poco no te gustaría que llevaran tus monitos a Hollywood?
RIUS: ¡No! Me hubiera gustado que los llevaran a Praga. Ahí había unos estudios de animación increíbles. Algunos de los que trabajaban allá se vinieron a Hollywood, los que hacían Mr. Magoo, los United Productions of America. Me han hecho propuestas de llevar los Súper Machos a dibujos animados, pero no me interesa.
PLAYBOY: Si uno compara los dibujos de tus primeros libros con el más reciente, no han cambiado en nada. ¿Tampoco cambia tu método de trabajo?
RIUS: En nada, las editoriales me critican mucho porque les llevo los originales como antes, a la antigüita, con su prueba de colores. No sé ni siquiera usar la computadora, yo uso otros libros. Pero en este libro los ojos ya no me dejaron dibujar. Me lagrimean mucho. Por eso casi no hay dibujos míos, uno que otro monito por ahí. Ya no puedo dibujar bien… ¡bueno, nunca he podido! (Risas) Entonces me traigo monitos de antes, por ejemplo de Los agachados. O recurro a los dibujos ajenos: ¡Aquí puse uno de Fontanarrosa! Cuando puedo, los copio o los escaneo, incluso si salen bien las fotocopias, ¡a fusilar se ha dicho!
PLAYBOY: Bueno, no es un fusil porque a todos les pones su crédito.
RIUS: Además, en muchos de los dibujos que utilizo ya pasaron los cien años desde su creación y ya se puede hacer uso indebido de ellos.
PLAYBOY: ¿Te duele ya no poder dibujar como antes por culpa de tus ojos?
RIUS: Sí, pero lo tomo como pretexto, porque tengo 60 años trabajando en esto y me quiero jubilar. Ya hice más de 100 libros y éste puede ser el último, ¡no me pueden decir que he estado de huevón!
PLAYBOY: Pero no será el último. Eso dices siempre.
RIUS: Sí, siempre digo que será el penúltimo (risas). Pero si me cae un tema que me apasione, lo haré.
PLAYBOY: Tus libros los han leído cuatro, quizá hasta cinco generaciones. Uno pudiera pensar que eres inmortal.
RIUS: Pues eso pensé yo de Monsiváis (Risas). Con el tiempo te das cuenta de que no. Te vuelves inmortal porque cuando yo me muera, mis libros seguirán ahí y quizá se sigan vendiendo.
PLAYBOY: Trabajaste en una funeraria. ¿Eso te sensibilizó respecto a la muerte?
RIUS: Mucho, porque me hizo ver que la muerte no sólo era inevitable, sino que en muchos casos se convertía en una farsa. Llegaban las viudas llorando, pero sólo iban a ver qué les dejaba el muerto. Con la muerte se presentaba la verdadera personalidad de mucha gente. Una vez llegó un señor a pagar su propio entierro y a los tres días, llegó el mismo señor a decir: “voy a hacer uso de mi servicio, pero para mi hijo”. Y uno se enteraba de políticos o gente del medio artístico que se morían en un hotelito de paso junto a alguien que no era su esposa. Y ahí teníamos que ir a recogerlos, sobre todo fuimos por mucha gente del cine, para llevarlas después a un sanatorio y hacer la faramalla de que se habían enfermado. Gayosso fue para mí como la Universidad porque junto a la funeraria, atrás de Bellas Artes, estaba la librería de usado más famosa de México, donde concurrían Juan Rulfo, Carlos Fuentes o Monsiváis, a surtirse de libros. El propietario era Duarte, un refugiado español. Pregúntale a José Agustín o José de la Colina por él. Ahí aprendí a leer, por recomendación de Polo. Yo acababa de salir del Seminario y no tenía la más puñetera idea de qué leer.

Fotografía Miguel Ángel Manrique @Mann_fotografo

PLAYBOY: ¿Por qué te regañaban más en la escuela: por hacer dibujitos o por no creer en Dios?
RIUS: Por rebelde, porque casi no hacía dibujitos. Empecé a dibujar en el Seminario, pero hacía babosadas: florecitas y adornitos. Descomponía las letras, pero nunca pensé en hacer caricaturas.
