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jueves, 23 de febrero de 2017

Quequé El derecho de ofender

El humorista español inaugura este viernes y sábado un ciclo de stand up comedy de lujo en el Hotel Four Points.

Cartel 1

Por Arturo J. Flores

Héctor de Miguel es un humorista español que inaugurará este noche el ciclo de stand up comedy de su país en México. La sede será el hotel Four Points de la Ciudad de México, que este viernes 1 y sábado de 2 abril lo alojará con la encomienda de hacernos morir de risa. Con ese pretexto, tuvimos la siguiente charla.

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En España existe la monarquía y en ella, los bufones tenían un papel deteminante, ¿te ves a ti mismo como un bufón moderno en la monarquía?

En España nos gustan mucho cosas medievales y ahí las dejamos para que las vengan a ver los turistas. La monarquía es una de ellas. La figura del bufón me encanta porque le tocaba los huevos al rey hasta que éste se cansaba y le cortaba la cabeza. Como ahora ya no nos pueden cortar a cabeza, nos hacen otras cosas. Nos echarnos encima a Hacienda, por ejemplo.

¿Te atemoriza que tus chistes con caigan con fuerza, por los referentes españoles que pudieras utilizar?

Me genera algo de inquietud. El humor está sujeto al lenguaje, pero intentaré hacer lo mío lo más universal posible. Al final, los temas de los que hablo son generales, como la vida en pareja, así que sólo trataré de sustituir los localismos de España por los de aquí.

Te he visto mucho en El Club de la Comedia. Siempre cuelas algún tipo de crítica en tus rutinas, ¿el humor es también un vehículo de protesta?

Sí lo es, aunque no es obligatorio. Pero el humor siempre lleva una crítica. Hasta en el chiste más blanco siempre hay alguien que sufre. A mí me gusta eso. Empiezo hablando de un perro y acabo hablando de política. El humor sirve para molestar y reírte de quien tiene el poder. ¡Ese es el poder del humor!

Vivimos tiempos de corrección política en los que está mal reírse de muchas cosas y personas, ¿qué tan correcto tratas de ser?

Nada. La corrección política es un arma de doble filo. En España está en boga la corrección, todo lo que uno dice ofende a un sector social. Lo que deberíamos regular es el derecho a la ofensa, a que no todo el mundo pueda sentirse ofendido.

En una de tus líneas dices que si llegas solo a un bar las mujeres pensarán que eres el típico fracasado y los hombres, el típico homosexual. ¿Líneas así no te han ganado enemistades?

Por eso los cómicos debemos escribir sin miedo. Cuando yo digo esa línea, ninguno de mis amigos homosexuales en España se ofende; sólo se ofenden los extraños, los que se sienten con derecho a ofenderse. Cuando digo eso, el que en realidad queda mal soy yo, porque quedo como el típico Cromañón macho. Pero creer que ofendo a los gays es buscarle tres pies al gato, quitarle a la comedia lo que la hace tan divertida, ese ingrediente animal.

¿Qué tanto ignoras a tu pequeño autocensor a la hora de escribir?

Es difícil hacerlo, pero también hay que diferenciar cuando se escribe para televisión, por ejemplo, o para una sala adonde la gente acude voluntariamente a verme. En España, yo sé que para el Club de la Comedia tengo grabar versiones light de mis monólogos.

¿Has dicho el remate equivocado en un lugar inadecuado?

Nada grave, nunca me han denunciado.

A diferencia de los músicos o los cineastas, a quienes Internet les ha mellado su ganancia económica por la piratería, a los humoristas les funciona como herramienta de promoción. La gente quiere ir a verlos después de darle clic a los videos de YouTube.

Es una maravilla, seguro que cualquier cómico que no lo haya vivido, hubiera firmado con YouTube. ¡A Shakespeare y a Cervantes les hubiera encantado tener YouTube! Aunque a veces pienso: si ya tengo 500,000 visitas en un vídeo, YouTube ya me podría dar algo. Pero ese día llegará, porque arde o temprano todo se regula. Pero tampoco soy hipócrita: yo prefiero estar en YouTube que no estar.

Netflix está subiendo muchos shows a su base de datos, ¿lo encuentras positivo?

Nos viene excelente a los cómicos. Hace unos meses acaba de llegar Netflix a España y tiene la intención de grabar rutinas de stand up. Para nosotros es una oportunidad de decir cosas que en televisión abierta sería imposible y una entrada de dinero extra. ¡Fabuloso!

¿Siempre quisiste hacer stand up comedy o en algún momento te llamó contar chistes?

No sé contar chistes, pero siempre me ha encantado la comedia. Encuentro placer, desde pequeño, en hacer reír a los demás. Pero mi gusto por escribir me llevó al stand up comedy. Si me pides que te cuente un chiste no sé ninguno.

En México algunas personas no distinguen aún entre un cuenta chistes y un stand up comedy.

Pasó en España también. El boom que tiene México de stand up comedy lo tuvimos hace unos años en mi país y pasó lo que aquí. La gente iba a vernos pensando que éramos cuenta chistes. Pero tarde o temprano la gente termina entendiendo. La televisión y Youtube han ayudado a distinguir la diferencia entre contar un chiste y hacer stand up comedy.

¿Qué papel juega la verdad en tu comedia?

Cojo historias que me han pasado, las exagero y deformo hasta que quedan graciosas. Así son mis monólogos. La realidad para los standoperos es la fuente de inspiración. Si me subo al metro, traigo los auriculares sin música. En realidad vengo oyendo a la gente que es la que me da material para escribir.

¿Qué pasa cuando la risa no llega?

La angustia permanente del comediante es que la gente no se ría. Todos tenemos esa pesadilla y es tremendo.

¿Has sufrido un robo de chistes? En México es común en el mundo del stand up. Tus rutinas terminan en voz de alguien más.

Si me lo han hecho no soy consciente, pero me gustaría. Si te roban es que tienes éxito. Si quieren mis chistes ahí están, tómenlos.

¿A ti quién te hace reír?

Los políticos principalmente. Son nuestra gran competencia involuntaria. Pero en cuestión de comedia me decanto por el norte. Los maestros del stand up son los yanquis. Louis CK me gusta mucho.