PLAYBOY: ¿Entonces eras creyente?  
RIUS: Había dejado de serlo. Salí del Seminario con muchas dudas. Y en cuanto leí la Biblia dije: yo no puedo creer en estas tarugadas.
PLAYBOY: ¿Qué sentías cuando tomabas la Comunión?
RIUS: Estaba tan escuincle y te lavan el cerebro de tal forma que llegas a creer que estás camino a la santidad. Que puedes llegar a salvar las almas de mucha gente, pero cuando ves la realidad, como viven los curas, dejas de lado la fe.
PLAYBOY: Pronto cumplirás 80 años y si en una de esas, Dios sí existe, ¿qué le dirías?
RIUS: ¡Qué mal servicio de noticias tienes! Si así es como te das a conocer… ¡qué mala publicidad tienes! No es normal. Si yo me establezco como Dios y quiero establecer mi ley en todo el planeta, lo primero que debo hacer es dar a conocer claramente mis objetivos a los atarantados que están en la Tierra. Pésimo departamento de relaciones públicas.
PLAYBOY: Estamos hablando de la muerte y en tu libro explicas que al orgasmo se le conoce como La muerte chiquita porque el corazón se detiene un segundo cuando sucede. ¿Estás satisfecho con la cantidad de muertes chiquitas que has tenido?
RIUS: A veces uno llega a desear que la muerte lo sorprenda como a las tortugas, encima de la pareja. Pero ¿qué tal que no es la propia? A estas alturas me considero más allá del bien y el mal, me conformo con poco. El sexo se vuelve rutinario. Se necesita mucha imaginación para, a estas alturas de mi vida, practicar el coito. Ya no le hallo mucho chiste.
PLAYBOY: Dices de la homosexualidad -en tu libro- que lo normal es que a un hombre que no le gusten las mujeres le guste otro hombre y que a la mujer que no les gustan los hombres le guste otra mujer, pero continuamente haces hincapié en que el coito es la relación entre un hombre y una mujer, ¿no será que tienes alguno de esos prejuicios de los que tanto te quejas?
RIUS: Sí, Monsiváis siempre me hizo ver eso de mi trabajo, que tenía tendencias a caer en el Stalinismo y a burlarme de los homosexuales. Pero no me doy cuenta. Estoy tan acostumbrado a esta cultura de homofobia que no me doy cuenta que estoy cometiendo una falta a los derechos humanos. Pero siempre he tenido muy buenos amigos homosexuales que afortunadamente nunca me han echado los perros (risas).
PLAYBOY: En tu libro le declaras la guerra a la televisión, ¿no tienes ningún pecadillo por ahí, un programa que sí te guste ver?
RIUS: Tengo televisión de paga y hay tres canales que me parecen extraordinarios: Film & Arts, muy buenas películas; Europa Europa, de puras películas europeas y I-sat también me gusta. Pero el resto, de veras, fuera de uno que otra película, es una mierda.
PLAYBOY: ¿Tenemos el Presidente que San Garabato de las Tunas (el pueblo que inventó en Los Supermachos) merece?
RIUS: ¡No, en San Garabato él perdió las elecciones! Ya llevamos dos fraudes al hilo, ya no aguanto un tercero.
PLAYBOY: Eres vegetariano, ¿cuándo fue la última vez que te echaste un taquito?
RIUS: ¿Con quién? (risas) Ayer, pero no eran de carne, sino de setas y calabacitas. De carne hace como 40 años que no pruebo. Tengo una hija de 16 años que en su vida ha probado una pizca de carne y la ves y está muy bonita, muy inteligente. He demostrado que no se necesita la carne, excepto la de quinceañera.
PLAYBOY: Si tienes casi 80 años y una hija de 16, entonces no hace tanto que le perdiste el gusto al coito.
RIUS: (Risas) No, pero no lo publiques. La comida vegetariana es el mejor afrodisíaco.
PLAYBOY: ¿Y dibujar, es afrodisíaco para las mujeres?
RIUS: No lo había visto así, pero me ha ido bien. No me quejo.